domingo, 22 de febrero de 2015

LAS LECCIONES DE BERNABÉ JURADO (Segunda parte).

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Treinta años de edad, Bernabé Jurado ya era un Licenciado en Derecho, con amplia experiencia en materia laboral y simpatía entre las personas más humildes. Sus dotes de líder no solamente lo habían hecho ganarse la simpatía de las personas “de abajo”, sino también, con los “de arriba”. Podía inclusive pedirle audiencia al Presidente y concedérsela por tratarse de su persona, podía inclusive pedirle que se le otorgará asilo político al líder ruso Leon Trosky y hacer que el general, acordara satisfactoriamente su petición, no porque se lo pidiera Jurado, sino porque el joven abogado, tenía la valentía de pedir las cosas más absurdas que otros en su sano juicio, no lo hubieran hecho, nada mejor que un profesional que sabe adivinar lo que piensan sus jefes y estimularlos a que éstos formalicen sus decisiones.  

 Era pues, el momento de demostrar su lealtad al régimen, a su mentor el maestro Vicente Lombardo Toledano y obviamente, al Presidente de la República, general Lázaro Cárdenas del Rio. Para ello la “clase obrera” se encontraba plenamente organizada, Bernabe Jurado con la experiencia de controlar a los estudiantes a base del terror y el agandalle, no le costaría trabajo “convencer” a los obreros de apoyar cuanta manifestación organizará el Partido y la CTM.  No era para más, no bastaba sacar la pistola y acompañarse de sus golpeadores, solamente había que prometerles que tendrían  ”su planta”, o que les conseguiría empleo a sus hijos o que se les aumentaría el sueldo o no serían lanzados de las vecindades en los que estos vivían; poco entiende la gente humilde de cuestiones políticas, pero si de promesas, el mero anhelo de sobrevivencia, hace que los trabajadores se presten hacer cosas, para engañar a los hombres de poder. Nada mejor, que realizar concentraciones masivas en el zócalo capitalino en apoyo al Presidente.

 – “¡Es hora de defender la Revolución Mexicana¡”, -  convócate a las personas de tu confianza y la ruta será, expulsar a los “almazanistas” de las casillas. Así pues, con una brigada de pistoleros, Bernabé Jurado con metralleta en mano, se transportaba en algunos autobuses del servicio público concesionado, en compañía de sus “cuates”, de uno que otro compadre y de los trabajadores que cubrían “militancia sindical”, para echar balazos al aire o en los edificios de al lado, sin importarle sin mataba alguien o no y con ello,  poder así “recuperar” las casillas donde se recibía la votación de las elecciones presidenciales, correr a esos putos “almazanistas”, traidores a la patria, reaccionarios jijos de la chingada.  Don Manuel Ávila Camacho será nuestro próximo presidente porque así lo dispuso el jefe Lázaro Cárdenas, ganándole por la vía del fraude y la violencia, al general Juan Andrew Almazán. ¿Algún problema?.

Que emocionante, ir recuperando casilla por casilla y en cada una de ellas, modificar las actas y asentar en ellas las firmas, haciéndose constar el triunfo abrumador del candidato del Partido de la Revolución Mexicana, en forma abrumadora, sin que el opositor Juan Andrew Almazán, pudiera recibir ni siquiera un voto a su favor. Bernabé Jurado pues, sin habérselo propuesto, se convirtió también en “alquimista electoral” y con ello aprendió su séptima lección, “incursiona en el derecho electoral”, ayuda a los jefes, a los políticos, a los partidos, a que estos ganen, como tengan que ganar la elección. De esta manera, el sistema político se legitimaba en las urnas, y para eso se apoyaba, de la industria del acarreo y de  la mapachería. Luego vendrían otros a conocer este noble oficio e implementar técnicas menos violentas pero igual de efectivas:  el “carrusel”, el “ratón loco”, la “urna embarazada”, las “casillas zapato”, la “operación tamal”; una y otra forma de sostener al partido cada seis años, a través del fraude electoral.
  
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Aun antes de que Lázaro Cárdenas terminara su periodo presidencial, el “Licenciado Ladrillo”, olvidando su pasado de niño burgues porfirista, que le había costado la muerte de su padre, se emparento con Adelina Hill, la hija de unos generales protagonistas de la Revolución Mexicana, a quien conoció bailando.



Se trataba de la hija de un caudillo militar que fue gobernador de Sonora y Secretario de Guerra y Marina, no estaba “¡nada mal¡”, poco le importaba si esa mujer ya había estado casada o tuviera hijos, después de todo bailaba bien, en la pista y en la cama, nada de convencionalismos religiosos y pecados de excomunión, la Ley de Carranza de Relaciones Familiares había legitimado en México el divorcio, así pues, él era abogado, él podía casarse y divorciarse las veces que quisiera, porque su actuar, no solamente era un derecho, sino que también, era muestra de una personalidad “abierta”, de “amplio criterio”, muy propio, de la nueva moral revolucionaria. De tal forma, que su octava lección sería: “casate con viejas que te permitan montarte no en ellas, sino en su medio”, máxima que podría parecerse a una recomendación de carácter pornográfico, pero que realmente no lo es, significa pues, una forma de ascender socialmente, de seguir escalando peldaños, en medio de una bola de pillos y rateros, que se decían “revolucionarios” y que gobernaban al país.

 Así su red de conocidos, se ampliaba más, al grado de escalar en el status, de la nueva clase gobernante.  El Licenciado Bernabé Jurado, era amigo del máximo líder obrero del país, pero también, conocido del expresidente Lázaro Cárdenas y además, yerno, de una de las familias distinguidas de la nueva clase gobernante que sustituyo al porfiriato. ¿Qué mas podía pedirle a la vida?. Seguir trabajando en su propio despacho y hacer negocios turbios con el jefe de la policía, para que le pasara la cartera de clientes a quienes detendrías para que él después, los defendería. Así la lana que recibía se dividiría en partes, una comisión al policía, otra para al ministerio público y la mayor parte para él. Pues el que parte y reparte, se queda con la mayor parte. Finalmente, la abogacía es sinónimo de astucia y de tranzar.

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Quizás de vez en cuando y distraerse en el cine, para ver en la pantalla grande a las actrices del cine nacional, no le caería nada mal, en pensar en cogérselas. Tendría entonces que armar un plan, para llegar a ese medio.

Bernabe Jurado como todas las mañanas lo primero que hacía era ejecutar ese plan, levantarse temprano, ir a su despacho, leer el periódico y estar actualizado de las últimas noticias. Así aprendió su octava lección, “no seas pendejo, lee, infórmate”.

La prensa no solamente reportaba, la derrota de los republicanos por los nacionalistas españoles encabezados por el “Caudillo” Francisco Franco, también hablaba del avance del ejercito nazi sobre Europa, la caída de Francia,  o los bombardeos de Inglaterra; también tenía notas del mundo de la farándula, lo que tanto le gustaba leer; las películas de la cartelera del cine nacional.  Conocer cuales serían las nuevas películas del productor Emilio “el Indio” Fernández,  así como seleccionar entre las actrices que le gustaría conocer, Susana Coria. ¡Su nueva presa¡. Novena lección: “¡Fijate un objetivo, trabaja y conquistalo¡”. 



Supo también, que el nuevo hombre del poder, no era ni siquiera ya el general Lázaro Cárdenas, quien solamente contaba con una autoridad moral irrefutable; ahora el nuevo dueño de México, no era tampoco, el presidente Manuel Ávila Camacho, sino su hermano, el gobernador de Puebla, Maximino. Quien después, sería designado Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas.


Para variar, tenía que hacerse presente en las corridas de toros en la “Monumental Plaza México”, no porque le gustara a esos putetes toreros que hacían sufrir al toro, “pobre buey”, sino porque ahí en la plaza, en las primeras gradas alcanzaba a distinguir a ese mundo de la farándula, veía por ejemplo a Jorge Negrete, María Félix, Mario Moreno “Cantinflas”, al “Indio” Fernández y desde luego, al flamante Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, siempre acompañado de cada viejerrón, entre ellas, Susana Cora.






Acercarce a Susana Cora, implicaba también, llegar al hombre del poder. No para pedirle una chamba, eso lo hace la gente pobre, “jodida”, sino para “ayudarle”, hacer sus negocios, pues la misión encomendada al Secretario, era nada  más, que industrializar al país. Resulta que la inversión pública se había multiplicado en diez veces, nunca como antes había entrado tanto dinero en el país, quizás gracias al petróleo que se le vendía a los americanos para que estos ingresaran a la guerra mundial. Fuera esa o no el motivo, había que construir en el Distrito Federal, campos deportivos, escuelas, plazas, mercados, pavimentación de calles, instalación de drenajes, colocación de luminarias; maravilloso, mil veces maravilloso, también había que construir las carreteras a Puebla, San Cristobal de las Casas, Ciudad Juárez, Laredo, Queretaro, León, Aguascalientes, Zacatecas, Durango; para volverse loco, millones y millones de pesos,  salpicaban de una y otra parte, nadie puede imaginarse la cantidad de dinero que todos esos negocios implicaba; lo que hacían que el Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, se volviera loco, narcisista, megalómano, que ya de por si era;  no había momento que desaprovechar, había que ir a sus fiestas donde conocería la “crema y nata” de la “intelectualidad mexicana”, personas excéntricas como Diego Rivera y Frida Khalo, empresarios cineastas como el “Indio” Fernández, lideres sindicales, como el mismísimo Mario Moreno “Cantinflas” que representaba éste a los trabajadores de la industria cinematográfica, uno que otro empresario de la industria de la radiodifusión que querían aumentar sus horizontes en la provincia mexicana, como Emilio Azcarraga Vidaurreta; conocer pues, quienes eran los directores de obra y los futuros contratistas, llámese Bernardo Quintana, compañía ICA o como quieran llamarse o cambiarse de nombre; conocer el importe de las “comisiones” y  allegarse de toda información, para poner en venta, la firma de un perito, de un ingeniero, o de un vendedor de terrenos; esa era sin duda alguna,  una actividad muy rentable, comprar hectáreas a bajo precio que luego serían expropiados en altas cantidades; asesorar a los contratistas para que previo pago de la comisión al Secretario, les fueran adjudicados cuantiosos contratos de obra, desde construir el mugroso kiosko o escuela en un chingado pueblo, hasta la autopista que cruzaría de extremo a extremo a todo el país; dinero hay para aventar, para hacer pachanga, para embriagarse con tanto pendejo ignorante, para conocer más y más personas y repartir tarjetas de presentación que dijera: “Bernabé Jurado. Abogado”. ¡Ahuevo chingao¡ Para eso se mata uno en la escuela, para sentarse en estas mesas y beber cuanto alcohol pueda uno, bailar con quien se pueda y ya al final, empiernarse con una que otra vieja.

Poro eso, conocer a la actriz no le causo ningún trabajo, desde joven Bernabé aprendió el arte de la seducción, entre ellos, conoció el secreto del  Casanova-Tenorio conquistador, “A las Putas trátalas como Damas y a las Damas, como si fueran unas Putas”, quizás y muy seguramente, esa sea la décima lección;  de la Merced, brincaría ahora porque no, a Hollywood. Así pues, Susana Cora sería su nueva esposa.    

Sin embargo, lo que nunca pensó Bernabé, es que las “putas” tienen también sus “padrotes” y que a veces, estos son más chingones que uno. Así que, en uno de esas “infidelidades”, Susana Cora acusó a su marido con su “padrote”, quien  era nada menos y nada más, que el hombre más poderoso de todo México, don Máximino Avila Camacho, el mismísimo Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas.

¡A chingar a su madre¡. ….llegaron los soldados al despacho de Bernabé y lo sacaron de este a la fuerza, nada pudo hacer con su insignificante pistola, ante la consigna del poderoso general y de los soldados que lo detuvieron, quienes lo deportaría a la “Siberia mexicana”, es decir a las Islas Marías.

Sin orden de aprehensión, sin haber cometido delito, más que haberse acostado con otra mujer que no fuera su esposa, pero ese no era un delito o una falta, simplemente era un desperdicio de pecado; el caso es, que Bernabé Jurado, el mejor abogado de todo México, vivió en carne propia ese autoritarismo mexicano, arbitrario, excesivo, violador de la Constitución y de las garantías individuales; ni con un amparo se salvaría, no le quedaría mas que inculcarse a sus santitos mexicanos y pedirle a esos “zardos”, que no lo mataran.
Bernabé Jurado fue castigado por el propio régimen a quien servía. Con quien le dio la carrera profesional de Licenciado en Derecho, con quien le enseño la forma de ganarse la vida, sirviendo de informante en las escuelas y después, en los sindicatos; con quien le enseño que la organización y la militancia sindical, era necesaria para la defensa de las “conquistas revolucionarias”, que realmente, era para hacer  fraudes electorales a favor del Partido y con ello, sostener a una bola e pendejetes lambiscones, igual de rateros que él, al servicio del Presidente en turno.

Sea una cosa u otra, ese mismo régimen también le enseño a Jurado, que si existía, era por ellos; y que se le perdonaban la vida, no era por diosito o la Virgen de Guadalupe, sino que también era por ellos. ¡Vete a la playa Bernabé¡. ¡Recapacita y valora tus acciones¡. ¡Aprende a respetar al adversario, a quien nunca debes subestimar”. ¡Para cabrón, cabrón y medio¡.  Acuerdate en tus horas de soledad, en la hamaca, en tu “celda”, esa pequeña casa de paja y de madera, de esa hermosa isla tropical, ahí con tus compañeros de prisión, ex lidersillos sindicales, agraristas, periodistas pseudorevolucioanrios, todos ellos comunistas agitadores que se habían rebelado al régimen;  acuérdate Bernabé de esta regla: “El sistema te hace, el sistema te solapa, el sistema también te destruye”. Onceava lección de vida. “Soy parte del sistema”. … ¡No te mataron¡. ¡Eres igual que ellos¡.   


Así pues, el mundo seguía en guerra, mientras que en México, don Máximino Avila Camacho entre fiesta y fiesta, continuaba con su negoció de “modernizar” a México, al mismo tiempo que el cine nacional florecía con las actuaciones de Jorge Negrete, María Félix, Dolores del Rio, Pedro Armendariz; el despacho de Bernabe Jurado seguía vacio, sin que apareciera su abogado titular: ¿A dónde fue?, ¿donde esta Bernabé?, ¿esta vivo o esta muerto?.  ¡No lo sé¡. - ¡Creo que desapareció¡ ….