sábado, 21 de junio de 2014

¡CENSURADO¡ ...


 
No creo que esta sea la última carta que yo escriba, ni que lo que diga, vaya incendiar los ánimos de alguno que otro representante popular y/o funcionario de tercer nivel. (Después de Presidente y Jefe de Gobierno, siguen los funcionarios de tercer nivel, a eso me refiero);  en verdad, no creo que lo que escriba pueda generar tan malas interpretaciones para quererme acusar con quienes son mis jefes o mis amigos dentro del Gobierno del Distrito Federal o bien, de la Universidad Nacional Autónoma de México; ellos afortunadamente tienen un criterio amplio para diferenciar, lo que es la vida pública de la privada, de lo que es el servicio público del activismo político;  no acostumbran pues, a revolver la gimnasia con la magnesia, ni actúan en forma autoritaria, como durante décadas, sino es que siglos, se actuaba en este país.

Resulta pues, que he sido víctima de la censura y no sé quién haya sido el autor intelectual del mismo, si lo supiera o tuviera la mínima sospecha de saberlo, en deshonor a esa misma censura, no podría decir su nombre, (toda vez que aún persiste la censura) y en este país, como cualquiera otro que se presuma civilizado, el que acusa, tiene la obligación de probar; yo no tengo pruebas, más que mi pura confesión, así como mi derecho de manifestarme libremente para señalar quienes son mis censores.  

Por lo anterior y para ellos, me permito hacer las siguientes declaraciones.
 



Primero.- El suscrito es un ciudadano común y corriente, soy mexicano y mi domicilio para efectos político electorales se encuentra en la Delegación Cuauhtémoc, dentro de la Ciudad de México.  No soy militante de ningún personaje público o partido político, llámese Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Salinas de Gortari, Cuauhtémoc Cárdenas, el Subcomandante Marcos o Andrés Manuel López Obrador; ni del PRI, PAN, PRD, PT, MC, PANAL, PVEM; ni aun de los nuevos partidos políticos próximos a registrarse, MORENA o Partido Humanista;  y si así fuera, si yo fuera simpatizante o militante de alguno de ellos,  eso no sería ningún delito, ni tampoco falta grave a la moral, a la historia o a las buenas costumbres.

Lo que sí es grave, es que en este país, persista la censura y existan las personas de un criterio tan reducido que piensan que en este país, todo se limita a una cuestión tan simple de “Buenos” vs. “Malos”;  “Conservadores vs Liberales”, “Patriotas vs Traidores”, “Revolucionarios vs. Contrarrevolucionarios”;  Si así fuera o mejor dicho, como así lo es o dicen que es, entonces lo mejor sería que el debate político, se redujera a un simple partido de futbol o pelea de box, para entonces, no andar confrontándonos entre hermanos, ni estar mucho menos insultándonos en redes sociales menos aun, para estar censurando a los que piensan diferente de nosotros.  

Estas personas deben saber, que en la política, en su ámbito federal, estatal, municipal, regional, existe pluralidad de ideas, de actores, de intereses; el mundo real no es tan simple como muchos imaginan; es algo mucho más complejo y difícil de entender.

Lo que pensamos que es real, puede ser una ficción y lo que parece una ficción,  suele ser superada por la realidad.

Así es de complejo esto. Por eso resulta lamentablemente, incurrir en falacias ad personam o en generalidades, que pueden generar el demeritar las instituciones políticas y sociales por culpa de sus dirigentes, o bien, pensar o etiquetar a los personajes públicos con estereotipos de “buenos”, “malos”, “nacionalistas”, “neoliberales”, “populistas”, “corruptos”, “clientelares”, “mesiánicos”.


 

Segundo.- Soy servidor público del Gobierno del Distrito Federal y lo soy, no porque haya llegado al Gobierno por una cuestión político electoral, yo no llegue al lado de ningún político, aunque tengo que decir, que muchos de mis jefes fueron políticos, pero eso no tiene nada que ver; soy servidor público, porque cuento con los conocimientos adquiridos por una universidad pública y porque yo, como muchos miles de mexicanos, tocamos varias puertas después de nuestra vida educativa formativa, para incorporarnos en la vida productiva; pude haber formado parte de la Iniciativa Privada y quizás algún día, llegue a serlo; pero también, las puertas que se me abrieron en la vida, fueron en el Gobierno. Eso no me hace ser político, ni mucho menos miembro de un partido político, simplemente me hace parte de más de los 120 mil servidores públicos que trabajan para el servicio del Gobierno del Distrito Federal; o de los más del millón de personas, que trabajan al servicio de una entidad pública gubernamental.

Como servidor público del Gobierno del Distrito Federal, laboré en áreas de atención ciudadana, Así lo hice en las delegaciones Iztacalco, Milpa Alta y en la Procuraduría General de Justicia; lo hice, prestando mis conocimientos intelectuales, en una labor tan importante, como la función disciplinaria de los servidores públicos.

Como abogado al servicio de mi patrón el Gobierno del Distrito Federal, proyecte, revise, corregí, propuse, instruí, radique, varios procedimientos seguidos en contra de servidores públicos. Muchos de ellos, nefastos para la administración pública y tengo que confesarlo, me toco casos de verdadera impunidad, de influyentismo y prepotencia; pero también en honor a la verdad, tengo que decir, que colaboré con algunos funcionarios que tuvieron siempre el ánimo de extirpar de la administración pública, cualquier vestigio de negligencia y corrupción.

Aprendí y sigo aprendiendo mucho de ellos. Aprendí que la administración pública es algo tan técnico, tan bonito y tan especial, que no cualquiera merece ser servidor público. Que los políticos se dediquen hablar bonito y a decir inclusive mentiras, pero corresponde desde luego a los técnicos del gobierno, hacer posible que  esas promesas sean verdaderas.

Que quede claro. Ser servidor público y hablar mal del gobierno, no me hace ser “traidor” o “desleal”; lo mismo hacen los líderes sindicales y también los políticos de todos los partidos. No veo entonces, que la voz de un servidor público, mi voz,  tenga que ser discriminada, rechazada, repudiada, cuestionada y por último, censurada.

Lo que escribo en mi blog, lo hago, porque me gusta y porque así como muchas personas les gusta ver televisión, a otros les gusta leer, otros a dibujar, bailar o hacer vida social “antrera”; a mí en lo personal, me gusta escribir. Es para mí, el mejor placer de mi vida, el que más me sana en mis enfermedades espirituales y el que cumple, mi ánimo activista de cambiar a este país. Otros prefieren marchar, hacer pintas, trollear en redes sociales,  o aventar piedras a los granaderos, yo en cambio, lo hago escribiendo.

¡Y además advierto¡. Escribo en mis ratos libres.  ¿Algún problema?.

 


Tercero.-  El derecho al libre acceso a la información plural y oportuna, así como buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión, es un derecho humano, reconocido y protegido por la Constitución.  La inviolable libertad de difundir opiniones, información e ideas a través de cualquier medio, entre ellos el internet, es también un derecho humano irrenunciable e inviolable; y también desde luego, se encuentra este derecho inalienable, eterno y universal,  prescrito en la Constitución. Para ser más específicos, en los artículos sexto y séptimo de nuestra Carta Magna.

Luego entonces, no veo porque carajos, existan personas que se molesten, se ofendan  o “sospechen” cuestiones indebidas: no sé en verdad porque se preocupen y hasta llegan hacer  llamadas telefónicas y solicitan audiencias, con funcionarios de alto nivel,  para indagar, investigar y verificar, que ciudadano de que dependencia gubernamental, anda ejerciendo libremente su derecho.

Señores legisladores y funcionarios de tercer nivel, dedíquense hacer lo que el pueblo les ordeno en su voto popular. No anden por favor actuando de otra forma, que no sea aquel, por el cual, se encuentran investidos bajo el amparo de las leyes y de la representación popular. (No clientelar, ni mucho menos partidista).  

¡Que quede claro de nueva cuenta¡:  Yo Soy Jorge Luis Esquivel Zubiri y Yo, y solamente Yo, como muchos mexicanos más, somos libres de buscar, recibir y difundir información, así como de expresar libremente nuestras opiniones y difundir nuestra información. Si a una persona le incomoda la verdad, entonces, desaparezcan las bibliotecas y hemerotecas, abroguen las leyes de transparencia, las páginas de internet, los indicadores de gestión, la organización de los archivos y las conciencias como la mía, para que entonces nadie, absolutamente nadie los critique, ni los toque con el pétalo de una rosa. ¡En verdad¡. Hagan con todo su poder, un viaje al pasado y traten de retroceder a los tiempos que ya vivimos, a ver si pueden con su soberbia y su poca cultura política, hacer retroceder esta revolución cultural que nadie para.

 


Cuarto.-  ¡Que mis necesidades son mis fuertes que mis convicciones¡. Si lo reconozco, lo acepto y lo confieso.

Trabajo por necesidad y no por deporte.

Soy de los tantos millones de mexicanos que así lo hacemos. Eso no es motivo de vergüenza.

Nunca he robado, ni me he aprovechado de mi posición como académico o burócrata en el servicio público para hacerlo. Tampoco nunca hice nada indebido, que la ley me prohibiera.

No tengo inmunidad, ni fuero, ni una dieta de más de cien mil pesos mensuales. No soy influyente pues. Pertenezco orgullosamente a la clase media que trabaja para medio vivir y darle a su familia, un nivel de vida decorosa. En ese gremio me colocó y de ese gremio soy.

Jamás pondría en riesgo la estabilidad económica de mi familia, de mis amigos y seres queridos, por defender mis convicciones.  Creo en los derechos colectivos, en la libertad de prensa y de expresión, pero jamás llegaría a una actitud de egoísta, de obligar a mis amigos y seres queridos, a que crean lo que yo creo.  Menos aún, de obligarlos a pensar y sentir, como pienso y siento yo. Respeto pues, la pluralidad de ideas y sentimientos y atiendo sus consejos y recomendaciones, porque son mis amigos y los seres que siempre he querido.

El que haya retirado un artículo de mi blog, obedece al respeto y a la lealtad que tengo hacia ellos. De ninguna forma, a la intimidación suspicaz, de mis censores.

Mi familia pues, no tiene la culpa de lo que pienso, haga, escriba, diga.

Mi familia, nunca estará en riesgo, por lo que yo haga o deje de hacer.

 


Quinto.- He publicado este blog, el cual tiene una antigüedad de unos cuatro años, algo así como 160 artículos y más de 160 mil lecturas. Nunca nadie me había pedido, que lo diera de baja. ¡Y no lo voy a dar de baja¡, al menos que Google Corporatión me censure, pero mientras eso no ocurra, seguiré escribiendo, hasta el último día de mi vida; y seguiré investigando, obteniendo y difundiendo información,  también hasta que me vuelvan a callar o hasta que encuentren un hacker que quite esta página.

Defenderé con mi computadora y mi conexión al internet, este derecho, para que nadie, absolutamente nadie, impida esta libertad que es propiedad de todos.

Si existiera la voluntad de acabarme. Es obvio que no me quedare con los brazos cruzados. Admiró a Sócrates, a Jesús de Nazaret, a Tomas Moro, a Francisco I. Madero, a Mahatma Gandhi, Martin Luther King, a Nelson Mandela, pero no soy tanto santo como ellos. Defenderé con todo mi fuerza, mi derecho a decir y a escribir lo que pienso, a investigar, recabar y difundir información; a conservar mi trabajo y mi patrimonio familiar. Defenderé con todo lo que tenga que defender mi status de ciudadano, con la única limítate, de hacerlo en paz, sin odio, sin rencor,  sin violencia, ni aun la violencia verbal; siempre con el perdón y la templanza,  que como ser humano, pueda y deba extenderle a mis censores. 

Seguiré así escribiendo, pese a quien le pese; y no lo hago, para que les pese a ellos; lo haré porque me encanta y me apasiona a mí; porque dejar de hacerlo, sería como cortarme las manos, los brazos, los pies; porque me quiero tanto a mí, que no pudiera mutilar mi alma. ¡Jamás lo haría¡. ¡Mi libertad es tan grande que no tiene precio¡. ¡Es mi libertad¡. ¡Soy yo¡.  ¡Yo escribo¡ y en cada de mis líneas y en mis letras, esta mi alma que se conservará y se inmortalizará por siempre.

 


Sexto.-  Nunca he utilizado un seudónimo para ocultar mi nombre. Respeto a quien así lo haga y lo entiendo bien, porque en un país donde no impera el respeto de las leyes, no le corresponde a los tribunales hacerlos valer, sino a los hombres de poder hacerlos respetar, por el simple y  mero imperativo categórico ético, de que ellos cuentan con el poder, los recursos y el monopolio de la violencia, para hacerla respetar y observarla cabalmente.

Yo por mi parte, creo en el valor civil.  Uso mi nombre, porque ese soy y no soy otro. Si alguien quiere ser Jorge Luis Esquivel Zubiri, ese es asunto de quien quiera ser como como yo.

Reconozco la autoría de lo que es mío, porque así lo escribo con mi nombre, que es de Jorge Luis Esquivel Zubiri. Si alguna persona quiere utilizar mi nombre, a forma de seudónimo o de simple anónimo, puede hacerlo, dentro de los límites legales; si alguien quiere hacerlo, debo decirlo que no puedo impedirlo y si en cambio, abogo a la autoridad, para que respeten el derecho de mis compatriotas, de mis vecinos, de mis alumnos, de mis semejantes y de quienes utilizan mi nombre, para que así lo hagan.

He requerido información al gobierno de mi demarcación, a diputado que me representa; y también lo he hecho, con el fisco que condona deudas a poderosos monopolios empresariales  y también lo he hecho, con las instancias encargadas de fiscalizar los recursos públicos; así como también, he indagado, investigado y auditado en la medida de mis posibilidades, las obligaciones del Estado, desde el más humilde contrato de obra pública de un monto de 300 mil pesos sobre una banqueta o remodelación de un parque público, hasta  los cuantiosos contratos de miles de millones de dólares, celebrados entre empresas petroleras, de la todavía única empresa nacional, con las extranjeras.

Apeló a la civilidad, al entendimiento, al espíritu democrático. No es cuestión de partidos, ni de candidatos; es un imperativo ético, de ser y sentirse ciudadano. De ser y enseñar a ser demócrata; de construir con convicciones y no con descalificaciones, los cimientos de lo que debe ser un estado democrático de derecho. 

Esa es mi profesión y la pauta de mi vida ética, como académico en la universidad, como servidor público en el gobierno y como jefe de familia.

 


Séptimo.- La esfera pública es  para mí importante, es donde debe originarse el debate público y donde debe de partir la democracia.

En sistemas autoritarios como el nuestro, la democracia fue concebida como “algo”, que debía de ser “de arriba pá abajo”, y por eso,  dentro de la cultura y la idiosincrasia mexicana, aprendimos a obedecer lo que se ordenaba en las “altas esferas”, primero el Rey, luego el Virrey, le seguía el Superintendente y al final el intendente; aprendimos mal este concepto del poder popular y por eso, el debate que tenemos es demasiado pobre y vertical, reducimos la discusión política en un funcionario llamado Presidente de la República y se nos olvida, que este cuenta con decenas de miles de funcionarios; no sabemos tampoco, que existen 31 gobernadores, más de 2,000 presidentes municipales, un Jefe de Gobierno y 16 delegados políticos; desconocemos lo que hacen los 500 diputados, los 128 senadores, los cientos de diputados locales y miles de regidores que nos representan; ni que decir, los 4 billones de pesos anuales que gasta la federación, o los 500 millones que eroga el Municipio en el que vivimos. En este país, la esfera pública debe de ser construida de “abajo hacia arriba”, el ejemplo de la honradez, la congruencia, la transparencia y la rendición de cuentas, debe iniciar desde lo más abajo, desde el gobierno más próximo con el que interactuamos,  hasta llegar a la cima.

Es importante entonces, cuidar nuestra escuela, nuestra clínica, nuestra casa de la cultura; cuidar nuestras calles, nuestras banquetas, nuestros semáforos, nuestro parque público. Es importante estar pendiente del suministro de agua de gas, de electricidad.  La política no inicia discutiendo las decisiones nacionales. Empieza, desde como convivimos con nuestros vecinos.

Esta es mi convicción y por ende, mis censores no son las personas de las altas esferas gubernamentales y empresariales, ni tampoco los de la delincuencia organizada; mis censores, son las personas legitimadas, que la democracia próxima e inmediata, ha designado para representarme y administrar los bienes públicos, propiedad  mía y de mis vecinos.

¡Eso me duele¡.

¡Eso es no predicar con lo que critican¡.

Si a estas personas las he ofendido por mi sarcasmo, mi ironía, mi crítica, a título personal, le disculpo y por esta vía hago publicas dichas disculpas.

Pero lo cierto es, que la crítica, no va fundada en su vida personal; sino al desempeño de sus funciones.

En verdad no me interesa su vida sentimental, su estado de salud, sus vicios o entretenimientos; me interesa como ejercen el gasto público, porque ese dinero, es mío y el de mis vecinos; no me interesa tampoco cuáles son sus diferencias con sus compañeros de partido o de “tribu”, eso en verdad, a nadie que participe en dichas organizaciones les pueda interesar.

Mis censores deben saber, que viven en la Ciudad más informada, donde muchos de las conciencias críticas que lo habitan, se encuentran cansados con representantes populares que compran candidaturas desde los puestos públicos, o que son designados por las burocracias partidistas; debe saber, que esta ciudadanía, quisiera escuchar debates inteligentes y que muchos de estos ciudadanos, son apáticos, porque creen que este país, con gente como ustedes, no tiene remedio.

Pero en cambio existen otros ciudadanos, dispuestos a dar la cara y emprender las nuevas luchas democráticas, para realmente moralizar la política e innovar la protesta. Les pido a esos hombres de poder, que no frenen los vientos de cambio que ellos mismos propiciaron.  La lucha democrática por cambiar a este país, no le pertenece a un grupo político, ni a un personaje, ni a una historia que no termina de escribirse. La lucha democrática, la hacen los ciudadanos anónimos y de las personas del montón que trabajamos para sobrevivir, que nos dedicamos a otras cosas, no vivir de la política. Menos aún, de la política (partidista).

 

Octavo.- Cabe la posibilidad como diría Rene Descartes, que todo lo que piensa que exista, no exista realmente; y por ende, cabe también la posibilidad, de sospechar, suponer, inferir o presumir, que si pensé que me censuraron, no haya sido así realmente. ¡Todo puede ser una suposición mía¡. Quizás una fantasía, algo que yo, me haya imaginado.

Puedo encontrarme en un error y suponer, que el gasto público del presupuesto ciudadano se ejerce eficiente y eficazmente, sin que existan pagos en exceso; pensar que toda obra pública, el dinero se gasta honrada y correctamente y no exista algún desvió de recurso que pudiera servir luego para financiar alguna futura campaña política.  Presumir que no existen compras infladas de luminarias y que mis diputados, están más interesados en vigilar como se gasta esos recursos públicos y no andar promoviéndose en anteprecampañas, a fin de que luego puedan tener, toda la autoridad moral y jurídica, para poder fiscalizar los cuantiosos contratos que en el sector energético y en telecomunicaciones se avecinan.

Creo en la democracia y en la investidura de los funcionarios electos, los cuales sino saben administrar, porque su profesión sea el de hacer promesas, contaran con personas como su servidor y otros miles más, que desde la administración pública, nos dedicamos precisamente a eso; administrar el bien público, para el bien de nosotros.

También creo que en el futuro, habrán cientos de ciudadanos dispuestos a cumplir su misión de contrarrestar el manejo discrecional de los recursos públicos, de las decisiones políticas, que sabrán comportarse como ciudadanos dignos y no como militantes de alguna organización política; ciudadanos voluntarios que ejerzan vía democrática, antes que pedir una cubeta, una despensa, una tarjeta, una pensión o ser beneficiados de un programa social.

Eso es lo que espero. Representantes populares que dejen de andar investigando a blogueros y andar pidiendo favores o utilizando su investidura de representantes populares, para solicitar favores encaminados a censurar la libertad de prensa.

Espero que en el futuro, pueda sentirme orgulloso de quienes me representan en la Cámara de Diputados.  Y que nunca en la vida, vuelva a ver a un diputado, con un sentimiento de pena y vergüenza, de sentir mi país, burlado, engañado, cada vez más saqueado.

 


Noveno.-  Agradezco el apoyo de todos mis amigos, familiares, alumnos y demás seres queridos que apreció y desde luego, los que me siguen también en redes sociales.

Por esta vía les informó, que a partir de la próxima semana, dejaré de escribir cualquier nota relacionada con los gobiernos delegacionales del Distrito Federal y también, desde luego, con los diputados que representan a los habitantes del Distrito Federal.

En consecuencia, no escribiré nada sobre estas personas.

Tampoco divulgaré información alguna para que no pueda ser mal interpretada y obvio, no poner en riesgo la estabilidad de mi familia y de mis amigos.

Así de simple: ¡No lo hare y punto¡

¡Obvio¡. Tampoco escribiré nada, sobre lo que ocurra en alguna circunscripción de Zacatecas.  Si algún lugar de la República me interesa, ese es Poza Rica Veracruz, no Zacatecas.     

No escribiré nada sobre esos personajes, cuyos nombres yo censuro, a fin de no poner en riesgo su seguridad y sus proyectos políticos futuristas.

Tomo esta decisión,  no porque me hayan censurado. ¡Soy yo realmente el que decide hacerlo.

Lo dejo claro y lo reitero. ¡Nadie me ha censurado, soy yo el que se censura¡.

En su lugar, a partir de ahora, abriré un nuevo blog, en donde enseñaré a los ciudadanos que así les interesa, como participar y construir una democracia, como la que exige, nuestra Ciudad. 

El blog lo escribiré en términos prácticos para que cualquier ciudadano, pueda entenderlo.

He tomado pues la decisión, de enseñar en internet. Las nuevas formas de protestar y como vigilar a los que nos gobiernan.  Quiero pues, asumir la decisión de más que enseñar democracia, enseñar ciudadanía.

Espero que el nuevo blog, potencialice a los ciudadanos, a participar en la vida pública de su región, para poder así construir una democracia edificada en la ética de los ciudadanos para vigilar los asuntos de la ciudad y no una demagogia, construida en grupos de interés de pandillas corruptas y porriles, vividores de los recursos públicos, como las que nos han gobernado en estos últimos quinientos años.

Así nadie en el futuro, censurara a nadie.

¡He dicho¡. ¡Siempre he sido el dueño, de mi silencio¡.