viernes, 21 de diciembre de 2012

EL FIN DEL FIN DEL MUNDO



Se dice, se rumora, se anuncia, se predice, que hoy, 22 de diciembre, se acabará el mundo.
Y me levanto, alarmado; corro para ver a mi esposa  y preguntarle, si en verdad es cierto que el mundo se acaba, entonces ella me abraza y me besa, diciéndome, por si no te vuelvo a ver.
Eso de andar en una oficina en el día en que se acaba el mundo, es algo muy preocupante; qué tal si el mundo se acaba y muero enterrado, entre documentos, archivos y expedientes; qué tal si el mundo se acaba y no tuve oportunidad de vivir, cada momento de la vida; sin alcohol, un buen baile y un momento placentero; de no ser perdonado por mis errores y de saber perdonar, a quienes me ofendieron y dañaron.
Qué tal si me muero y no termine de revisar esa tesis o de determinar ese expediente que tanto me ocupa.

Que afán de San Juan, de San Malaquías, Michel de Nostradamus y de Rasputin, de anunciar que se acabaría el mundo, en qué momento se le ocurrieron los mayas, la fecha, el día y la hora, para decir, que dentro de unos instantes, este mundo, tan generoso y perfecto, se pudiera desmoronar. ¡Qué necedad de ese pensamiento finito¡, en el que todo comienza y todo acaba, en el que uno nace, crece, se reproduce, envejece y muere; qué difícil es escapar de un pensamiento lineal, cuando quisiera tener uno, el pensamiento cuántico para poder volar y estar al mismo tiempo en todas partes.
La culpa de quien se acabe el mundo, es del Apocalipsis, de las centurias incomprensibles que nadie entiende, de los sueños freudianos de Edgar Cayce y de los misterios que encierra la gran Pirámide; la culpa del fin del mundo es el Triangulo de las Bermudas y de las fumarolas del Popocatepetl, inclusive, hasta de las apariciones de la lejanísima Virgen de Fátima; los culpables, son y siguen siendo, los marcianos que siguen sin invadirnos, de alguna fuerza extraterrestre o de los espíritus chocarreros que aun no resucitan, tal cual si fueran, zombis atómicos.  

Mientras el mundo no se acabe, mientras ese sol no se convierta en estrella fugaz y nos regale ocho minutos de hacer lo que no pudimos hacer en toda vida, el mundo, señores, seguirá existiendo y no solamente eso, el mundo, nuestro querido mundo lindo y cruel, seguirá naciendo, creciendo, expandiéndose, por cada instante en que nuestros pensamientos y oraciones, sigan también creciendo.
El mundo comienza en cada amanecer, en cada proceso de la fotosíntesis, en cada momento en que la materia y la energía, ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma. El mundo renace todos los días en cada pensamiento biogeoquímico, en cada instante que respiramos, en cada especie viviente que cumpla su función de equilibrar esta gran obra divina, que es nuestro planeta.


El mundo vive y resucita en cada sonrisa de cada niño, en cada pareja de amor en que sus cuerpos se unen para acariciarse y consumirse en uno solo, en cada bendición, en cada palmada y abrazo de felicitación; el mundo nace con la obra del artista, la ultima letra del cantante y el ultimo de los poemas que aun sigue sin escribirse.
¡No se acaba el mundo señores, en verdad, simplemente, se acaba uno. El mundo muere, cuando uno muere y el mundo vive, cuando uno vive¡.
Debería acabarse los fines del mundo para no tener más días como esto; decretar a partir de mañana, el fin del fin del mundo. Para que al rato, los profetas no digan que un nuevo cometa se acercará al planeta y terminará impactándonos, convirtiéndonos a todos en dinosaurios; o también no digan, los que dicen que saben, que una invasión extraterrestre se robaran nuestra agua, nuestro suelo y aire; o que el mundo seguirá acabándose en cada tsunami, en cada sismo, en cada guerra civil, que nos aniquile.
Esta noche, esperare el fin del mundo, como todas las veces que he esperado el fin del mundo, estaré pendiente de cómo el cielo se rompe, de cómo las montañas desaparecen, de como el rayo fulminante, nos dejara convertidos todos en piedras de sal. De cómo lloverá el fuego, el agua nos inunde y nuestro semejante, estará al acecho para matarme.
Mientras eso ocurra o no ocurra, seguiré trabajando como  todos los días, para que el mundo, no acabe, sino inicie …