domingo, 25 de enero de 2015

"EL LOMBROSO MEXICANO": ALFONSO QUIROZ CUARON



Hay historias que uno tiene que contar, que no pueden pasar jamás por desapercibidas, quizás nadie pueda entender la inmensa soledad de aquel estudiante de la Escuela Medico Militar, de nombre Alfonso Quiróz Cuaron, cuando se enfrento en aquella necropsia realizada en el anfiteatro de la escuela, sobre el cadáver de quien sería el último caudillo de la Revolución Mexicana: El general Alvaro Obregón.

Escucho por esos días, que su asesino era José León Toral, un fanático católico, pero sabía bien, que los resultados de la necropsia practicada aquel día, arrojaba resultados distintos. Sin duda alguna, múltiples orificios realizados por diversos calibres, era lo que tenía el cuerpo de Álvaro Obregón, lo que implicaba que la prensa mentía, jamás hubo un asesino solitario; las miles de personas que se formaban en Palacio Nacional para llorar y despedir a su líder, quien además iba a ser el próximo presidente, nunca sabrían la verdad, que él conocía.
 
 
 
Entonces Alfonso Quiroz Cuaron supo que su vida tenía un destino que cumplir; sería medico, porque esa era su vocación, pero también le tocaría presenciar los hechos históricos más importantes de aquella nación que se construía; y aunque no recordaba las batallas de su natal Ciudad Juárez, que encabezaba el general Francisco Villa, nunca olvidaría su primer contacto con el crimen y la muerte; los cadáveres colgados en los árboles y postes telegráficos; así como aquel soldado revolucionario que se encontraba abandonado en la calle, afuera de su casa, con el cráneo destrozado, siendo devorados sus sesos, por un asqueroso cerdo.

El joven de medicina acudiría a la biblioteca para seguir leyendo a Sigmund Freud; no habría mejor manera de aprender, pero también de olvidar un poco, aquellos recuerdos de sus años de estudiante de bachillerato, cuando su madre murió y después, el trágico crimen cometido en Tampico, en contra de su padre, un empleado ferrocarrilero, quien había sido asesinado por la espalda; supo entonces, que el asesino había sido examinado por dos médicos forenses, para determinar si estaba o no loco, fue entonces, cuando Alfonso, se dio cuenta, de que la medicina, el crimen y la personalidad del delincuente, tenían una estrecha relación.

Situación lamentable en la vida de un joven de 15 años, sin embargo, decisoria en su vida. Ingresaría a realizar sus prácticas profesionales en el Servicio Medico Forense del Distrito Federal y fue, gracias al apoyo de su tío, quien era funcionario del presidente Emilio Portes Gil, por el cual obtendría su primer empleo en calidad de mozo, en el Juzgado Cuarto Correccional que se encontraba en la cárcel de Belén.

Ese trabajo de oficina tan aburrido, para muchos, sin sentido y demasiado tedioso para un joven acostumbrado a ver cadáveres ya a estudiar homicidas; sin embargo, cuando terminaba de llenar los libros de “gobierno”, asentando en ellos la entradas y salida de la correspondencia y de las promociones que realizaban los abogados, no podía tampoco resistirse a la tentación de leer algunos expedientes relacionados con robos, homicidios, riñas. El mal siempre lo acompañaría, no era propiamente el “chisme” de conocer como se habían levado a cabo las conductas delictivas que conocía el juzgado, sino ir más allá, entender las pasiones humanas o mejor dicho los instintos animales de los delincuentes, característica de los seres humanos de las cuales, Freud, no se equivocaba.

Aquel joven, cambiaria de adscripción en el centro de trabajo, ahora trabajando formalmente en el Servicio Medico Forense, después se desempeño como enfermero especialista en el Departamento de Prevención Social de la Secretaria de Gobernación y luego, Jefe de la Sección Medico Psicológica del Centro de Observación del Tribunal de Menores, con un fabuloso sueldo de doscientos diez pesos mensuales. El joven adulto crecería profesionalmente, realizando prácticas profesionales en el Manicomio de la Castañeda y posteriormente, en la penitenciaria de Lecumberri, fue entonces cuando se percató que su formación escolar de médico se encontraba inconcluso, pero sim embargo, contaba con una experiencia totalmente diferente a la de sus colegas, pues tenía una experiencia de haber trabajado en juzgados penales.

Quizás eso fue lo que le valió al joven medico, para que acudiera a tener una entrevista con el Rector de la Universidad de México, Manuel Gómez Morín, para que le permitiera le fuera reconocido sus conocimientos, no de médico, tampoco de abogado, sino de criminólogo.

Resultaba obvio que las autoridades académicas de la Universidad Nacional tenían una profunda desconfianza de los conocimientos teóricos y prácticos que debía tener ese joven; sin embargo, este demostraba que en Italia, existían criminólogos, como lo era Cesar Lombroso y Enrico Ferri, por lo tanto, no tenía porque la Universidad demeritar su sapiencia. Después de algunos pequeños trámites de revalidación a sus estudios profesionales, finalmente le fue practicado su Examen profesional de “criminológo” en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, siendo el presidente de su sínodo, el ilustre profesor y juez penal Francisco González de la Vega.

Corría entonces el año de 1940. Habían transcurrido 12 años desde el día del magnicidio de Álvaro Obregón, cuando la Ciudad de México se volvió a sacudir con otra noticia. Un agente de la policía secreta de la Unión Soviética se había infiltrado en nuestro país, para darle muerte, en una casa de Coyoacán, a uno de los protagonistas de la revolución rusa, quien fuera el creador del “Ejercito Rojo”,  quien se encontraba además exiliado en México, Leon Trotsky.
 
 

Jaime Ramón Mercader del Rio, conocido como Jacques Mornard, fue el delincuente mas estudiado en la historia del país. Para ello, el Juez Penal con jurisdicción en Coyoacán,  Raúl Carranca y Trujillo, quien además era profesor de la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad de México, lo había designado como perito criminólogo, de forma conjunta con el doctor José Gómez Robleda.  Previa protesta del cargo, ambos profesionales procedieron a revisar minuciosamente las características físicas, sociales, psicológicas del señor Mercader, con el objeto de elaborarle un perfil criminológico que le permitiera al juez, imponerle una sentencia por su homicidio doloso. Más de 1,359 cuartillas, 972 horas de observación empleadas, y una de las tantas hipótesis centrales, de que el homicidio fuera ordenado directamente por el Dictador Soviético Iósif Stalin; horas y horas de entrevistas y test empleados, llegaron a una conclusión. Jaime Ramón Mercader del Rio, era un español catalán, periodista francés, que había combatido en la guerra civil española, instruido en espionaje y terrorismo en la Unión Soviética, pero también era un tipo mitómano; lo único cierto es que fue capaz de burlar a los más de 20 escoltas de Trotsky e introducirse a la oficina de éste, para descargar en cabeza un zapapico, que le partería la cabeza en dos partes.
 
 

La prensa mexicana de los años cuarenta, reportaba lo que ocurría en Europa, con la invasión nazi, los constantes bombardeos y las cruentas batallas; pero también, estas noticias pasaban en un segundo plano, cuando aparecía a la luz pública, un “criminal” del tamaño internacional de Mercader del Rio, o bien, cuando surgían personajes tétricos, como aquel “Jack Destripador” mexicano, un estudiante de química, que había asesinado a su novia y a tres prostitutas en un lapso de quince días, según para revivirlos, al extraerles de la columna vertebral un liquido que al inyectarlo en el corazón podían sobrevivir, tal como lo había hecho días antes con un conejo. Corría el año de 1942, cuando la policía mexicana logro capturar a Gregorio Cárdenas Hernández, conocido como “Goyo Cárdenas”, quien no se sabía si estaba consiente de sus actos, o estaba “loco”. El criminal todavía se atrevía a decir, que tenía pastillas para hacerse, el hombre invisible.

Entonces aquel reconocido criminólogo Quiroz Cuaron, le tocaba realizar análisis de la personalidad de estos criminales, como aquel señor de nombre Higinio Sobera de la Flor, conocido como el “Pelón Sobera”, un joven descendiente de una familia acomodada, que en un percance automovilístico, se le hizo fácil asesinar a un conductor el capitan Armando Lepe Ruiz, sólo porque le había dicho “guey”, además de no permitirle el paso; no obstante de que el vehículo en el que viajaba el asesino fue identificado, la policía no actuó, en virtud de tratarse de una persona, miembro de una familia prominente. Al día siguiente, Sobera de la Flor caminaba por Paseo de la Reforma y se le hizo fácil abordar un taxi y llevarse en éste, a una transeúnte que accidentalmente caminaba por la acera; ahí dentro del taxi, el criminal saco una pistola con el cual amenazo al conductor, despojándolo de su vehículo, para llevarse a su involuntaria pasajera, quien decía era su “novia”, a un hotel, donde la obligó a tener relaciones sexuales, para después asesinarla. Hecho lo anterior, le robo sus pertenencias y saco el cadáver, para tirarlo en un lugar recóndito de la Ciudad de México.
 
 

El caso es que el Dr. Alfonso Quiroz Cuarón era una personalidad reconocida en el medio, cuando le fue encomendado, participar con Eduardo Villaseñor, Director del Banco de México, en una oficina de inteligencias que diera, con un falsificador de billetes. el responsable de ellos, era Alfredo Héctor Donadieu alias “Enrico Samprieto”, finalmente el falsificador luego de andar falsificando billetes en Europa y América Latina, pudo ser detenido en 1948, su talento de dibujante, le permitía la artística habilidad de falsificar, cuanto documento le fuera de su interés, no se diga cualquier tipo de billete, incluyendo los “pesos mexicanos”.

El Doctor Quiroz Cuarón, participó en 1952, en la comisión que determinó que los restos descubiertos por la arqueóloga Eulalia Guzmán, localizados en Ixcateopan Guerrero, si correspondían a Cuauhtémoc; aunque bien otros arqueólogos, han señalado que dichos restos corresponden a ocho individuos y el cráneo a una mujer; quizás un desacierto o las ansias nacionalistas de reivindicar el glorioso pasado mexicano; cierto es, que no obstante ello, Alfonso Quiroz Cuarón, no sólo se distinguió por sus habilidades medico psicoanalíticas, sino también, por esa vocación policiaca de poder armar, móviles criminales, encontrar delincuentes, realizar investigaciones de antropología criminal; ya en los años 60’s, logra con su amigo el escritor Luis Spota, encontrar el paradero del misterioso escritos Bruno Traven, el cual, ni era Alemán, ni tampoco era Esperanza López Mateos, la hermana de expresidente de México Adolfo López Mateos, sino que era un estadounidense nacido en Chicago, de nombre Traven Torsvan Torsvan, quien vivía de incógnito, en Acapulco. Posteriormente en 1965, viaja comisionado por la Organización de Estados Americanos, a República Dominicana, con el objeto de determinar crímenes de guerra respecto al comportamiento de soldados marines americanos en su invasión en dicha isla.

En fin, el distinguido Doctor Quiroz Cuarón, no permitía que se le dijera “don”, como alguna vez, por educación hiciera un estudiante de la Facultad de Derecho nombre Sergio Rosas Romero, quien era su asesorado en una tesis profesional de cárceles americanas; el incidente, le valió, una fuerte reprimenda y abandonar a su suerte, al estudiante para que buscara a otro asesor que lo titulara; finalmente, quien tituló a este estudiante impertinente fue el profesor Arnoldo Martinez La Valle, un jurista bohemio, escritor de obras de teatro inéditas, que muriera en un accidente automovilístico; mientras que éste estudiante, termino titulándose con la tesis del “Uxorcidio”, posteriormente sería el Juez Penal de Coyoacán, donde alguna vez despachara Raúl Carranca y Trujillo, apunto estuvo de ser magistrado, cuando fue designado por la Junta de Gobierno de la UNAM, como Director de la ENEP Aragón, escuela de reciente creación, que se encontraba en un lugar inhóspito del norte de la Ciudad, además en una huelga estudiantil que había terminado por derrocar, a quien fuera su director fundador Pablo Ortiz Macedo.

Ya siendo un adulto maduro, el licenciado Sergio Rosas Romero al impartir cátedra de criminología en la ENEP Aragón, escuela donde por cierto, fue alumno de derecho, “Goyo Cárdenas”, el extrangulador de Tacuba, luego de que esta saliera del penal de Lecumberri tras más de 30 años de prisión y de haber sido galardonado y ovacionado en la Cámara de Diputados, como un ejemplo de un criminal regenerado y rehabilitado, proeza del sistema penitenciario mexicano; el profesor Rosas Romero, siempre platicaba a sus alumnos de confianza, esta anécdota, no la del misterioso alumno que se había regenerado, sino la del distinguido profesor criminólogo, que ni titulo profesional tenía, pero que sin embargo, era sin duda alguna, “El Lombroso Mexicano”.

Finalmente, el “Doctor” Alfonso Quiroz Cuarón, el cual, ni era abogado, pero tampoco medico, sino “criminólogo”, con toda esa cadena de experiencias vividas, se desempeño como profesor de la Facultad de Derecho en Ciudad Universitaria de la UNAM, impartiendo la materia de Medicina Legal, siendo además autor de una de sus obras, el cual constituye, libro de consulta básica para todo estudiante penalista.

Un día  de esos, el licenciado Luis Rodríguez Manzanera le entregó al doctor Quiroz Cuarón, un borrador de su obra “Criminología”, con el objeto de que escribiera su prologo. El doctor Quarón se quedó con el borrador del texto, y también con su prólogo inexistente. Ese mismo día al impartir clase en la Facultad, al explicar al grupo y mostrar las gráficas en el pizarrón, cayo fulminado, siendo sostenido por los alumnos de la primera fila, quienes lo cargaron y lo acostaron en el escritorio del salón, para que arriba de éste, pudiera descansar del desmayo. Después, con la urgencia que ameritaba el caso, fue traslado en ambulancia al Hospital Adolfo López Materos, donde pasó, los últimos minutos de su vida.

Entonces, en esa cama de hospital, el doctor Alfonso Quiróz Cuarón, volvió a ser aquel niño que caminaba por las calles de su natal Ciudad Juárez, viendo los cadáveres colgados en los postes de los trenes y aquel soldado del cráneo destrozado, devorado por aquel cerdo hambriento.

Volvió a ser el joven que corría por las calles de Tampico, el estudiante de la Escuela medico Militar, en aquella clase inolvidable de la necropsia del general Alvaro Obregón.

Había visto crecer a su país, como su padre, cobardemente asesinado no pudo jamás verlo; había visto crecer a la Universidad Nacional Autónoma de México, a sus profesores, alumnos; y también a las instituciones de aquel México moderno, que se construía aun con todos sus defectos, no se diga, el Servicio Medico Forense y obviamente, la Procuraduría General de Justicia.

En esos últimos minutos recordó sus primeros casos; los expedientes que leía en el juzgado, su primer caso relevante el asesino de Trosky, Mercader del Rio; luego se le vino a la mente, “Goyo Cárdenas”, el “Pelón Sobera”, el falsificador “Enrique Sampietri”, los soldados marines asesinos de Republica Dominicana….

¡El ilustre hombre, cerró sus ojos, abandonándonos a los que aquí vivimos¡.

 No fue testigo de los crímenes del Jefe de la Policía Arturo Durazo, ni tampoco de los “encajuelados” de la Procu del sismo del 85, ni del terrible jefe de la banda Ríos Galeana; tampoco vivió otros magnicidios, como el de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu; el tiempo paso, Quiroz Cuarón se fue, pero continúan los muertos acribillados, colgados, decapitados  y torturados por la guerra del narco, así como también, siguen sin poder identificar los 43 restos carbonizados presuntamente de estudiantes normalistas desaparecidos de Ayotzinapan Guerrero; es cuando entonces las voces de la academia aclaman en el cielo, el recuerdo de estos hombres que construyeron una nación, donde no existían las pruebas del ADN, ni del Carbono 14, más que la vieja técnica policiaca de Scherlock Holmes. ¿Dónde está Quiróz Cuarón?, ¿Dónde esta su espíritu?, ¿Quiénes serán los nuevos Alfonsos Quiroz Cuarón, que la humanidad espera?. ¿Aquellos ilustres hombres que en el campo de la academia y del servicio público, se dispongan enseñar a sus alumnos?.

¿Dónde esta Alfonso Quiroz Cuarón?. ….¿Donde?.