DIAZ ORDAZ Y EL CHIMPACE
La libertad de expresión era un derecho garantizado por el Estado. Para ello el régimen contaba con una empresa paraestatal como PIPSA que les dotaba a los empresarios de los medios de comunicación, de suficiente papel, a precios subsidiados, a veces a crédito, sin jamás pagarle. A esta ayuda, el gobierno concedía otro tipo de “apoyos”, como lo era la publicidad oficial, entre ellos la Cartelera de Cines, como la Lotería Nacional; sin olvidar desde luego algunas notas que uno que otro político “encargaban”. Fue así, como surgieron verdaderos emporios de la prensa escrita en nuestro país: El Universal, El Excélsior, Novedades, El Heraldo, La Prensa, El Día y el Gran Diario de Mexico. Sobre este último, el Director de dicho periódico, Federico Bracamontes, enfrentaba un litigio con varios de sus trabajadores, organizados estos en un sindicato, que amenazaban con hacerle una huelga y a quienes consideraba este, como “subversivos” al “régimen de la Revolución”. El...