EL FIN DEL FIN DEL MUNDO
Se dice, se rumora, se anuncia, se predice, que hoy, 22 de diciembre, se acabará el mundo. Y me levanto, alarmado; corro para ver a mi esposa y preguntarle, si en verdad es cierto que el mundo se acaba, entonces ella me abraza y me besa, diciéndome, por si no te vuelvo a ver. Eso de andar en una oficina en el día en que se acaba el mundo, es algo muy preocupante; qué tal si el mundo se acaba y muero enterrado, entre documentos, archivos y expedientes; qué tal si el mundo se acaba y no tuve oportunidad de vivir, cada momento de la vida; sin alcohol, un buen baile y un momento placentero; de no ser perdonado por mis errores y de saber perdonar, a quienes me ofendieron y dañaron. Qué tal si me muero y no termine de revisar esa tesis o de determinar ese expediente que tanto me ocupa. Que afán de San Juan, de San Malaquías, Michel de Nostradamus y de Rasputin, de anunciar que se acabaría el mundo, en qué momento se le ocurrieron los mayas, la fecha, el día y la hor...