viernes, 30 de agosto de 2019

EL 68 EN LA TEORIA DE LA CONJURA INTERNACIONAL


La Teoría de la Conjura Internacional no era nada descabellada. La evidencia de intervención de agentes americanos, nazis y soviéticos, en territorio nacional, era un secreto fielmente custodiados por las personas del régimen; solamente quienes prestaban sus servicios en la poderosa Secretaria de Gobernación lo sabían.

Durante los años de la guerra mundial, apenas no más de treinta años, Adolf Hitler lanzó la operación “León Marino” contra Iglaterra, ello con el objeto de conquistar a Europa occidental. Para hacerlo, era necesario anticiparse, a la ayuda militar, financiera, material y logística que podría recibir la isla de otras naciones, principalmente de los Estados Unidos de América. El pais, donde los nazis podía operar una base de inteligencia que espiara a los americanos, sin incurrir en tantos riesgos, sería desde luego en México.

La base de espionaje en Mexico, se instalaría en la calle de Donato Guerra 14 A de la Ciudad de México, al mando de George Nicolaus, ex militar Alemán disfrazado este de gerente banquero colombiano, capacitado en el uso de químicos explosivos, señales telegráficas y uso de tintas secretas; la cobertura sería para todo el continente americano y tendría como primera misión, espiar la flota naval americana, así de como de ser el caso, implementar desde ahí medidas de sabotaje.

La comunicación que se daba desde Mexico hasta Alemania, era a través de “Microdots”, una técnica que consistía en fotografiar documentos y reducirlos a menos de un milímetro de diámetro, para enviarlas en cartas o postales, las cuales se incrustaban en el tilde de la letra “i” minúscula o “j” de los textos de dicha correspondencia. Cuando la comunicación resultara urgente, está se enviaría desde un rancho de Coatepec Veracruz en señales de radio con destino a Portugal.

La oficina de espionaje en Mexico amplió su red con agentes especiales en Tampico y en los Estados Unidos, que permitieron a la postre reconocer, el itinerario de buques mercantes y petroleros americanos, así como la fabricación de armamento, tecnología militar, mascarillas de gas y hasta informes de la construcción de pistas aéreas.

Entre las agentes de la red nazi en Mexico, destacaba la actriz Hilda Kruger, una rubia exuberante que había tenido amoríos con el mismísimo Joseph Goebbels Ministro de Propaganda de Adolf Hitler; actriz en Hollywood y también en Mexico, donde su trabajo de espía fue tan eficiente, que terminó siendo amante del Secretario de Gobernación y posterior Presidente de la República Miguel Alemán Valdez.
Los trabajos de espionaje nazi en Mexico fueron eficaces, que permitieron desde Panamá la transportación del petróleo y mercurio mexicano a la industria militar nazi. Estallando finalmente la amenaza de guerra, cuando buques petroleros mexicanos fueran hundidos por submarinos presuntamente alemanes, lo que hizo también, que Mexico rompiera relaciones con Alemania y se sumaran a las naciones aliadas en la guerra mundial, contra las potencias del eje.

Por otro lado, tampoco era ningún secreto la intromisión del espionaje sovietico en Mexico, a través de la “Operación Pato”, quien en 1940, a través de los agentes Leonidas Eitingon, primero por conducto del muralista David Alfaro Siqueiros y después por Caridad Mercader y su hijo Ramón Mercader, alias “Jacques Monard”, tuvieron como objeto, por instrucciones del Camarada Iosof Stalin, asesinar a Leon Trotsky; misión que tras un intento fallido, culminaría exitosamente. Después desde Moscú, operando a través de los emigrantes españoles en Mexico, miembros del Partido Comunista, con el apoyo también de espías mexicanos, entre los que figuraba el poderoso líder sindical Vicente Lombardo Toledano, llevarían a cabo la “Operación Gnomo”, la que tenía como objetivo, la fuga de Mercader del Penal de Lecumberri. Intento que fracasó gracias a la oportuna intervención del contraespionaje mexicano o al cambio de intereses de los sovieticos, quienes cambiaron de prioridades y enfocaron su aparato de espionaje en el “Proyecto Enormous”, es decir, en la creación de una bomba de uranio, cuyos efectos serían sumamente destructivos.

Proyecto que finalmente se adelantaron los Estados Unidos, cuando lograron desarrollar la “Bomba Atómica” que al final sería utilizada por los Estados Unidos de América, arma que fue lanzada en Hiroshima y Nagasaki Japón. Iniciándose con ello, la posibilidad de futuras guerras nucleares.

Todos estos secretos lo sabían muy bien tanto Gustavo Díaz Ordaz, como su fiel colaborador Luis Echeverría Álvarez. Desde ese lugar, en las oficinas de Bucareli, con el apoyo del Capitán Fernando Gutiérrez Barrios, se conocía con precisión la importancia geográfica de Mexico, para los preparativos de lo que sería la Tercera Guerra Mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Para variar, Mexico ocupaba un sitio estratégico en esa conjura internacional.

¡La paranoia estaba fundada!. Eran hechos recientes y existían fuentes confiables que así lo aseveraban. Lo sabían ellos, pero lo desconocían todos.

La peor crisis mundial se había dado recientemente en la Isla de Cuba, con motivo de la instalación de misiles en la isla apuntando a territorio estadounidense. El joven jefe de Estado Cubano Fidel Castro, había sido asilado en Mexico, donde había podido reclutar su guerrilla, recibido entrenamiento militar de los exiliados españoles y donde con apoyo y complicidad de autoridades mexicanas, así como de personajes públicos como Lázaro Cárdenas, el expresidente de Mexico, habían zarpado de Tuxpan Veracruz con destino a Cuba, para implementar en dicha isla, lo que sería la primera Revolución (Socialista) en todo el continente Americano. El incidente “de los misiles”, que provocó la movilización de buques de guerra tanto americanos como sovieticos, puso en riesgo al mundo, con la Tercera (y ultima) Guerra Mundial.

Recientemente el servicio del contraespionaje mexicano, para vergüenza de los Estados Unidos había fracasado, cuando Lee Harvey Oswald, había visitado a Mexico, para entrevistarse con personal de la KGB en la embajada sovietica en la Ciudad de Mexico, seguramente con la intención perversa de planear el asesinato del Presidente John F. Kennedy. Hecho que lamentablemente ocurrió en noviembre de 1963.

¡En México se pudo haber detectado esa operación!.

Ahora el temor era que se planeara en Mexico, la revolución socialista, a través de las revueltas estudiantiles, como estaba ocurriendo en varias partes del mundo: Estados Unidos, Francia y hasta en Checoslovaquia y China. ¡Era evidente!. El movimiento estudiantil de 1968 se esperaría en 1968 y no en otro año. Era una profecía que debía cumplirse, porque desde las oficinas de Bucareli, comenzó a fraguarse. 

miércoles, 28 de agosto de 2019

FUTBOL, EL ESTADIO AZTECA Y UN PRESIDENTE MAL ENCARADO


La construcción del Estadio Olímpico y las rivalidades entre las dos instituciones académicas del país, Politécnico y Universidad, encontraron en el deporte, principalmente en el futbol americano, su espacio de combate, polarización y obviamente, de desmadre. Eran finales de los años treinta e inicios de los cuarenta, cuando la Liga Mayor de Futbol Americano, comenzó adquirir popularidad los partidos entre las selecciones de la Universidad Nacional y el Instituto Politécnico.

No fue nada planeado, ninguna mente perversa estuvo detrás de este cambio, la aparición del radio, el cine, la moda, la música, fueron los factores externos que lograron que esa Universidad Nacional, se “descatolizara” y se volviera, además de un recinto de estudios profesionales, en una catedral del desmadre.

Quizás no fue el propósito de Emilio Azcárraga Vidaurreta, empresario hijo de emigrantes españoles, dedicado a la venta de automóviles y posteriormente, en concesionario de la radiofusora XEW; no es que la música “popular” dejará de ser sacra y se convirtiera en expresión plebeya de los sentimientos pecaminosos; tampoco fue la aparición del cine mexicano, inspirada en las grandes estrellas cinematográficos de Hollywood, ni tampoco la presión gubernamental de corromper el sindicato independiente de actores de la industria cinematográfico liderados por Jorge Negrete, a través de un líder esquirol, de gran arrastre popular como era Mario Moreno “Cantinflas”; no fue que llegara el Buggy Buggy, el Chachacha, o Dámaso Pérez Prado con todo “mambo”, así como el twis y el rock and roll; simplemente fueron los cambios en la forma de hablar, de vestir, bailar, de pensar; la Iglesia Católica no se modernizo, se estancó en su visión conservadora, no entendió las nuevas formas de liberar a la sociedad, no entendió que la juventud universitaria, prefería ya mil veces, irse a bailar con los amigos, que ir a misa con los padres.

Algunos filmes, son reflejo de esa transición de identidad universitaria y politécnica; actores populares como la pareja de Freddy Fernández “el Pichi” y Evita Muñoz “Chachita”, la doblista y cantante Evangelina Elizondo, el comediante Germán Valdes "Tin-Tan", el cómico bailarín Adalberto Martínez “Resortes” y hasta el clavadista y medallista olímpico Joaquín Capilla Pérez; personificaron todos ellos, aquel México posrevolucionario e industrial, en el cual, sin haberse propuesto el gobierno priísta de Alemán Valdes, comenzó a reducir los bastiones de las juventudes católicas, para sustituirlas, por las “porras” universitarias.

Fue dentro de esa coyuntura social, que el joven empresario Emilio Azcárraga Milmor En asociación con Guillermo Cañedo, habían tomado la decisión de construir sobre aquellos terrenos ejidales de Tlalpan, el “Coloso de Santa Ursula”, el Estadio de fútbol más grande del mundo, donde más de cien mil espectadores pudieran ver los partidos sentados, sin necesidad de pararse, tal como ocurría con el Estadio de Maracaná en Brasil; un monumento al fútbol mexicano, el “Estadio Azteca”, una obra que se sumaría a la infraestructura deportiva tanto de la olimpiada del 68, como del campeonato mundial de fútbol del 70. La magna obra sería diseñada y ejecutada, por el prestigioso arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y el equipo de fútbol que albergaría, serían los “millonarios del América”.

Así pues, mientras en el ambiente universitario el desmadre era entre los partidos de fútbol americano, al ritmo del chachachá, el twist y el rock and roll; en la Ciudad de México y en Guadalajara, se gestaba entre las clases populares el “clásico y de fútbol”, el campeonisimo Chivas rayadas del Guadalajara, contra los millonarios del America, este último bajo la dirección del ex futbolista y líder de opinión Fernando Marcos, equipo de fútbol popular nacido en la colonia Santa María la Ribera en la Ciudad de México, que brincó a la fama, tras haber sido un equipo perdedor al bordo del descenso y sin embargo, haberle ganado al “campeonísimo Guadalajara”, dicha hazaña le valió para ser adquirido por la familia Azcarraga.

El día que se inauguró el Estadio Azteca, el Presidente Gustavo Díaz Ordaz llegó tarde al partido de futbol, lo que provocó de manera espontánea, una rechifla del público asistente. ¡Un insulto a la institución presidencial!

El Presidente molesto, contra el Jefe del Departamento del Distrito Federal Ernesto Uruchurtu, por no haber impedido o prevenido esa rechifla que atentaba contra su imagen presidencial, pretextando un desalojo violento que los policías habían hecho sobre un grupo de invasores de terrenos, decidió cesarlo.


Al Presidente nadie lo insulta ..... ni aún, los funcionarios públicos de mayor prestigio en la administración pública federal, llámense como se llamen y hayan gobernado con mano de hierro, la capital de la República.

Pero mientras el empresario Azcárraga comenzaba a recuperar su millonario inversión, del otro lado, el pueblo y los estudiantes, eran libres para gritar en partidos de fútbol y también libres, muy libres, para mentarle la madre a quien quisiera.

Decir a todo pulmón: ¡Chinga a tu madre Diaz Ordaz!. 

lunes, 26 de agosto de 2019

UN PERIODISTA (YUCATECO) MISTERIOSO


Mario R. Menéndez Rodríguez originario de Yucatán, empezó su carrera periodística en 1958, emigró a la Ciudad de México en 1963, donde colaboró en diversos medios, entre ellos la Revista Sucesos, del cual llegó a ser su Director. Durante su estancia en dicho periodismo, se dedicaba elogiar al Presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz.

Quizás por eso, en 1966 fue invitado por el Presidente de la República para cubrir la visita de éste, en su gira a la República de Guatemala. Eran los tiempos en que la oficina de la presidencia, pagaba a la prensa y hasta el sueldo de los periodistas, a través de “salarios” no reconocidos oficialmente, llamados “chayotes”, mediante los cuales se les “estimulaba” a reporteros, periodistas, “columnistas críticos” y hasta intelectuales, de esa clase política emergida en el priato.

No solamente, se pagaba la prensa mexicana con los recursos públicos que otorgaba el gobierno priísta revolucionario de aquellos ayeres, pagando publicidad gubernamental, sino también, el régimen se daba el lujo de suministrar el papel a través de su empresa monopólica PIPSA, con el que se editaban todos los diarios, revistas, semanarios y hasta los cuentitos de memin pinguin, que circulaban en los puestecitos de periódicos, distribuidos éstos, a través de una organización cuasi sindical-empresarial, que monopolizaba las plazas y las calles del país e impedía a través de un ejército de golpeadores y “madrinas”, el ejercicio de la prensa libre, para editar, distribuir y comercializar, los periódicos y revistas, que pudieran representar, una crítica al gobierno.

Fue así que el periodista yucateco Mario Menéndez Rodríguez entendió cuál era su posición dentro del régimen. Ser un lacayo del sistema y hacer cualquier nota, respecto a las obras y discursos demagogos pseudorevolucionarios, que encabezara el Ciudadano Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y de su camada de fieles súbditos, todos ellos pertenecientes, al Partido Revolucionario Institucional.

Pero algo le paso al periodista yucateco que lo haría cambiar de postura.

Quizás fue ese viaje, el que hizo pensar a Mario Menéndez, el sentido de su vida. No solamente acompaño al Presidente Díaz Ordaz a su gira por Guatemala, sino que fue contactado, por el grupo guerrillero de las “Fuerzas Armadas Rebeldes” de ese país. Convivió con ellos en sus campamentos y desde ahí, no solamente entendió, sino vivió la experiencia revolucionaria propuesta por el Comandante Ernesto Guevara, la de focalizar la rebeldía, en “un Vietnam”, “dos, tres, cuatro Vietnams” y los necesarios para liberar América Latina del imperialismo yanqui.

Corría el año de 1966 y Mario Menéndez regresaría a la Ciudad de México, para continuar con los ediciones de la revista Sucesos y contactar desde su posición como Director de dicho semanario, a su amigo, el comunista Víctor Rico Galán, quien lo invitara a formar parte, del Movimiento Revolucionario del Pueblo.

Nada le hubiera gustado al joven periodista, participar activamente en la conformación de dicho grupo, pero lo hacía quizás desde su trinchera, ejerciendo su gran pasión el periodismo, la búsqueda de la noticia o de la verdad. Pero también quizás, el periodista cayó en su propia trampa. Se convirtió de un profesional de la información a todo un activista político o mejor dicho, a un militante guerrillero.

Así pues, a Mario Menéndez le gustaba imaginar que algún día, la revolución socialista estallará en México, pero luego se entristecía, eso parecía imposible. Las conciencias más nacionalistas del siglo XX, habían traicionado los ideales de la revolución mexicana. Vicente Lombardo Toledano y Lázaro Cárdenas del Rio, habían traicionado ambas la causa revolucionaria, al aliarse con la burguesía nacional y haber apoyado la candidatura presidencial del priíista Gustavo Díaz Ordaz.

Era triste reconocer la situación. América Latina se sacudía en la constante rebelión contra los gobiernos autoritarios impuestos por Washington, tal como lo había hecho Cuba; mientras que en México, la clase media, proletaria y campesina, consentían la represión contra médicos, telegrafistas, maestros, ferrocarrileros. Lo peor de todo, votaban por el PRI. El eterno partido político que había llegado para quedarse.

En ese año de 1966, Mario Menéndez Rodríguez, recibió una invitación del Comandante Fidel Castro para visitar la isla. Acudiría al IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, además de participar en los festejos del inicio de la revolución cubana, el célebre asalto del 26 de julio al Cuartel Moncada. Fueron días gratos, más aún, la inolvidable experiencia, de lograr la primera entrevista exclusiva concedido a un latinoamericano con uno de los lideres revolucionarios más importantes del mundo y compartir con él, sus eruditas opiniones, marxistas-leninistas sobre la lucha por el comunismo mundial.

Regresaría muy motivado a la Ciudad de México e inspirado, por los periodistas americanos que alguna vez entrevistaron a Fidel Castro antes del triunfo de la Revolución, fue que se lanzó a Venezuela, a internarse en las montañas de Iracara y entrevistar al Comandante en Jefe, de las fuerzas Armadas de Liberación Nacional, Douglas Bravo. Dos meses convivió en la Sierra, antes de tomar la cual fue su decisión más importante de su vida. Buscar y entrevistar a como diera lugar, al segundo hombre más importante de la América Latina revolucionaria: al Comandante Ernesto Che Guevara.

Convivió con los guerrilleros venezolanos, le señalaron éstos el camino al Departamento de Santander Colombia, donde pudo contactar con el Ejército de Liberación Nacional. Ellos lo llevarían a Bolivía, donde se encontraba en la insurgencia armada en comandante Che Guevara. ¡Era el año de 1967¡.
Mientras eso ocurría, el ELN asentaba fuertes golpes a la burguesía colombiana. Mientras que el periodista Mendendez corría inmediatamente a su hotel Torquemada, ubicado en Bogotá, para dar nota propagandística de la revolución colombiana; hasta que sin haberse dado cuenta, fue seguido y aprehendido por los agentes del servicio secreto colombiano (la DAS), quienes procedieron a interrogar al periodista mexicano, para que diera los nombres, las coordenadas y demás datos y referencias para encontrar a los guerrilleros. La información que proporcionó el periodista mexicano a las autoridades colombianas, lo hizo ver más como un periodista extranjero o un militante guerrillero disfrazado de periodista, como un “infiltrado” de la CIA.

Encarcelado Mario Menéndez, pidió el apoyo del consulado mexicano, quien intervinó para interceder ante el Presidente de Colombia Carlos Lleras Restrepo, para que lo indultara y lo dejará en libertad. Seguramente el Secretario de Relaciones Exteriores Antonio Carrillo Flores, informó de lo anterior, al Secretario de Gobernación Luis Echeverría y éste al Ciudadano Presidente Gustavo Díaz Ordaz. El nombre de este periodista sería clave, para la conspiración internacional que se planearía en contra de México.

Luego de las gestiones diplomáticas del gobierno mexicano, Mario Menéndez fue liberado de las cárceles colombianas y regresaría a México, quedando frustrada su intención de entrevistar al Comandante Ernesto Guevara. Triste fue su sentir, cuando se enteró que al Che Guevara había sido capturado en Bolivia y posteriormente ejecutado.

Sin embargo la revolución tenía que continuar. Durante los días en que fue encarcelando el periodista mexicano, le habían encontrado la cantidad de 20 mil dólares en su habitación de hotel. Quizás eran recursos que días antes la guerrilla disfrazada de “delincuencia común”, habían obtenido tras asaltar un banco; o posiblemente era el pago que la CIA le daba a su agente infiltrado. Fuera una u otra hipótesis, lo cierto es que Mario Menéndez logró juntar “algunos fondos”, quizás algunos préstamos otorgados por el propio gobierno priísta para editar ahora su propia Revista, el Semanario ¿Por qué?. Nada mejor que la técnica priísta de tener a los enemigos cercanos para poderlos controlar; el Secretario de Gobernación Echeverría no tenía la mínima duda sobre la calidad de “espía” Mario Menéndez Rodríguez, o se trataba de un infiltrado del comunismo internacional al servicio de Fidel Castro o bien, se trataba de un Agente de la CIA.

Los trabajos de investigación de la Dirección Federal de Seguridad, daban nota de que el periodista Menéndez, también había estado en Guatemala, Cuba, Venezuela y en Colombia. Se detectó pues que dicho periodista, era realmente un agente secreto del gobierno soviético cubano, pero también existían algunas pequeñas inconsistencias de su misterioso comportamiento, que pareciera que también servía al otro bando, es decir a la CIA, pues la información que había dado a las autoridades colombianas durante los días en que fue encarcelado en ese país, información precisa, sirvieron mucho para que el Ejército Colombiano diera un fuerte golpe a la guerrilla de ese país.

Fuera una u otra cosa, existía la evidencia clara y contundente, de que la conjura contra México, estallaría sin duda alguna, en aquel olímpico año de 1968; y que sería nada menos y nada más, la Revista ¿Por Qué?, su órgano de propaganda y difusión.

La Revista “Porque?”, sería un semanario donde se ejercería un periodismo “crítico” a base de insultos, difamaciones, noticias falsas y sensacionalistas. Un periodismo cuyos lectores podría fácilmente embaucar, pues jugaría directamente con las emociones de coraje, enojo e indignación, más que con la razón y la verdad. Revista que para variar, sería impresa por la Editorial Life, (para variar una empresa estadounidense), con el papel que le suministraba la entidad paraestatal mexicana PIPSA y con una inversión que obraba en las cuentas bancarias del señor Menéndez, de dudosa procedencia, quizás de los recursos obtenidos por asaltos bancarios realizados por la guerrilla colombiana a quien había traicionado o por lo que pagaba la nómina secreta de la CIA. Esa interrogante, solamente la podría contestar el Secretario Luis Echeverría.

La revista aparecería en febrero de aquel 1968 y tendría una circulación demasiada cuantitativa de cientos de miles de ejemplares para poderse adquirir fácilmente en cualquier puesto de periódicos. Así pues, las condiciones estaban dadas para la revuelta de “mayo mexicano”. Luis Echeverría Álvarez le informaba al Presidente, desde antes de que estallara el movimiento, de que los estudiantes de las principales universidades públicas del país, se levantarían casi en armas, en una revuelta popular, financiada, promovida, por el comunismo internacional, cuyo objetivo sería boicotear los próximos Juegos Olímpicos e implementar en Mexico una revolución socialista; movimiento que sería esta difundida, en un pasquín de quinientos mil ejemplares semanales, con fotografías sanguinarias de niños asesinados o soldados analfabetas golpeando a jóvenes estudiantes indefensos; Revista de amarillismo político que alcanzaría el número de ventas que llegó alcanzar la popular Revista Alarma, cuando a través de su “periodismo policiaco” o “nota roja”, dio cuenta pormenorizada del escandaloso caso de las “poquianchis”.

Así pues, el conflicto estudiantil en Mexico sería difundido, ya no por la Revista Alarma, sino por el Semanario Por Que?. El futuro movimiento estudiantil tendría su órgano de agitación, propaganda y difusión; y el periodista Mario Menéndez Rodríguez jugaría un misterioso papel, al servicio de quien le pagará.

Muy posiblemente, al servicio del Secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez.

viernes, 23 de agosto de 2019

EL PACTO CRIMINAL


¿Y donde entran los criminales?. Mejor dicho: ¿Dónde entra lo que hoy conocemos como delincuencia organizada?, o acaso, ¿ya existía la mafia mexicana?. Los criminales de la época, también habían sido cooptados por el régimen de la revolución mexicana, los cuales, no podían tener más líder, o reconocer, mayor capo, que el propio presidente de la Republica. Esa es la verdad. Los criminales mexicanos quienes habían desconocido del gobierno a Venustiano Carranza, a quienes habían asesinado a este, a Emiliano zapata, a Francisco Villa, a Álvaro Obregón; los que habían despojado cientos y hasta miles de hectáreas de tierras, los que atemorizaban a los obreros con expulsarlos de sus fuentes de trabajo, obligándolos afiliarse a su organización y a participar en sus manifestaciones, inclusive a votar a favor por el PRI, esos y nada mas esos, eran los criminales de aquella época; los mismos que robaban elecciones en los ayuntamientos, en los estados y en el país entero, para cometer en los casos urgentes y graves, el fraude electoral.

El Presidente de la Republica, llámese Miguel Alemán Valdez, Adolfo Ruiz Cortinez, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, tuvo que ingeniarse para que México continuara con esa paz y esa prosperidad económica que le generaba el proyecto de nación que habían encontrado y que había que defender, en el mundo hostil y bipolar de la guerra fría. Para ello, era necesario, afianzar los medios de control político, que debían de ser “invisibles”, “ocultos”, “simulados”, que dieran al país, una apariencia e vivir en un régimen de libertades, al más estilo “americano”, con las conquistas sociales, obreras, campesinas y populares, al más estilo socialista.

El gran reto del Jefe de Jefes, del gran Capo de todos los Capos, llamado legalmente Presidente Constitucional, fue diseñar sus propios medios de control social, que le permitieran tener al país en paz, sin revuelta ni revolución, sin guerra, ni intervención americana. El pacto, sería ahora con los criminales, muchos de ellos convertidos en prósperos políticos y empresarios, pero con un pasado criminal de robo, homicidio, despojo y traición.

México hace también su propia central de inteligencia, llamada Dirección Federal de Seguridad. Órgano administrativo que rendía cuentas únicamente al Presidente de la Republica y que trabajaría de manera coordinada, con todas las policías del país, las que estaban al servicio del Ministerio Público institución burocrática que investigaba y perseguía los delitos y también, de los ayuntamientos, estados y Distrito Federal, conocidos estos últimos como policías preventivos o de tránsito, quienes preservaban en sus comunidades la paz y el orden público. Pero también, la “policía secreta mexicana” trabajaría con muchos agentes secretos, que jugarían papeles de delincuentes, contrabandistas, traficantes de drogas, lenones, líderes sindicales, golpeadores, porros estudiantes; personas que a su vez, se encontraban coludidas con el Ministerio Publico y quienes tenían la patente, de robar, amedrentar, golpear, asesinar, intimidar, a la población. El pacto criminal, era fácil de entender.

Los criminales no reconocerían mas jefe, que el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, a quien debían pagarle tributo, por concepto de todas las cuotas sindicales y ganancias que se obtenían del tráfico comercial de bienes y servicios prohibidos, como lo era el contrabando y la prostitución, también debían apoyar incondicionalmente, con votos y personas para “acarreos” en mítines y manifestaciones, a favor de los candidatos del Partido Revolucionario Institucional. A cambio de estos, el Presidente se comprometía a “dejar trabajar” a los criminales, en los negocios ilícitos que estos emprendían, señalándolas las rutas, las plazas y horarios en que debían de traficar, los cuales les imponía la prohibición de “vender” en ciertos lugares, imponiéndoles un código de ética, como no pelearse con las otras bandas criminales o no vender determinada mercancía dentro de los límites del territorio nacional, así como trabajar de manera conjunta con la policía mexicana, para entregar aquellos delincuentes que incumplieron con el contrato criminal.

El Gobierno mexicano en el ámbito internacional, abría dos frentes. El primero de ellos, consistiría en que el Presidente constitucional trabajaría de manera secreta y cooperativa con la CIA americana, para detectar, prevenir, reprimir y en su caso, entregar o exterminar a las células de comunistas que amenazaban con cumplimentar los designios soviéticos de exportar su revolución comunista por todo el mundo; respecto a la KGB, no entablaría ningún trato directo, sino que lo haría a través de sus emisarios, sus “hermanos cubanos”, de esa manera clandestina o de “closet”, los funcionarios románticos revolucionarios del régimen priísta, financiaron la revolución cubana, apoyaron desde el territorio nacional, con protección para circular en suelo nacional, a células comunistas provenientes de España, veteranos de la guerra civil de ésta, para el otorgamiento de armas y entrenamiento militar a jóvenes radicales del movimiento 26 de julio, que transitaban y hasta trabajaban libremente por las calles de la Ciudad de México y de las preparatorias y facultades de la gloriosa y siempre imponente, Ciudad Universitaria en México. Siendo estos jóvenes o agentes rusos, sin saber que lo eran, Ernesto Guevara, alías el “Che” y Fidel Castro.

El gobierno mexicano tenía todo bajo su control. Su soberanía no estaba de ninguna forma en riesgo. El pacto con los americanos, seria que México no sería comunista y tan pronto detectara una revolución comunista en su suelo patrio, lo reprimiría hasta exterminarlo. Con los rusos soviéticos, el pacto sería que apoyaría al triunfo de la revolución cubana comunista, con la única condición, de que estos, de ninguna forma, decidieran exportar su revolución en el suelo patrio mexicano que los había apoyado desde el principio. De esa forma, México puso límites frente a Estados Unidos y a la Unión Soviética; frente a los americanos para no intervenir con golpes militares como acostumbraba en Centroamérica y Sudamérica; mientras que frente a los rusos soviéticos, el límite sería que México sería inmune, de la revolución comunista, la cual si podría ser exportada, inclusive apoyada secretamente por los gobiernos priistas revolucionarios a otras regiones de América Latina; pero eso sí, en México no habría necesidad de revolución comunista, en virtud de que ya había tenido su propia revolución social. 

Paradójicamente, el régimen priísta revolucionario e institucional mexicano, frena a las ansias paranoicas de la nación más poderosa del mundo que para sus desgracias geográficas, colinda con esta, para no imponer gobiernos militares como ocurría con América Latina y por la otra parte, reivindicaba su doctrina ideológica revolucionaria, como una forma, de reivindicar su identidad política, social, económica, histórica.

El Presidente y el PRI le dan por lo tanto, verdadera independencia política y económica al país. “La Autodeterminación y la no intervención de los pueblos”, es el postulado de la política internacional mexicana, algo así, como “no te metas conmigo, porque yo no me meto contigo”, ideal por el cual, los gobiernos priistas transitaron por una guerra fría, ajena a los conflictos y riesgos de una tercera guerra mundial, donde la voz de México se haría notar con la propuesta de desarme nuclear y con la organización de una fiesta olímpica internacional, a fin de demostrar al mundo entero, que si existía una tercera opción ideológica, que no fuera la liberal americana o la socialista soviética, que esa opción, la representaba orgullosamente México y de su Partido Revolucionario Institucional.

miércoles, 21 de agosto de 2019

LA CONJURA DE LOS EEUU SOBRE MEXICO. (ANTES DEL 68).


Los servicios de inteligencia y espionaje, siempre han existido. Pero no fue que estos se modernizaron a nivel mundial, con la llegada del Director de la Oficina Federal de investigación (FBI) de los Estados Unidos, John Edgar Hoover.

Hoover ingresó al Departamento de Justicia en el año de 1917, pero no fue hasta 1924, cuando se le designó como director del FBI. Lo primero que hizo, fue limpiar la organización de corruptos, rodeándose de agentes leales y profesionales.

Después llegaría la segunda guerra mundial, cuando la amenaza mundial fueron los nazis, entonces los agentes del FBI se trasladaron a Europa para coadyuvar con los militares, tratando de intervenir la comunicación de las fuerzas enemigas y poder con ello anticipar, las acciones militares por emprender. Esa organización policiaca militar se llamaría la Office of Strategic Services, en el participarían espías de primer nivel como Allen Dulles y Win Scott.

Finalizando la guerra mundial, nacería la Central de Inteligencia Americana, la CIA, cuya principal misión, sería efectuar trabajos de espionaje, sobre los actividades no solamente de los enemigos de la paz, (los comunistas), sino también, hasta de personajes del medio artístico, cultural, político, social de los Estados Unidos y del mundo entero, incluyendo México.

Después Win Scott fue designado delegado de la CIA en Mexico, donde montó su oficina central de espionaje con cobertura en toda América Latina y donde conocería y entablaría una gran amistad, con el expresidente Adolfo López Mateos. Conociendo de igual forma a quienes se desempeñaban como Secretario y Subsecretario de Gobernación, así como Director de la Federal de Investigación, nos referimos a Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y Fernando Gutiérrez Barrios, respectivamente.

Apenas unos veinte años atrás, el ex Presidente de México Miguel Alemán crearía su propia Agencia Central de Investigación en México. Le cambiaría la denominación de Información Política de la Secretaría de Gobernación, de la que él, había sido Secretario en el sexenio anterior, para crear, en forma unilateral y sin fundamento jurídico alguno, la oficina denominada “Dirección Federal de Seguridad”. “La “CIA” mexicana”¡.

La “CIA mexicana” nació en 1946, en el mismo año de la “CIA Americana”. Sin embargo, las diferencias entre una corporación y otra, eran abismales, pues si bien ambas se distinguían por efectuar servicios de espionaje, lo cierto era que ambas corporaciones, la profesionalización y la tecnología que empleaba, era el principal factor que diferenciaba una de la otra. Aunado a que la ”CIA mexicana”, es decir la Dirección Federal de Seguridad, terminó por subordinarse a las políticas y directrices de la Central Intelligence Agency; a través de su Agente secreto y especial en México: insospechadamente, el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos: primero Adolfo López Mateos y después Gustavo Díaz Ordaz; también lo serían altos funcionarios del gobierno mexicano, como Luis Echeverría Álvarez quien se desempeñaba como Secretario de Gobernación y Fernando Gutiérrez Barrios, el Director de la Federal de Seguridad. Lo peor de todo esto, es que recibían pago por sus servicios prestados. ¡Salían muy caros!.

El Embajador estadounidense en Mexico Fulton “Tony” Freeman, con la información que recibía de Win Scott Delegado de la Cia, estaba convencido que “algo” podría “pasarle a Mexico”, la revuelta estudiantil en Mayo ocurrida en Francia podía repetirse, en Mexico; así que en entrevista personal con el Presidente Gustavo Díaz Ordaz, le insinuó que una revuelta estudiantil podía obstaculizar la olimpiada, o lo que fuera peor, derrocar al Presidente.

El Presidente Gustavo Díaz Ordaz, pudo haber entendido la señal como una advertencia que sobre el, caería un “golpe de Estado”, que posiblemente su gobierno, no era bien visto por el Presidente de los Estados Unidos Lyndon B. Johnson. Que seguramente Estados Unidos vería con buenos ojos un gobierno militar, como los que existían en Centroamérica y Sudamérica; quizás veía con malos ojos, el apoyo que daba Mexico al gobierno socialista de Fidel Castro, o quizás, la CIA contaba con información que el no tenía.

El Presidente montó en cólera, llamó a su leal colaborador Luis Echeverría, al igual que al Secretario de la Defensa Nacional el general Marcelino García Barragán, al Jefe del Estado Mayor general Oropeza y al general Alfonso Corona del Rosal Jefe del Departamento del Distrito Federal, para advertirles, que “algo se tramaba contra Mexico”; el Secretario de Gobernación tomó nota de los acuerdos y la idea de conjura internacional era un hecho. La revuelta estudiantil podría estallar en julio. Era cuestión de anticiparse a ella. Los servicios de espionaje debían de funcionar en todo.

lunes, 19 de agosto de 2019

EL PACTO PRI-UNAM


El gobierno por lo tanto, no cesaría en su intención de someter a la Universidad, lo hizo primero a través de los recursos económicos, aceptando restituirle el nombre de Universidad Nacional, lo haría también aprovechando el momento cultural en que el país experimentaba; la difusión de una nueva era de liberación sexual, de baile de danzón, el twis, el rock and roll, vicios y placeres; el ambiente de cabaret con el que colindaba el viejo barrio universitario, ubicado en el Centro Histórico, impregnada de borrachos, gánsteres y prostitutas, sería aprovechado al máximo para distraer a los estudiantes de su formación “cristiana”, para “incitarlos al pecado” y después al desmadre, permitiéndoles a estos, hicieran “novatadas” con los alumnos de recién ingreso, a los que les cortaban el pelo y los paseaban por las calles del centro histórico, tal cuera fueran perros.

La juventud universitaria, a la que años antes se le identificaba por su vocación cívica y católica, enemiga del régimen de los gobiernos priístas revolucionarios, fue cediendo ante la “porra” que eran “alivianados” y menos “persinados”; nada mejor que abaratar los precios de las localidades en el Cine Rio, Venus y Goya, ubicados en el viejo barrio universitario, para que los estudiantes de la preparatoria y de las demás Escuelas de Estudios Profesionales, decidieran “matar clase” e irse de “pinta” al cine, para ver las películas de Lilia Prado, Ninón Sevilla, Pedro Infante, María Antonieta Pons, Cantinflas, Joaquin Pardave, Tintán, así como en género de gansteres o rumberas de un polémico productor y director, de nombre Juan Orol.

“Goya-Goya”, fue la porra popular que vociferaban los estudiantes, encabezados por un estudiante preparatoriano delgado, apodado “Palillo”, por su complexión delgada, quien negociaba con el Cine Goya “boletos gratis” y quien acompañado de algunas de sus novias, aprovechaba la oscuridad del cine, para “cachondear”; de ahí que la porra universitaria, sería ¡Goya-Goya¡….¡Cachun-Cachun¡, agregando “Ra” “Ra”. La Universidad nacional adquiría identidad, como una institución de educación llamada a cumplir su misión histórica y patriótica, de darle sentido ideológico, científico, humanístico y artístico, a la nación revolucionaria, que crecía a tasas económicas, realmente espectaculares. Era el “milagro mexicano”, la industrialización del país, hacía posible, pasar de la sociedad agraria semi feudal, a una sociedad urbana e industrial, donde la ciudad de México crecía, a la misma velocidad de los automóviles.

La construcción de la Ciudad Universitaria, fue el regalo que el régimen corrupto y corruptor de la revolución mexicana, había donado a la Universidad Nacional Autónoma de México. Inmensas hectáreas, donde los arquitectos Mario Pani y Enrique de Moral, jugaban a recrear en los espacios, la gloria de sus ancestros aztecas, mezclada con ese espíritu nacionalista que impregnaba la revolución mexicana.

Quizás por eso el régimen priista, se sentía, no solamente el dueño del país, sino de la Universidad Nacional, pues con ella podía “premiar” a sus maestros otorgándoles privilegios especiales como “aumentos de salarios” o “licencias” para que ya no se molestaran en dar clases, tal como había ocurrido con el Profesor Celestino Porte Petit, quien se desempeñaba como Presidente del Tribunal Superior de Justicia y quien tenía el control académico y judicial punitivo de todo el pais o el “doctor” Alfonso Quiroz Cuarón, el criminólogo que detectaba a los peores criminales del país, quien despachaba cómodamente desde una oficina del Banco de Mexico y que hacía trabajos de investigación de política criminal y policiaca por encargo directo de la mismísima Presidencia de la República o Secretaria de Gobernación; ese control político de la Universidad le servía también al régimen para tramitar los títulos universitarios que a su casta gobernante les faltaba obtener; lo habían hecho años antes con el hijo del expresidente Miguel Alemán que de la noche a la mañana lo habían convertido en Licenciado en Derecho, lo podían hacer con cualquiera otro, ya fuera con los futuros diputados, ministros, presidentes o los hijos de estos, o los hijos de los hijos de estos. Nada ni nadie de la Universidad lo podía impedir, pues el perverso sistema que se había construido por décadas, tenía controlada la Universidad, sino lo era por la Junta de Gobierno que podía designar libremente a los Rectores de la misma, o a través de sus fuerzas porriles, que a través de paros o huelgas, los podían remover libremente, ocupándoles sus oficinas y corriéndolos de la Rectoría, entre chiflidos, escupitajos y mentadas de madre, como había ocurrido antes con el doctor Ignacio Chávez.

Con el Instituto Politecnico Nacional el trato era igual o peor, empezando por su planta docente, que ni el reconocimiento académico análogo de maestros universitarios tenían, daba igual para el régimen ser un profesor de Escuela Secundaria, que un profesor de Escuela Superior del Poli, ganaban lo mismo. El gobierno, quitaba, metía, premiaba, cesaba, a cuanto personal quisiera del Politecnico. El presupuesto público que este se recibía, si bien era cierto se destinaba para la manutención de miles de estudiantes de escasos recursos que inmigraban en la Ciudad de México, también lo era, que fue la “agencia de contrataciones” para las fuerzas básicas porriles que podían incidir en la vida pública del país. Todo una industria de jóvenes con capacidad instantánea de movilizarse, para constituir desde las mesas receptoras de votación donde había que hacer fraude electoral, hasta organizar marchas, mítines, manifestaciones, protestas, invasiones y demás desmadres.

Así pues, el gobierno priista autoritario haría frente a la próxima revuelta popular estudiantil, con sus dos poderosas y temibles fuerzas porriles; del lado izquierda la poderosa Federacion Nacional de Estudiantes Técnicos “FNET” del instituto Politecnico Nacional y del lado derecho, con el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación “MURO” de la Universidad Nacional Autónoma de Mexico. El régimen político tenía la fuerza, inclusive, de iniciar, impulsar o crear su propia versión del 68.

Que mejor estímulo ser porro en aquellos años, pues uno podía viajar a distintas universidades, echar desmadre, acosar a las mujeres estudiantes; lo mejor, “pasar” materias sin estudiar ni asistir a clases, así como recibir una “beca” o cobrar un salario en el Departamento del Distrito Federal o en otra dependencia, sin presentarse a trabajar. Todo esto, con la promesa de convertirse en algún día, no solamente en un futuro profesionista, docente, investigador, académico o becario de la Universidad, sino también, en convertirse en un futuro diputado, senador, gobernador o secretario de Estado, fuera del gobierno o del presidente que fuera, durante siempre, así transcurrieran los sexenios de los sexenios.

La maldita “cultura priista”, llegó para quedarse. La fórmula perfecta para vanagloriar el poder presidencial y golpear, cualquier movimiento crítico o disidente que se generaba el régimen.

Contra eso, debía pelear el movimiento estudiantil del 68. 


¡Ellos a la fecha siguen!.

viernes, 16 de agosto de 2019

DE COMO LA UNAM, SE HIZO UNIVERSIDAD NACIONAL


Las tensiones políticas entre el gobierno y la Universidad, se vivieron durante la década de los años treinta. La Cámara de Diputados, consideraba a la Universidad como un bastión “reaccionario a la revolución”, por lo que para controlar y exterminar dicha oposición al régimen, ésta únicamente autorizó en el presupuesto de egresos y en calidad de “ultima vez”, una partida presupuestal de diez millones de pesos para la “Universidad Autónoma de México”, mismos que deberían ser reintegrados por dicha entidad en el espacio temporal de cuatro años. Igualmente, desde las esferas del poder público, se creó y se organizó la primera institución educativa de educación superior, acorde a las necesidades del modelo nacionalista y revolucionario. El Instituto Politécnico Nacional, cuyo lema institucional lo dice todo: “La Técnica al Servicio de la Patria”.

Claro que el gobierno revolucionario no cesaría en su proyecto de reconquistar y someter a la Universidad. Pues, no podía dejar que una institución como esa, produjera la cantidad de cuadros enemigos del régimen nacionalista que se estaba construyendo. Tan sólo para los años 1939 y 1940, a consecuencia del triunfo militar de la Falange franquista en la guerra civil española, los movimientos católicos, conservadores, reaccionarios, católicos o de “derecha”, volvieron a tomar fuerza y aprovechando el año de la elección presidencial en 1940, decidieron apoyar al candidato opositor al régimen, a través de un general supuestamente “revolucionario”, llamado Juan Andrew Almazan, que lo mismo agrupaba, a la disidencia católica radical del movimiento excristerio y sinarquista, hasta los propios simpatizantes del gobierno revolucionario como lo eran el zapatista Antonio Díaz Soto y Gama y el general Joaquín Amaro, que consideraban a Manuel Ávila Camacho como una imposición de Lázaro Cárdenas; sin omitir desde luego, las huestes universitarias, representadas por Manuel Gómez Morín y el recién partido político de color azul y blanco, que serviría de fiel oposición al régimen priísta: Partido de Acción Nacional.

Se llegó a pensar, que el gobierno debería controlar a la Universidad a través del la designación de su rector, pero eso no podía ser, dado que la autonomía universitaria, era una autoridad colegiada, denominada Junta de Gobierno, integrada por personas afines a la “reacción”, los que designaban al Rector de la Universidad, situación que dejaba imposibilitado a los gobiernos revolucionarios, para intervenir en los asuntos de la Universidad.

Entonces, el Presidente Manuel Ávila Camacho, en su afán conciliador y en su política de Unidad Nacional, dejo atrás los discursos revolucionarios radicales que habían tenido sus antecesores, no vituperaría a la Iglesia católica, ni llamaría tampoco a formar mas sindicatos o a convocar a una huelga general, tampoco amenazaría con otra expropiación; simplemente negoció con los funcionarios de la Universidad, para otorgarle de nueva cuenta recursos públicos, restituirle el nombre de “Universidad Nacional”, así como hacerle una considerable donación, de extensos terrenos ubicados en el Pedregal de San Ángel.

El Rector Rodolfo Brito Foucher, acepto la tregua e inició las negociaciones para la elaboración de un gran proyecto, de gran envergadura en la historia de la Universidad Nacional. La fundación y construcción de la Ciudad Universitaria.

El “nuevo contrato” celebrado entre la Universidad y el gobierno revolucionario, sería a través de la promulgación de la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México, publicada el 30 de diciembre de 1944.

La conciliación llegaría a su máximo grado, en 1946, con la designación del candidato presidencial del Partido Revolucionario Constitucional, Lic. Miguel Alemán Valdés. Egresado de la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México y quien no dudaría, en darle los recursos económicos necesarios a su alma mater, para la construcción y modernización, de la Institución de Educación Superior más importante del país.

miércoles, 14 de agosto de 2019

LA TELEVISION EN LOS TIEMPOS DEL PRIISMO DIAZORDACISTA


Como todas los días, a eso de las 11 de la noche en el Canal 2 XHTV de Tele Sistemas Mexicanos, se trasmitiría la hora del popular conductor de Televisión Paco Malgesto, donde su invitada sería la actriz de telenovelas Eva Norvind.

La guapa actriz de origen ruso, habitante de Los Ángeles California Estados Unidos, con trabajo en Mexico, habló sobre la sexualidad y sensualidad de la mujer, del control de la natalidad, de la necesidad de la televisión educativa con contenidos de educación sexual; así como también del placer de la sensualidad y de su relación con algunas frutas. Al preguntarle Paco Malgesto en son de broma, a que frutas se refería, ella respondió con naturalidad, a la manzana o al plátano. La risa se escuchó en el staff y la indignación llegó al Palacio Bucareli, donde el Secretario de Gobernación era el Licenciado Luis Echeverría Álvarez.

Eva Norvind, como extranjera que era, fue “invitada” a salir del país. Su polémica entrevista había ocasionado un atentado contra los principios de la familia, uso del lenguaje, así como la comisión de “actos censurables”, (como hablar de sexo y la familia mexicana). Gobernación hizo saber a la guapa actriz, que los extranjeros que visitaban nuestro país, estaban obligados a respetar las formas de vida y leyes de los mexicanos.

Desde la Dirección General de Información y Asuntos Jurídicos de la Secretaria de Gobernación, se envió una carta al Señor Emilio Azcárraga Vidaurreta, concesionario del Canal 2, en el que se le dijo que con el programa de televisión, se había logrado llegar a la intimidad del hogar, contraviniendo el decoro y respeto que merecían nuestras mujeres e hijos.

El empresario de la radiodifusora, aceptó el regaño y prometió que ese incidente, no volvería ocurrir. 


Como todos los días, los monitores de la Secretaria de Gobernación, estarían pendientes de los programas de Televisión del popular Paco Malgesto.



... ¡Oiga Usted!.


lunes, 12 de agosto de 2019

PRIISMO Y PORRISMO

El primer líder “porro”: Luis Rodríguez alias “Palillo”, allá por los años cincuenta; un joven carismático, por momentos burlón, prepotente y cínico, un “fósil” que no acreditaba las materias, pero que recorría todas las facultades de la Universidad y quien cobraba para hacer favores o trámites en las ventanillas burocráticas de la Universidad; el líder de la pandilla impune, que ninguna autoridad sancionaba, el que practicaba las “novatadas” a los estudiantes de recién ingreso, a quienes bajo la excusa del “examen médico”, a base de engaños los citaba en algún lugar de la Preparatoria de San Idelfonso, para posteriormente, al grito de “¡Desfile-Desfile¡”, en filas de cinco a diez alumnos, aplicarles a los recién universitarios, la “circuncisión” o la “tuberculina”, luego a base de amenazas, les cortaría el pelo a los alumnos ingenuos, para pasearlos por las calles como viles “perros”, para luego llevarlos a una pulquería, a beber pulque con gargajos que él y su pandilla porril, escupían.

El polémico “Palillo”, que termino siendo Psicólogo, con doctorado en Paris y quien termino por casarse con la actriz Fanny Cano, era el que comandaba a los porristas de toda la Universidad del equipo puma de futbol americano y quien recibió todo el apoyo institucional a su “noble causa”, directamente de la oficina del Presidente de la República, con el aval de la Rectoría. Entonces los recursos públicos salpicarían en suéteres con el logo universitario, gorras, ropa deportiva, banderas y toda clase de estipendios, que convirtió a “Palillo”, en el estudiante más popular; bastaba su presencia en el Estadio Universitario, para generar el ambiente festivo que provocan los espectáculos deportivos.

Quizás las oficinas de la Dirección Federal de Seguridad, la “CIA Mexicana”, dependiente del Presidente de la República, no dudaron, que gente como “Palillo”, era la que requería para tener el control de la Universidad.

La temible corporación policiaca, integrada por Agentes del Servicio Secreto, entendieron que entre los medios de control que se debía de tener en las Universidades Públicas, incluyendo el Politécnico, era precisamente, tener gente como “Palillo”, igual de simpática, carismática, pedante, prepotente, criminal, que pudiera ser cabecilla de grupos estudiantiles que se comportaran como “hordas”, que aunque no estudiaran, cumplieran con la función de tener controladas a las universidades.

Entonces, la Universidad para que pudiera estar controlada, debía de ser vigilada, espiada, acosada, denunciada, representada, por los grupos porriles; sólo de esa forma, podían contrarrestar a la fuerza de los “conejos”, (juventudes católicas) que aun en menor grado, imperaban en las aulas universitarias, así como a los comunistas.

Los porros pues, fue el “ejército de orejas” (informantes) y “células de choque”, que se infiltraron en la Universidad, que amparados como alumnos inscritos en la Universidad, cumplían con sus funciones de espionaje, provocación y apoyo logístico financiero a los funcionarios de la rectoría simpatizantes del gobierno priísta y líderes de la porra. Muchos de ellos, temidos y conocidos por sus apodos: “Pistolo”, “Dager”, el “Pinky”, el “Principe”, el “Bruja”, el “Monovano”, el “Capullo”, el “Vejigas”, el “Manos de Palo”, el “Llanta Baja”, “Cuco Pelucho”, “Fakir”, el “Aracuan”, el “Turco”, el “Pelón valencia” y el “Upa el Cavernario”, por citar algunos de ellos. Encargados, no solamente de hacer desmadres en los eventos deportivos, sino también, a organizar eventos políticos, para ganar la legitimidad de la “representatividad estudiantil”, en las sociedades de alumnos, organizaciones estudiantiles como la la FNET Federación Nacional de Estudiantes Técnicos; aunado a contrarrestar, a los grupos de activistas católicos y comunistas.

Nadie podía con ellos, el Jefe de la Policía de la Ciudad de México, Manuel Mendoza Domínguez, estableció un sistema de “zonas de tolerancia”, en donde se encontraban las escuelas preparatorias para que estos porrillos pudieran hacer lo que se les pegara la gana. Muchos de estos porros, se convirtieron a la larga en “madrinas”, como lo fue el “Fakir”, Pepe López, el “Negro” Durazo, Manolo Prieto, Hugo Olvera, “Chato Pasta”; algunos de ellos se convertiría a la larga, en “abogansters”, como Bernabé Jurado, embaucador de sus clientes, capaz de comerse los documentos o bien, otros se convirtieron en diputados y hasta Jefes de la Policía.

Pero en fin, la organización porril creció en la Universidad, hasta conformar la Federación Estudiantil Universitaria, quien gozaría de algunas prerrogativas concedidas por las autoridades universitarias, como el otorgamiento de locales, así como “ayudas económicas”, financiadas por el PRI, para convocar a congresos estudiantiles.

El partido de Estado (PRI), se introduciría en las universidades y ganaría cada vez más adeptos, ya fuera entre estudiantes, porros, o inclusive, hasta en comunistas. Al grado, que un Presidente del PRI, Alfonso Martínez Domínguez se le atribuye la frase: “El PRI no necesita escuela de cuadros, para eso tiene al Partido Comunista”.

Sin embargo, el ascenso a la presidencia de Adolfo López Mateos (1958-1964) y sus declaraciones “revolucionarias”, de decir que su gobierno, “era de extrema izquierda, dentro de la Constitución”, volvió sin proponérselo y quizás a espaldas suyas, a dar impulso al activismo estudiantil de tintes católicos, o supuestamente católicos, ahora calificados como “conservadores” o de “derecha”, activismo que se destacó por ser oposición extrema, a los grupos estudiantiles de “izquierda” que se identificaban como comunistas, los cuales, eran sin duda alguna, simpatizantes de Fidel Castro y la revolución cubana.

Entonces, la paranoia del comunismo hizo que en la Universidad se conformara el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), el cual tenía como misión, “combatir la intromisión del comunismo en la UNAM”. Dicha organización adquirió fuerza, con sus campañas en contra del cine pornográfico, el tráfico de drogas, las “novatadas” o la intromisión soviética en la facultad de Economía; sirvió además de aparato de presión en contra del Rector Ignacio Chávez, así como de organización estudiantil que contrarrestaba el activismo estudiantil de los estudiantes “democráticos”, identificados éstos, como simpatizantes del comunismo internacional.

No era de extrañarse, que el MURO, fuera la organización porril más importante en el México de los 60’s y en la Universidad Nacional. En la época en que el Rock and roll y las ideas “exóticas” del comunismo internacional triunfante Cuba, pusiera en riesgo, a la “juventud mexicana”.

No era de extrañarse, que el Secretario de Gobernación del Presidente Adolfo López Mateos y posiblemente líder máximo del MURO, era el Licenciado Gustavo Díaz Ordaz, quien años después, sería nominado por el PRI, como Presidente de la República.

Entonces, las organizaciones porriles estaban consolidadas en el México de 1966, para poder expulsar y humillar a un Rector de la Universidad; consolidadas también, para poder servir de instrumento de control y represión, a efecto de poder denunciar y acusar, en cooperación con los policías y agentes secretos, a los comunistas y agitadores “saboteadores” de la olimpiada del México 68. Hechas, para servir a la patria, al partido y al presidente de la república y no responder jamás de sus fechorías.

¡La historia del porrismo, es una historia más de impunidad¡.