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Mostrando las entradas etiquetadas como POESIA

¡ESCRIBIENDO A DIOS¡

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  De vez en cuando, hay que escribirle a dios. No al Papa, ni al Dalai Lama, ni tampoco al Califa, ni al más ostentoso o humilde ministro religioso; simplemente, escribirle a dios, darse uno permiso para hablar con él, reírse y porque no, cuestionarlo. De vez en cuando, hay que conocer a dios. No la Biblia, ni el Sagrado Corán, tampoco los fascículos "Despertad" o "Atalaya"; simplemente conocer a dios, sentirlo a través de la música, el arte, la reflexión, la contemplación de la naturaleza. De vez en cuando, hay que reclamarle a dios, por su sordera, ceguera y terquedad. Por su infinita sabiduría que no parece sabia, por su omisión y eterna pasividad, de permitir un mundo desigual, esclavizado, en guerra y con mucha hambre. De vez en cuando, hay que tener valentía para aceptar a dios y darse cuenta, lo insignificante que somos, no solamente para el universo, ni para la existencia de la humanidad. Finalmente en esta vida, en nuestros destinos, pasamos...

NUESTRO CONTRATO DE AMOR

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En nuestro contrato de amor crearemos variamos clausulas. ¡Lo firmaremos para siempre¡.   Será el acuerdo de voluntades libre, espontaneo, sin coacción, sin que obre error, dolo o mala fe; en él, firmaremos nuestro compromiso de amarnos, respetarnos y querernos siempre. Pondremos una clausula del perdón, a los errores que a lo largo de nuestra relación podamos incurrir, nada de chantajes, ni venganzas que nos lastimen; nos obligaremos a cada día a nutrir nuestra relación con nuevas experiencias, que nos haga conocernos cada día más; experiencias que hagan también, desde luego, encontrar nuestra reconciliación. En nuestro contrato de amor, nos obligamos, por mutuo propio, amarnos en forma intensa. Amarnos, sin esperar que la contraparte, nos pueda amar de igual forma como amamos. Reconoceremos que cada persona es diferente y encierra un sí, un mundo diferente al nuestro; fijaremos muy claro, que no somos la “media” naranja del otro, ni tampoco seremos codependientes, respetaremos l...

¡AMAR ...AMAR ...SEGUIR AMANDO¡

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Hace diez años, cuando inicie mi vida como docente en la Facultad, detestaba a los alumnos que se aprendían literalmente cada una de las definiciones del derecho; me hacían recordar mis tiempos de estudiante, cuando algunos de mis compañeros en los exámenes escritos, eran buenos para aprenderse las definiciones jurídicas, sabían en que lugar iban los acentos, las comas, conocían con precisión, en que articulo de la ley o del Código se encontraba dicha definición. Era obvio, que eso para mi no era un aprendizaje verdadero de la materia; quizás el tiempo y a diez años de haberlo hecho, me darán la razón alguno de esos alumnos que tuve, pero para mi al menos no bastaba que algunos estudiantes aprendieran de memoria los artículos del Código Civil, o las definiciones de los tipos penales, o de los contratos; tan prodigiosa memoria no podía desperdiciarse en las definiciones racionales de nuestros mas grandes juristas; había que darle, al menos eso pensaba, alguna de esas mentes brill...