sábado, 15 de agosto de 2015

LAS LECCIONES DE BERNABÉ JURADO (Cuarta Parte)


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No dejaría jamás desamparada a las mujeres que más amo en mi vida. Mi madre y mi hermana.  Pero tampoco como iba dejar sola a esa bizcochito. Era la hija del Embajador de México en Brasil, don Chema Dávila, la niña había crecido tanto, que cuando regreso al país, era una hermosa señorita.

Fácil impresionar a una niña, más cuando se tiene veinte años de vida en el camino recorrido. Vestir bien, oler bien y estar siempre bien; y el secreto, tratarla como lo que era, una reina. -  ¡Hay Baby¡. – tan chula, tan preciosa, tan inocente, nada mejor que casarse con ella, para tenerla en el mejor castillo de fantasía y ser por siempre, el príncipe azul que diariamente la seduciera.

Era obvio que la familia se opuso, pero quien podía oponérsele al mejor licenciado en todo México. Y si bien, este sería su tercer matrimonio, cierto también era, que realmente, nunca se había casado por la Iglesia. Que mejor muestra de sellar la nupcia matrimonial, que con las leyes de dios. Solamente así, fue que la suegra cedió. ¡Total¡. Puedes pecar en esta vida las veces que quiere y al final de tus días te arrepientes; al menos Bernabé, nunca se arrepentiría de comerse todas las noches a su querida “Baby”.  



Dieciseava lección de vida. “Casarse por la Iglesia es una gran decisión”. En verdad, no sabía que tan importante era cumplir con ese sacramento. Que mejor hacerlo con el Arzobispo de la Ciudad de México,  hacer la fiesta en grande, invitar a los amigos y después irse de luna de miel a New York.

Besarla, pasearla y luego platicar con ella y darse cuenta, en balde tanto viaje con su Señor Padre; una mujer que de cultura, no sabía nada, vaya, ni los cuadros de Diego Rivera que le regalaba.

Luego vendrían los desayunos, que por cierto, la mujer no sabía ni hacer ni un triste huevo, ni unos chilaquiles. ¡Como extraño a mi madre, mi hermana guisa mejor, pinche vieja golfa¡.   Una mujer empalagádoramente consentida. En fin, nada mejor que ubicarla en la realidad, la de ser la esposa, mujer, mil veces mujer, sólo para atender las cuestiones familiares; sus viajes a Brasil o a Estados Unidos, le habían hecho mucho mal;  no entendía por caprichosa, chillona, berrinchura; las palabras serias se convirtieron después en discusiones severas, después en gritos e injurias. Cuantas ganas de golpearla y educarla a golpes, mentarle la madre y ya después, quizás apapacharla; para desquitar el coraje, que mejor que sacar la pistola y echar bala, para  perfeccionar  la puntería. No hay mejor arma que la pistola, mejor técnica de estrategia familiar que la intimidación, unos buenos madrazos a la mujer para demostrarle quien manda, nada de lesiones ni de delitos, “es mi vieja y puedo hacer con ella, lo que se me venga la gana, si quiero decirle pendeja  digo pendeja y si la quiero madrear, también la madreo. Nadie me detiene, los pinches policías, ministerios públicos y jueces, toditos ellos me la pelan”.

Los fines de semana se hicieron para estar con los cuates, ir a las cantinas y saludar a los jueces, magistrados y ministerios públicos, invitarles la copa y después, ir a los cabarets de la Colonia Guerrero, para darse uno cuenta, que hay mejores viejas que las que puede tener uno en casa. Comprar un instante de amor y también perfeccionar las estrategias de seducción, un cigarro, una copa, un poema, unas flores, una frase encantadora, el arte de la seducción que facilita un buen carro, un buen hotel, y después, la cruda realidad.

Regresar a casa todo besuqueado y borracho, prender las luces y darse cuenta, del tiradero, que todos los trajes sastres de casimir, de tela inglesa, de esos que dan la gallardía y la presencia que el jurisconsulto representa, verlos todos quemados, rotos, tirados los  zapatos, los  pantalones, las playeras, las camisas; rotas, sus corbatas de seda, tirados en el piso, sus mancuernillas, sus plumas, sus anillos; “¡Jija de su chingada madre, ahora si la mato. ¡maldita cabrona, te me vas a la chingada¡”.

La Baby, no era tan babosa como parecía; se fugo de la casa y jamás regresó; entonces, Bernabé Jurado se divorció.


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Calle de Madero 17, despacho 221, teléfono 21-08-00, es ahí donde se puede ubicar el despacho del Licenciado Bernabé Jurado, con cédula profesional 29677. El licenciado Jurado tiene mucha experiencia, no dudaría que es el mejor abogado de todo México. Solamente él, puede hacer este trabajo.

Puede encontrársele también, en los juzgados penales que se encuentran en la Penitenciaria de Lecumberri.  Es un hombre alto, bien parecido, de buenos trajes, que cuando habla, inspira temor y seguridad; el señor cobra lo que vale, porque lo sabe.

Diecisieteava lección de vida: “¡Siempre hay alguien que te busca¡”, que ha escuchado de ti, que sabe de ti, muchas cosas, de las cuales, ni siquiera te imaginas. En verdad, no sabes en qué momento de tu vida, puedes ser importante para otras personas.

Eran los agentes de la Dirección Federal de Seguridad. La policía secreta que vigilaba a los enemigos del régimen, quienes le proporcionaban diariamente al presidente Miguel Alemán Valdez, información veraz y confiable.

Para esos días Bernabé Jurado se había convertido en el abogado de los hermanos Hugo y Arturo Izquierdo  Ebrard, quienes se encontraban ubicados estos en la crujía “I” en la “i”, de “influyentes. Un penal saturado con más de mil reos, pero que podía darse el lujo de tener celdas privadas que alojara a lo mejor de la sociedad criminal mexicana. Los hermanos izquierdo Ebrard provenían de Sinaloa, dedicados a la siembra de la amapola; eran “gomeros”, además de ser tipos de confianza de los terratenientes de ese lugar. – “ ¡Claro que los conozco¡. Cuando salí de las Islas Marías visite esas tierras. Ahí conocí mucha gente, por cierto a un comandante de la policía judicial, de nombre desconocido, se me olvido su nombre, pero muy cabrón el canijo”.

Los hermanos izquierdo Ebrard, habían asesinado al Senador Mario Angulo, aquel día 17 de febrero de 1948, cuando este se disponía a salir del baño de vapor. Todos los vieron.  La prensa dio nota del asesinato cometido al legislador de la República. Seis días después del terrible asesinato, la Comisión Permanente presidida por el Senador del Estado de Puebla, el Licenciado Gustavo Díaz Ordaz, proclamaba un elocuente discurso recordando del ilustre mexicano, se refería desde luego, al expresidente Francisco I. Madero.

Fueron ellos. ¡Si lo matamos¡. Dijeron los sicarios con tanto orgullo, además de presumir, que eran muy influyentes, “no saben con quién se están metiendo”.  El Ministerio Público demostró con elementos suficientes, el cuerpo del delito y la probable responsabilidad de los inculpados. El juez emitió sentencia condenándolos a veinte años y la Sala, hizo lo mismo, confirmando la pena. – Sólo quedaba el amparo – dijo el abogado. Debe quedar bien hecho, porque conocerá del mismo, los ministros de la Suprema Corte; los honorarios ya saben, van siempre por adelantado.

La prensa empezó a dar nota sobre el juicio penal contra los temibles sicarios, los cuales habían posado siempre en las rejillas de prácticas con su peculiar sonrisa. - ¡Vamos a salir libres¡. – Los flashes de las cámaras captaban los mejores momentos de estos peculiares criminales.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación sesionó y sus ministros, Rafael Matos Escobedo y Luis Chico Gorne, entre otros, expusieron los motivos, contra toda lógica y actuaciones del proceso, respecto a las violaciones al debido proceso en que había incurrido el Representante Social, así como los motivos y fundamentos legales, por  los cuales,  los hermanos  Hugo y Arturo Izquierdo Ebrard, merecían el amparo y la protección de la Justicia de la Unión.

Bernabé Jurado celebró con júbilo, lo que había sido el amparo de su vida. Haber sacado a unos asesinos de la cárcel, más aun, a los asesinos de quien fuera Senador de la República, un político de renombre, exdiputado, exsenador, exgobernador de Tlaxcala;  con ello, Jurado demostraba su capacidad argumentativa de buen abogado; ahora si, ganándose a pulso, el titulo de “Abogado del Diablo”. Algunas entrevistas a reporteros de La Prensa, con el cual, enaltecía la imparcialidad y autonomía de nuestros tribunales.  

– “Vendidos” – sostuvo el Agente del Ministerio Publico, los jueces y los magistrados quienes habían sentenciado a los sicarios y que ahora, se encontraban desalentados y temerosos, por haber cumplido honradamente su trabajo; todos ellos  no podían dar crédito, como los Ministros de la Corte, habían cedido a los sobornos de tan vulgares sicarios.  ¿Pues en qué país vivimos?. ¡A que niveles llegaba la corrupción¡. Esa no es la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es la Suprema Corte y Confección, nefastos corruptos, pinches ministros puercos.



Bernabé Jurado cobró sus honorarios por tan estupendo amparo promovido. Acudió a unas oficinas “escondidas” que se encontraban en Plaza de la República N° 6, tercer piso, frente al Monumento a la Revolución; lugar donde fue recibido por el Teniente Coronel Marcelino Inurreta de la Fuente.

Ahí frente a sus escritorio, el quien fuera Director de la Federal de Seguridad y viendo en la pared, la fotografía oficial del Presidente, le hizo entrega un portafolio, el cual contenía paquetes de billetes de diversas denominaciones. Bernabé Jurado recogió el portafolio, sonrió y con su habitual elegancia, estiro la mano al encargado de la seguridad nacional de todo el país, para refrendarle sus servicios al Presidente de la República;  y  es que, lo que la prensa no sabía, era que los hermanos Hugo y Arturo Izquierdo  Ebrard, habían sido años atrás, guardaespaldas del Licenciado Miguel Alemán Valdés. No solamente habían sido sus escoltas, sino que también, eran agentes de dicha Corporación.

-       Vigilen a ese hombre .- instruyo el Teniente Coronel a sus capitanes Luis de la Barrera Moreno y a Fernando Gutiérrez Barrios, este último, alias “El Pollo”. 

Bernabé Jurado supo que la policía lo seguía a todas horas. Supo lo importante que era para el régimen al que estaba sirviendo. Y como no, después de todo, el Presidente Miguel Alemán Valdés, si tenía palabra.

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¿Qué hacer con tanta lana?. – Se preguntaba Bernabé Jurado. - ¿Comprarse un titulo nobiliario?. - ¡Claro que no¡. En México no existe la nobleza, pero si existen las familias de alcurnia. Familias, que han gobernado desde los tiempos coloniales y seguirán gobernando, aun y con toda gesta revolucionaria.

¿Pero que familias son?. Conozco muchos, pero me hace falta elaborar algo así como un árbol genealógico. Entonces, Carlos González López Negrete, alias “El Duque de Otranto”, un periodista especializado en Sociales, le explicó a Bernabé Jurado, los nombres y apellidos de algunas importantes familias.

Arrigunaga, Arbide Bolaños, Iñarritu, Lascuraín, Braniff, Zuckerman, de Martino, Icazbalceta, Azcarraga, Ayub; todos ellos viven en Chapultepec Hights, otros en Polanco, Lindavista, Pedregal; es cuestión de acercarse a ellos y empezar hacer relaciones sociales, pues los conocidos de uno, conocen a otros y estos a su vez, no los conoces, pero ellos a ti si, algo un poco complicado, pero así funciona, en México, es una especie de nobleza “invisible”, una mezcla de la vieja aristocracia porfirista, con la clase revolucionaria venida a más.

Dieciochoava lección e vida: “Haz  redes sociales”. Que todos te conozcan, que todos sepan de ti, hazte público, hazte evidente, que hablen bien o mal de ti, pero que hablan, nada peor que la indiferencia; sino sales en la foto, es que no existes; y si no existes, no eres importante, nadie  te contratara, nadie creerá en ti; hazte fama, muéstrate, que te vean y después de eso, ponte a cobrar.

Bernabé Jurado se rió. – Yo también vengo de una familia porfiriana – formó parte de esa elite, he crecido con ello y me he desenvuelto, pero nunca lo había pensado.

Observa a los “nuevos ricos”, - le dijo el periodista -  están surgiendo ahora con el gobierno de Miguel Alemán, ve y lee algunas revistas de política, espectáculos, deportes, que están saliendo.  Ve como  el Director del IMSS Antonio Díaz Lombardo, o el Secretario de Hacienda Ramón Beteta, el Jefe del Departamento del Distrito Federal Fernando Casas Alemán o el Gobernador del Estado de México Alfredo del Mazo Vélez, más  otros cuarenta ladrones, se están haciendo millonarios, robando a manos llenas y lo peor de todo, es que su jefe el Presidente de la República, los encubre, los solapa, porque es igual de ratero.

Moralidad en este régimen, ¡jajajaja¡; don Maximino murió, pero dejo su escuela; a seguir construyendo obras y más obras, México crece y hasta rascacielos ya tendremos como la Ciudad de New York; el país crece, se industrializa, se construyen presas, caminos, autopistas, una Ciudad Universitaria y hasta el próximo aeropuerto de la Ciudad de México.
Esa nobleza mexicana controla todo, el cine, la literatura, la política, el deporte, todo absolutamente todo; inclusive, hasta en el medio que te desenvuelves, ¿ya investigaste, quienes son tu competencia?.

El mundo de la cultura lo dirige Salvador Novo, la artisteada intelectual la preside Diego Rivera; el mundo del cine, el “Indio” Fernández, el mundo del deporte, Humberto Mariles y Joaquin Capilla; los nuevos empresarios a quien no hay que perder de vista, es a Romulo O’farril y Emilio Azcarraga Vidaurreta.

Bernabé Jurado, se quedo callado y pensando; toda su vida había prestado sus servicios de abogado, sin conciencia alguna de que él era su propio personaje. Había vivido sólo por vivir, pero nunca se había puesto pensar, que ahora tendría que vivir con sentido, con  destino, con un camino determinado. ¿A dónde quieres llegar?. ¿Cómo quieres que te recuerda?.

Quizás en su eterna adolescencia Bernabé no supo que personaje sería, ya había hecho muchas chingaderas y todavía le faltaba la mitad de su vida, para seguir haciéndolas.

-       ¡Güero” , pinche güero, te estoy llamado.- Llamó telefónicamente Bernabé a su amigo Eduardo Téllez, reportero de La Prensa.

-       Te voy a dar una comisión de mis asuntos, pero tienes que hablar de mi cabrón.  Tienes que decir, que soy el abogado más cabrón, el más chingón, el más galán y  madriador de todos. Quiero que todo México sepa, quien es Bernabé Jurado. ¿Oíste cabrón?.

Me vale madres si el pinche país está gobernado por cínicos rateros; me vale madres, si el presidente Alemán ha traicionado a la Revolución; yo sólo quiero que hables de mi, que los encabezados de tu periódico haga referencia de mi personalidad, de mi imagen, de mis escándalos, de mis mujeres, de mis clientes, de mis juicios; quiero que me hagas publicidad y sepan, que en el caso más polémico de todos, en ese, lo está litigando  Bernabé Jurado y ningún otro cabrón, entendiste pinche “güero”. … ¿si entendiste?.

Bernabé no se había dado cuenta, de que también formaba parte, de esa nobleza mexicana, o al menos, quería formar parte de ella.

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¿Un periodista muerto?. ¡Claro¡. ¿Quién lo mando estar de bocón  denunciando los palacetes de los colaboradores del Presidente Alemán Valdés y más aun, haciendo criticas también a la máxima central obrera de todo el país, la CTM.

Bernabé Jurado salía a la vida pública, defendiendo al presunto asesino del periodista Fernando Sánchez Bretón, lo mataron  si, pero no había sido Roberto Batillas, el no estaba en el lugar de los hechos, andaba en otro lado, el día y la hora que ocurrieron los hechos.

La sentencia, era de esperarse, salió favorable. Las violaciones a los principios de legalidad eran notorios, el Ministerio Público había actuado dolosamente contra un pobre inocente.
Ganado el juicio y repetido nuevamente su hazaña de haber obtenido la libertad de un sicario, acudió nuevamente a la oficina del Director Federal de Seguridad, para pasar a saludar al  Teniente Coronel Marcelino Inurreta y recibirle de este, otro portafolio.

Dinero y más dinero, mientras el periodista mexicano estaba siendo enterrado, su familia llorándole y el expediente ministerial luego se archivara, en otro lugar de la Ciudad, se encontraba algún borracho, perdido entre las copas; así son las cosas, diecinueveava lección de vida: “El muerto al pozo y el vivo al gozo”.

Y el sicario, ¿los hermanos Ebrard?, bien gracias, cumpliendo otros trabajitos.


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Chulada de mujer esa Alma Viderique, rostro de una belleza indescriptible. Claro que me caso con ella. ¡Total¡. Una vieja más. El encanto termino el día que la lleve a bailar al Nocturno Astoria, donde cantaba “El Gitano Señorón” Juan Legido y su orquesta, “Los Churumbeles de España”. La nueva esposa de Bernabé lo escuchó y lo miró, había quedado cautivada.

Juan Legido se sentó en la mesa donde se encontraba Bernabé Jurado y aceptó un pequeño brindis que este le había ofrecido. Tanto él como su esposa Alma platicaron y después, para sorpresa de Bernabé, ya estaban bailando. Se estaban enamorando.

Bernabé Jurado salió indignado del Salón y se dirigió a su casa, llegando a esta, abrió el closet y sacó la ropa de quien fuera su esposa; a la chingada pinche vieja, ninguna puta se va reír de mi.

¡Bernabé se volvió a divorciar¡

Vigésima lección de vida, “nunca prestes a tu mujer”.


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¡Claro que es una ratota de dos patas¡. No tiene madre ese cabrón. Cuando fue Gobernador de Veracruz, compró varias acciones a la empresa petrolera El Águila y ahora resultaba que parte de la lana con la que se pagaba la indemnización a las empresas petroleras, las cuales  fueron expropiadas por el expresidente Lázaro Cárdenas, parte de ese dinero, se destinaba a los bolsillos del ahora presidente Miguel Alemán.   ¡Jijo de la chingada¡.

Otros en cambio decían que los americanos no habían resentido la expropiación, porque para eso, habían impuesto a su “pelele”, quien alguna vez fuera su empleado y a quien habían hecho gobernador y luego presidente.



Compró los terrenos al norte del Distrito Federal y estaba edificando “Ciudad Satélite”, lo mismo con los fraccionamientos de las colonias Polanco y Anzures; no se diga también Cuernavaca y la construcción del mejor paraíso terrenal de todo el mundo: Acapulco.

¡En fin¡. Después de recorrer la autopista y pasear por La Costera Miguel Alemán, fue que Bernabé conoció a una gringuita. ¡Pinche güera¡. No sabía ni preparar un sándwich, pero que bien le enseñaba ingles.

Entre beso y beso y entre copa de vino y vino, Bernabé conoció después a otra bella mujer. Esa si era un mujerón, una brasileña exótica, sensual, de voz melodiosa, llamada Rosina Pagán. ¡Qué rico besaba y cogía la muy cabrona¡. Pero se tuvo que regresar a Brasil a cuidar a su mamá.

¡Y Bernabé tan sólo¡. …gastando dinero y más dinero.


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¡Ernesto Uruchurtu¡. Pinche regente tan puto. ¡Ya quiere cerrar todas los congales¡. Pero hay otro tipo de puteros de mayor categoría, a donde asisten los hombres de la nobleza mexicana. Ahí encontrara a las mujeres más caras de todo el país. Ninón Sevilla, Meche Barba, Rosita Fornes, Rosa Carmina y María Antonieta Pons. 

¿Quién crees quien es mi nueva cliente pinche Güero”?. Rosita Fornes, la muy canija se quiere divorciar de su marido Manuel Medel. ¿Qué quien es Rosita Fornes?. ¡Pendejo¡, es la rumbera que sale en las películas de Tin-Tan. ¡Esa mera¡.




Manuel Medel era uno de los empresarios del mundo de la farándula de mayor influencia en todo el país.  Era dueño del  teatro “El Tivoli” y entre sus amistades, se encontraba  el influyente Mario Moreno “Cantinflas”, aunque este decía que no era cierto, que don Manuel era un tipo de lo más insoportable, ya para que lo dijera “Cantinflas” era porque realmente lo era. Sin embargo para Rosita Fornes, Manuel Medel era el tipo más prepotente que había conocido y del cual también enamorado, pero que ahora la insultaba constantemente, de puta no la bajaba.

El caso es que Bernabé Jurado se designaría como el apoderado legal de Rosita Fornes y aprovechando sus amistades, entre ellas el Juez Civil con cabecera en Yautepec Morelos, le solicito a este, decretara el divorcio del matrimonio civil celebrado entre Manuel Medel y Rosita Fornes, así como la perdida de la patria potestad y la guardia y custodia de la menor, a favor de la madre. El Juez Civil sin haber hecho el emplazamiento al demandado, de forma indebida, motivado más por la amistad que por el derecho, concedió el divorcio.

Hecho lo anterior, Bernabé  tramitó el pasaporte y visa de la menor, para que la niña pudiera salir del país, con destino a Cuba,  cuando de repente, fue emplazado en su despacho, en calidad de “tercero perjudicado” por el Juez Segundo de Distrito en Materia Civil; resulta pues que su oponente, era nada más que el reconocidísimo Licenciado Víctor Velásquez, abogado de Manuel Medel.

¿Quién era ese Víctor Velásquez? Decían que era el mejor abogado de todo México, porque había defendido con éxito a 88 condenados a muerte, cuando  en México todavía existían la pena de muerte y también, los jurados populares. ¡Velásquez, si una familia de abolengo¡, nada que ver con el pinche lechero líder de la CTM, esos Velásquez rastraban la alcurnia desde la época de don Porfirio. Toda una tradición de los abogados del corte romano ciceronesco, pero que de todos modos, a Bernabé se la pelaban. ¡Sin tanto leer¡.

El Juez Segundo de Distrito del Distrito Federal había fallado a favor de Manuel Medel, no por a falta de competencia del Juez de Yautepec, sino por la falta de haberse cumplido las formalidades esenciales del procedimiento; lo que dice el artículo 14 constitucional, ese  fue el motivo principal por el cual el amparo  anuló la sentencia del divorcio y por consiguiente, los efectos de la misma. Ahora la niña del matrimonio no podía salir del país, sin el consentimiento del padre y mientras tanto, Bernabé ya se había chingado de la mitad de la lana.

La cosas salieron mal, no era para que así salieran, pero así fue. Rosita Fornes tenía que salir del país con su hija, antes de que le cancelaran la visa. Así que Bernabé Jurado busco a su clienta y le pidió que armara una maleta y se llevara a su hija de una vez por siempre; para mayor seguridad, las metió a la cajuela de su carro y salió de la ciudad, conduciendo  a toda velocidad, por la reciente autopista panamericana, hasta finalmente llegar a la frontera norte, donde logró cruzar a los Estados Unidos. 

-       Ahora si salga …¡Vaya a Cuba y no regrese¡.- Dijo Bernabé después de prender un cigarro.

-       No entiendo abogado, - salió Rosita Fornes un poco confundía - ¿es cierto que se perdió el juicio?.¡Sigo sin entender¡, ¿que significa que se dejó sin efectos el divorcio?  ¿Estoy o no divorciada de mi esposo Manuel Medel?.

-       Quería usted que la divorciara, le diera la guarda y custodia de su hija y además, que la sacara del país.

-       Si, así es.

-       Entonces ya está. ….¡Págueme lo que falta¡.

Vigésima primera lección: “Un abogado, siempre cumple su palabra”.



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Calle de Madero 17, despacho 221, teléfono 21-08-00, - otra vez -  es ahí donde se puede ubicar el despacho del Licenciado Bernabé Jurado, el licenciado Jurado tiene mucha experiencia, sin duda alguna, “es un chingón”, dice la gente del inframundo,  “me debe muchas, no podrá decirme no”.  Dijo la señora más poderosa de todo el país. No, no era la esposa del Presidente, ni mucho menos su amante, “La Doña” María Félix; esta vieja, en verdad que si era poderosa.



Puede encontrársele también, en los juzgados penales que se encuentran en la Penitenciaria de Lecumberri, pero sino está ahí, andará de farra en algún burdel de la Ciudad de México. Eso me han dicho, algunas de mis putas. Se la pasa gastando el dinero, a lo pendejo.

Vigésima segundo lección de vida: “¡Si eres bueno en lo que haces, de todos lados de buscan¡”.  

-              Te busco la patrona – dijo aquel tipo mal encarado, que al parecer, era “madrina”.  ¿Pero cual patrona?, ¿a quién te refieres?, respondió Bernabé,  ¡Licenciado, ya sabe quien¡, con ganas de decirle, “No se haga pendejo”. ¿Qué cual patrona?. ¡Pues doña Lola” …. ¡La mismísima Lola la Chata¡.  Lo espera en su casa de la Colonia Guerrero. ¡Ah Caray¡.

Ahora había que defender a un pinche escritor puto, drogadicto, que entre sus anteriores cualidades, se encontraba la de ser demasiado pendejo, pues había matado a su esposa, al haberle puesto un vaso de vino arriba de su cabeza y jugar con ella, que era “Guillermo Tell”, habiéndole pretendido disparar arriba de su cabeza, para romper la copa,  pero el  muy pendejo, erro en la puntería y “sin querer”, no la atino,  la bala no cayó sobre la copa, sino sobre su frente, simplemente, la mato.

¿Pero quien puede hacer esas tonterías?.  Pues estaban jugando, era una fiesta, estaban muy borrachos, pero por muy borrachos que estuvieran, no podían hacer ese tipo de pendejadas.  ¡Esas chingaderas solamente le pasan a los escritores por pendejos y fantasiosos¡.

Así que Bernabé acudió a la 8ª Agencia del Ministerio Público a preguntar por el escritor William Seward Burroughs, que para colmo, le valía madre si era escritor o no, o a que se dedicaba, nunca lo leería; tenía que defenderlo quisiera o no, porque finalmente había sido una instrucción de una de “sus jefas”. Posiblemente ese cabrón era un proveedor o consumidor de la patrona, sin duda alguna, un buen cliente.


Lo malo de esto, es que el Ministerio Público titular del tercer turno, Roberto Higuera Gil, se adelantó y ejercitó la acción penal, consignando al escritor, a la Penitenciara de Lecumberri, seguramente a la crujía “Jota”, donde estaban los pinches jotos.

El precio de los honorarios se incrementaría, el asunto se había complicado, las pruebas periciales, la necropsia practicada sobre la cadáver y la declaración del inculpado, era que la había matado; el juez penal,  Eduardo Urzais, dictaría el Auto de Formal Prisión. ¡Y asi fue¡.

¡El asunto se complicaría más¡. ¿Cómo voy a sacar este puto?. Pues denme dinero y empiezo a repartir en el juzgado, en lo que voy armando una defensa que sustituya el homicidio simple, por homicidio imprudencial. Que el reo en todo caso, se retracte de su declaración y diga, que no estaba jugando, sino que derivado de una reunión social, estaba vendiendo una pistola y accidentalmente, le salió la bala; este nuevo testimonio, reforzado con tres testigos preparados; y pelas; armamos un incidente de desvanecimiento de datos; si el Juez se quiere cubrir, que me lo niegue en un auto muy “chafa”, para que pueda ampararme y entonces, en vía de cumplimiento, el juez dicta nuevo auto y  ¡Zas¡. El Juez ordena la libertad.

¡Todo esto en catorce días¡. 

William Seward Burroughs tan pronto salió de la cárcel, huyo de México y Bernabé Jurado, quedo ante la prensa, como el mejor abogado, una vez más, el “Abogado del Diablo”.  


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El poder del abogado, se mide con el tipo de carro que tenga. No basta ya un cadillac, cualquier político vulgar ya los tiene, ahora había que tener un automóvil “Road Master Buick”, con vidrios a prueba de balas. Ese si era un coche, no chingaderas.

Vigésima segunda lección: “El coche que usas, define tu persona”.

Pero el día que Bernabé Jurado lo había estrenado, esa misma noche, recibió un “atentado”. Otro vehículo conducido por Mario Saldaña Cervantes, se había estrellado en su reciente adquisición. Jurado en acto de arranque y de “legítima defensa”, sacó su fiel pistola que siempre lo acompañaba y disparo a su agresor; el muchacho cayó, quedo herido y Bernabé al darse cuenta lo que había pasado, decidió llamar a la Policía.

¿Bernabé, porque disparaste?. – ¡Fue en legítima defensa, ustedes vieron que me atacó primero¡.  Aunque realmente, el atentado no fue a la vida del ilustre abogado, sino a su recién adquirido automóvil, “Road Master Buick”; no era posible que recién estrenado, hubiera resentido el impacto de un choque.

Ya en la Agencia del Ministerio Público, Bernabé se percató que no hubo tal atentado, sino que  realmente había sido un accidente; también se enteró que el Procurador General de Justicia, estaba tan molesto por el escándalo de la liberación del William Seward Burroughs, que juró que la próxima que se enterara de alguna maniobra sucia de Bernabe Jurado  para “ensuciar” el sistema judicial mexicano, “ahora si actuaría con todo el peso de la ley”. Yo que usted, “Lic”, si me pelaría. El tal Mario Saldaña, parece que se va a morir.

Bernabé se quedo pensativa, por mera experiencia sabía que si el sistema lo quería fregar, lo podía hacer, ya lo había hecho cuando lo mandaron a las islas marías, en verdad, que no tenía la mínima intención de regresar a ese lugar, o quedarse de manera permanente, en la Penitenciaria de Lecumberri.

¡Vamonos¡. Se dirigió al Aeropuerto de la Ciudad de México, con destino a New York, poco le importó la noticia escandalosa, publicada en primera plana del Diario Excelsior, sobre la muerte de una sirvienta en manos de tres niños, de cuatro, cinco y ocho años de edad; no solamente los escritores eran jotos y drogadictos, sino que ahora, los niños eran malcriados y asesinos. Lo peor de todo, es que ellos iban a ser, el futuro de México.



Bernabé llego a radicarse en la ciudad de los rascacielos, mientras que por otra parte, el Partido Revolucionario Institucional proclamaba como su nuevo candidato presidencial, a don Adolfo Ruiz Cortines; un viejito que tenía fama de ser muy honesto; en fin, vendrían otros tiempos para el país, quizás igual o menos pillos que la gente de Miguel Alemán Valdés, pero finalmente, miembros del mismo sistema, o de la familia revolucionaria, que era lo mismo.

Y mientras Bernabé Jurado caminaba por el barrio del Spanish Harlem en el condado de Manhattan, New York, Estados Unidos; en el despacho abandonado de Bernabe Jurado, ubicado en la Ciudad de México, su teléfono sonaba constantemente, sin que nadie contestara. Era Pedro Infante, buscando insistentemente al “Abogado del Diablo”.