sábado, 18 de julio de 2015

LA HISTORIA DEL CHAPO (Tercera Parte)





Había salido de su celda en un carrito de lavado de ropa, conducido este por su cómplice, el custodio de nombre, Francisco Camberos alías el “Chito”, sólo así fue que salió de su celda y recorrió los pasillos del penal de máxima seguridad, que alojaba entre sus “huéspedes”, a más de los 508 prisioneros más peligrosos del país, entre ellos, el narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, alías el “Chapo”. La salida del penal quizás fue de lo misteriosamente fácil, los circuitos eléctricos estaban cortados o descompuestos, lo que permitió que las distintas rejas se fueran abriendo con facilidad; al ver los custodios que lo que el “Chito” transportaba en ese carrito, se habían cerciorado que no era más que “ropa sucia”, el caso es, que el carrito salió del Estacionamiento del penal y de ahí, ambos abordaron el vehículo, que condujo al reo a su libertad.

A las 11.35 de la noche, el Director del Penal había sido informado de la ausencia del preso Joaquín Guzmán Loera, los custodios procedieron a buscarlo celda por celda, habitación por habitación y clóset por closet; en los comedores, en los baños y en cada rincón del penal; había pues, el Chapo “desaparecido”.

Sesenta y tres custodios entre ellos el Director del Penal habían sido detenidos; antes de que amaneciera, la policía y el ejército procedieron a su búsqueda, catearon casas, ranchos, edificios públicos y no apareció el fugitivo.  Lo cierto es que a 8 kilómetros del penal, la Ciudad de Guadalajara, donde seguramente, la búsqueda sería más difícil, al grado tal, que por cada minuto, hora, día, semana, que transcurría, se volvería más difícil reaprehenderlo. Fue así que quedo ridiculizado el recién presidente Vicente Fox Quezada, podrido pues el sistema penitenciario, los policías, los custodios, el tan anhelado “Estado de Derecho”, que nunca llegaría con la “alternancia” democrática.

Más de 500 agentes especiales de la PGR, todo el ejército y la policía procedieron a buscarlo; las llamadas anónimas telefónicas que recibía la Policía Federal Preventiva, decían que andaba escondido en un poblado llamado Mazamitla cerca de Guadalajara, otros dijeron que estaba en Zinacantepetl Estado de México y otros más, dijeron que andaba en Iztapalapa Distrito Federal; aseguraban que nadie sabía donde andaba el capo fugitivo, unos dijeron que se había escondido en la sierra sinaloense, donde su compadre el “Mayo” Zambada, lo había rescatado. Lo cierto es, que en Bandiricuato Sinaloa le hicieron fiesta, al verlo tan contento por su euforia fugitiva.

Los sistemas de inteligencia del gobierno federal lograron capturar en la Ciudad de México, al hermano del Chapo, Arturo Guzmán, alías “El Pollo”, pero por muy que fuera que su hermano, este no era “El Chapo”; decían que éste andaba escondido en Cuernavaca, otros más aseguraban haberlo visto en la autopista de México-Toluca y otros decían que andaba escondido en un rancho, en las afueras de Santa Fe, Nayarit. Inclusive cuentan las anécdotas que en ese lugar organizó una fiesta donde se le vio muy contento y cuando finalmente, el ejército se movilizó para capturarlo, minutos antes había salido en un helicóptero, rumbo a un destino incierto.

¿Dónde estás Chapo?. Preguntaron los medios de comunicación, la prensa internacional, los agentes de la DEA, el FBI, la Interpool, así como del ejército nacional. Lo cierto es, que a cuatro meses de la fuga, el Chapo andaba en Toluca, en una reunión de trabajo con el hermano de su “expatrón”, Vicente Carrillo Fuentes, líder del “Cartel de Juárez”,  con su leal amigo, Ismael “El Mayo” Zambada, su cuñado Ignacio “Nacho” Coronel, “Azul “ Esparragosa, así como los hermanos Beltrán Leyva. Desde ahí, todos planearon sus siguientes objetivos. El primero de ellos, acabar de una vez por todas, con el cartel de los hermanos Arellano Félix, lo que no había podido hacer el gobierno priísta desde hace años; así como también, apoderarse también del cartel del Golfo, en control de un narcotraficante totalmente “desconocido” en el negocio, llamado Osiel Cárdenas Guillen, conocido como el “matamigos”.  El acuerdo pues, además de señalar sus metas empresariales, como lo eran controlar toda la frontera nacional con los Estados Unidos, abrir mercados en Bélice y Centroamérica; conformarían el “drem team” de la mafia mexicana, para dar origen, al “cartel del milenio”, llamada “La federación”.

Se llevara a cabo o no esa persecución en contra del Chapo, lo cierto es que los Hermanos Arellano Félix se dispusieron a emprender también por ellos, la búsqueda por capturar a su antiguo “colaborador” y hoy enemigo. Sabían que los asesinatos de algunos de sus lugartenientes y del Jefe de la Policía de Tijuana, habían sido ordenados por el “Chapo” y que inclusive, su amigo, el “Mayo” Zambada había estado recientemente en Tijuana. Sabían que este lo protegía y por lo tanto, había que acabar con éste, porque dando con él, darían con el “Chapo”. De tal forma, que Ramón Arellano Félix, confiando que esta vez no habría ningún “cardenal” que se interpusiera,  fue a su búsqueda e ingreso al puerto de Mazatlán donde seguramente lo encontraría, sin embargo, la policía municipal lo detectó luego de un “accidente de tránsito”, donde los municipales – seguramente pagados por el Chapo – terminaron asesinándolo.



Benjamín Arellano Félix, el “cerebro” de la organización, al darse cuenta lo ocurrido, convocó a una cumbre con sus demás socios, para emprender la ofensiva contra el Chapo, sin embargo resulto demasiado tarde, elementos del Ejército nacional lo habían capturado. Ya para marzo del 2002, el cartel de Tijuana, estaba prácticamente desarticulado, solo quedaba el hermano menor, Francisco Javier, alías “El Tigrillo”.

El primer objetivo del Chapo Guzmán y de su organización, “La Federación”, se había cumplido.

Por consiguiente, en búsqueda de su segundo objetivo, las fuerzas del Chapo fueron ocupando posiciones claves, no solamente controlaban ya Sinaloa, sino también la frontera de Tijuana, además de ser aliados del Cartel de Juárez, con lo que tendrían también asegurado el control de la segunda ciudad fronteriza más importante del país, Ciudad Juárez; ahora quedaría algo pendiente dentro de sus objetivos violentos, controlar la ciudad de Matamoros y con ello, someter al Cartel del Golfo”, en manos éste de un desconocido, pero temible, inteligente, cruel y despiadado, Osiel Cárdenas Guillen.

Para ese año 2002, a un año de su fuga, el “Chapo” andaba en Campeche y en el sureste de Tamaulipas, la tierra de Osiel Cárdenas Guillen; casualmente, la policía y el ejército no podían aprehenderlo, siempre llegaba a donde se encontraba éste, con un “ligero retraso”. Entonces Osiel Cárdenas supuso que el Chapo, se encontraba “protegido” y que detrás de toda esa movilización de policías y soldados en sus terruños, obedecía, no a capturar realmente al fugitivo del Chapo; sino capturarlo a él. De tal forma, que Osiel no sería una nueva presa, ni cometería los errores de los hermanos Arellano Félix. Si la ofensiva era ya de carácter militar, el contrataría “paramilitares” que lo defendieran.

No basto entonces que Osiel contactara a un desertor de apenas 23 años de edad, al que se autollamaba “El Z-1”, pero cuyo nombre era Arturo Guzmán Decena, para que este a su vez, le organizara un grupo de aproximadamente sesenta desertores del ejército que habían formado parte de un poderoso comando elite de las fuerzas armadas, “GAFE”, (Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales), un grupo armado que había sido entrenado por militares americanos e israelís, atléticos soldados formados para sobrevivir en la selva, en el desierto, en las peores condiciones climáticas y guerreras, parecidos a “Rambo”, verdaderas maquinas para matar. Decidieron estos llamarse, “Los Zetas”.   





Osiel Cárdenas Guillen, el cartel del Golfo, su hermano Ezequiel “Toni Tormentas” y Eduardo Costilla “El Cos”, organizaron la defensa del cartel en cada uno de los terrenos controlados por estos, solamente así podrían soportar la embestida del ejercito que se dedicaban a ocupar poblados, hacer retenes, realizar cateos. Inclusive, hasta de los agentes de la DEA y del FBI que estaban en su búsqueda, empleando ellos los mejores recursos tecnológicos para su captura.

Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, se dispuso también a organizar su propia ofensiva en contra del Cartel del Golfo, literalmente “sitiado”. Fue que a través de su amigo Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, se dedicó a formar su propio escuadrón de la muerte, apodados “Los Negros”, encabezados estos por un pandillero texano, de nombre Edgar Valdez Villareal, alias “La Barbie”, un despiadado “cobrador”, de muy buenos gustos, que reclutó pandilleros, muchos de ellos centroamericanos, provenientes de las “maras” salvadoreñas.



La muerte entre ambos grupos se daban en las ciudades de Nuevo Laredo, Reinosa, Matamoros; y cuando el ejército nacional intervenía, lo era, no para poner “el orden” entre ambos carteles, sino para capturar a un “pez gordo”, fue así que cayó el “Z-1” y posteriormente el objetivo principal, Osiel Cárdenas Guillen.


Entonces Joaquín “El Chapo” Guzmán se dispuso a celebrar el cumplimiento de sus segundos objetivos; en menos de dos años de su fuga, había acabado con los hermanos Arellano Félix, “El Cartel de Tijuana” y también, con Osiel Cárdenas Guillen “El Cartel del Golfo”; había que celebrar pues el control casi absoluto del país, sólo le faltaba apoderarse de Ciudad Juárez, en control de los hermanos Carrillo Fuentes y con ello, tener el control absoluto de la frontera más grande de todo el mundo: México-Estados Unidos.

Fue así, que “Los Negros” se dedicaron a cazar a Rodolfo Carrillo Fuentes, el hermano del difunto “Señor de los Cielos”, perseguido antes por los Arellano Félix y ahora “protegido” del Chapo, hombre escoltado y “protegido” que no pudo sobrevivir a la ráfaga de metralletas que destrozó su vida y la de su familia. Mientras que el otro Carrillo Fuentes, temeroso de su vida, huyó “abandonando” el negocio y el “Chapo” Guzmán, se convirtió entonces, en el cartel más poderoso de todo el país.  

Entonces no se conformó el “Chapo” con tener el control de la frontera. Tijuana-Ciudad Juárez-Matamoros”; ni haber acabado con sus antiguos patrones o enemigos;  ahora el “Chapo” debía ampliar el negocio a otros giros, igual de rentables, nada mejor que las “metanfetaminas”, fue así que se montaron laboratorios clandestinos en Colima, Nayarit y Michoacán y se exportaba la mercancía a la China, India y Tailandia; por otra parte, el mercado de la mariguana y la cocaína seguía inundado a las principales ciudades de los Estados Unidos, California, Texas, Georgia, Oklahoma, Lowa, Arkansas, Carolina del Norte y obviamente New York.  La droga se transportaba por las docenas de túneles subterráneos que conectaban México con los Estados Unidos, inclusive, se entregaba la “mercancía” por catapultas que se lanzaban desde México en enormes paquetes, los cuales serían recogidos en el suelo americano por el personal al servicio del cartel. Así de esa forma, el “Chapo” Guzmán logró “coronar” su merca y traspasar la frontera del país más poderoso del mundo, gracias a su ingenio y a la tecnología militar romana de hace más de dos mil años.

El “Chapo” se convirtió en Max Aragón o el Gilberto Osuna o en cualquier otro nombre, con el cual monto diversas empresas comercializadoras y constructoras, logrando colocar fuertes inversiones en sus empresas, los cuales le reportaban importantes “activos”; muchos de ellos, gracias al Banco Hongkong and Shanghai Banking Corporation of Hong Kong”, más conocido como el Banco “HSBC.  De esa forma, sin habérselo propuesto, se convertiría en uno de los hombres más ricos del mundo.



El presidente Vicente Fox terminaría su sexenio en diciembre del 2006, con la vergonzosa “fuga” del “Chapo” Guzmán.  Había logrado capturar a Benjamín Arellano Félix y a Osiel Cárdenas Guillen, sin embargo, mucho se rumoraba de la protección que se la había dado al “Chapo”, tanto para haberse “fugado” en uno de las prisiones de “máxima seguridad”,  como para sustraerse de la acción de la justicia.

Fue entonces que el Presidente Fox comisionó al General Rolando Eugenio Hidalgo Eddy como Jefe de la Novena Zona Militar con la importante encomienda, de capturar al poderoso narcotraficante.



Hubo quienes dudaron de la integridad del militar, acusado en otros tiempos de haber resguardado y después “descubierto” el Rancho "Búfalo" propiedad del narcotraficante convicto Rafael “Caro” Quintero, así como de haber sido intermediario, entre el capo Amado carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos” y el general Gutiérrez Rebollo, cuando fue éste el Comisionado del Instituto Nacional del Combate contra las Drogas.

El general juro que atraparía al “Chapo”, para sólo así “limpiar” su imagen. Por ello, decidió colaborar estrechamente con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la DEA, a fin de recibir la información financiera y tecnológica que le permitiera capturar al fugitivo criminal. Allanó y decomiso algunos inmuebles, donde se realizaban operaciones financieras, también cerro pistas de aterrizaje clandestinas y se dispuso a recorrer metro por metro, de cada de los pueblos y montañas de Durango y Sinaloa; al extremo tal, que llegó a sitiar el pueblo del Chapo, Badiraguato, Santiago de los Caballeros, La Tuna, Tamazula, Topia y Canelas, pero no aparecía por ninguna parte el poderoso criminal. No bastaron los cercos, los cateos clandestinos, los allanamientos de viviendas, las redadas de salones de bailes, ni los “retenes” establecidos, para poder capturar a lo que ya se estaba convirtiendo, en el narcotraficante más poderoso de todo el país. Es más, al general tan poco le importaba las quejas por violaciones a los derechos humanos cometidos por la soldadesca y que ya era de conocimiento del ombudsman; poco le importo al general respetar la Constitución, en miras de poder cumplir su anhelado objetivo: ¡Capturar al “Chapo”¡.  

A suspender bailes, a censurar narcocorridos, hacer todo lo posible que la “narcocultura” no se expandiera en el territorio patrio; hacer todo lo posible para capturar al desvergonzado narcotraficante, que todo el “mundo veía”, pero que la policía y sus soldados, “no podían agarrarlo”.

Mientras la campaña electoral del 2006 adquiría un “tono” más fuerte, en contra de lo que parecía ser el triunfo del candidato de la “izquierda” Andrés Manuel López Obrador, el general Eddy endureció su postura y decidió acosar a la madre de Joaquín Guzmán Loera. Decidió pues, emprender un operativo contra la madre del Chapo, donde según se escondía, después de buscarlo y no encontrarlo, el ejercito abandono la posición, no sin antes de destruir el rancho. Finalmente, ser la madre del narcotraficante más buscado de todo el país, no era delito alguno.

Molestó el “Chapo” Guzmán por las fechorías del militar, contraatacó, hombres de su confianza, le tiraron a las puertas del cuartel, las cabezas de sus “informantes”, desde luego, con un “recadito” para el general.



Este enfureció, supo entonces que el Chapo Guzmán se encontraba en un rancho de Sinaloa Leyva, a faldas de la sierra, esta vez sí lo capturaría, movilizaría a sus tropas para atacar el pueblo, pero cuando llegó a la finca, nuevamente se había escapado.

El general había fracasado y no pudo jamás, “limpiar” su imagen. Tuvo que ser removido por las constantes quejas que había en contra suya. El “Chapo” había ganado.

Joaquín Guzmán parecía tener a sus enemigos controlados, cuando sufrió un importante golpe. Desde la cárcel de La Palma (antes llamada “Almoloya”), dos reos enemigos del “Chapo” coincidieron. Benjamín Arellano Felix y Osiel Cárdenas de Guillen;  ambos acordaron asesinar a su compañero de prisión Arturo Guzmán Loera, alías “El Pollo”.  Sin embargo, las investigaciones señalaron como responsable del homicidio, a uno de los hermanos de los Carrillo Fuentes. “El que hierro mata, a hierro muere”.

Muerto el hermano del Chapo, ocurrirían otros dos golpes, el primero de ellos la detención arbitraria de su otro hermano Miguel Ángel, aprehendido en una fiesta de quince años, sin prueba alguna; y el otro golpe, la detención de su hijo Iván Archivaldo alias “El Chapito”, acusado y sentenciado de lavar dinero en el nombre de su padre.



Los tiempos cambiarían ahora. Felipe Calderón Hinojosa llegaría a la Presidencia de México en medio de una crisis política en la que se cuestionaba su legitimidad por las polémicas elecciones del 2 de julio. El Presidente no dudo de ejercer sus facultades constitucionales y de emprender, una “guerra” contra el narcotráfico. Fue entonces que se vistió con la casaca militar y ordenó a su nuevo Secretario de la Defensa Nacional, dispusiera de todos los recursos humanos y materiales que tuvieran a su alcance, para acabar con el narcotráfico en México.

Jose Luis Santiago Vasconcelos, su Jefe de la Unidad Especial contra la Delincuencia Organizada, la SIEDO, atento a las instrucciones comenzó a diseñar, la captura del Chapo. Cumpliría este seis años de haberse fugado.

“¡Hay Chapo¡ ….huye. ¡Que te quieren agarrar¡.