domingo, 5 de diciembre de 2010

MEXICO: PAIS DE MENTIRAS





Pais de Mentiras. Obra de Sara Sefchovich. Investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, nos expone un ensayo que trata de explicar la problematica de este país tan contradictorio, su tesis fundamental radica, en que la forma de gobernar esta basada en un principio sólido: Mentir. Un gobierno y una sociedad que ha hecho de la mentira, su principal soporte para gobernar e instrumentar cualquier plan, organismo, ley, programa, estadística, discurso, basado en la mentira.
"¿Existe sobre la faz de la tierra algún país que cuente con los mejores leyes, con mas instituciones (secretarias, subsecretarias, procuradurías y fiscalías, institutos y organismos, comités y consejos) y que haya firmado tantos convenios y acuerdos nacionales e internacionales a favor de todas las causas, las buenas, las mejores y las excelentes?".
Ante los complejos problemas por los que pasa el país, el desempleo, el deterioro al medio ambiente, la violación de los derechos humanos, la inseguridad publica, la corrupción; existe una solución para resolver los grandes problemas nacionales. ¡Mentir¡, ¡Seguir mintiendo¡,  Crear los instrumentos mediante los cuales se soporta la mentira. Dichos instrumentos son, la Burocracia y la promulgación de leyes.
La burocracia nace con la creación de nuevas oficinas de mayor a menor rango, con mayor o menor numero de funcionarios, todos ellos destinados a ocuparse a resolver los problemas por los cuales pasa el país, que van, como dice la autora, desde la contaminación ambiental, hasta la violencia contra las mujeres, desde la supervisión de obras publicas hasta la promoción del turismo; y en razón a ello, habrá secretarias de todo, desde el Desarrollo Social, Medio Ambiente, hasta Salud; Institutos de cualquier cosa, desde seguro social hasta cuestiones electorales; Comisiones también de todo tipo, desde agua, áreas naturales, defensa de los usuarios de las instituciones financieras, hasta arbitraje medico; más y mas comisiones, que en el discurso político, sirven para solucionar el problema.
Promulgar leyes es la otra forma mediante el cual se soluciona el problema. Leyes y mas leyes para todo lo imaginable. Para garantizar el derecho de los mexicanos a la salud, la educación, la alimentación, el trabajo, hasta para garantizar el derecho a la cultura; leyes de responsabilidad social para las empresas, para los pequeños y medianos productores y comerciantes, para proteger a los trabajadores, para erradicar la violencia intrafamiliar, en contra de la pornografía infantil, de los derechos de los niños, delincuencia organizada, hasta una ley para el dialogo, la conciliación y la paz digna en Chiapas. 
Existen mil y una forma de mentir. Se han usado todas las distintas formas de mentir y otras más, que no se han inventado siquiera. Algunas de estas formas van desde prometer y no cumplir, hasta decir verdades a medias, tergiversar o de plano ocultar los hechos; utilizar números, alardear, pretender, minimizar, descalificar, hablar demasiado, enredar, no dar información, decir verdades a medias, dar versiones diferentes, no llamar las cosas por su nombre, cambiar el significado de las palabras, ponerle nombre nuevo a lo viejo, abusar de las palabras, soltar chismes y rumores, usar doble discurso, guardar silencio, no ver ni oír, diluir la responsabilidad, echarle la culpa a otro, defender a los propios, apelar a un nosotros, apostar al olvido, apurarse y no apurarse, el cinismo, la transa, la manipulación de imagenes, más de lo mismo; en fin, cada una de las distintas formas de mentir, se encuentran perfectamente documentadas en este libro, con ejemplos claros y veraces, que ilustran las distintas formas en las que se sostiene la mentira. 
Sara Sefchovich expone también cuales son esas grandes mentiras. Ficciones para exportación, como hablar del respeto al medio ambiente, la diversidad o nuestra democracia; engaños para el consumo interno, como decir que la educación es una prioridad, o tener una economía sana, o que existe nación e identidad; y hasta mentiras graves, como las simulaciones para todos y la que califica la mentira mayor, la impartición de justicia. Esta ultima, si es una mentira inocultable en el ámbito jurídico. Un sistema de impartición de justicia del cual, ninguna persona tiene derecho a que se le administre justicia, ni esto sucede de forma pronta y expedita, ni tampoco de forma imparcial y completa, ni mucho menos gratuita; citando a Miguel Carbonell y Enrique Ochoa Rizo, nuestro sistema de justicia es fallido, no sirve para atrapar a los criminales mas peligrosos, genera impunidad y corrupción, no garantiza derechos fundamentales ni de las victimas, ni de los acusados, no establece incentivos para la investigación profesional de los casos, y por su pobre desempeño, resulta muy costoso.
Como se explica la mentira. Primero no hay que definir el problema, dejarlo a la ambiguedad y a la interpretación de todos, para que cualquier persona aprovechando esos "huecos legales" pueda eludir su responsabilidad. Segundo. No hay que evaluar, no crear ningún mecanismo e instancia para la rendición de cuentas, ni para revisar si se cumplieron las promesas, los planes, o si se hizo lo que se dijo. Tercero. No actuar, es decir, una regla del sistema político que premia al que se queda quieto y castiga al que se mueve, pero lo que oculta realmente, es "no meterse en problemas". Cuarto, irse por lo superficial, crear obras e inaugurar estatuas, plazas, fiestas. Quinto, no preveer, no pensar en largo plazo. Sexto, improvisar, así sucesivamente la investigadora expone cada una de los pilares en los que se sostiene la mentira.
"La cultura mexicana no sólo genera y permite sino que exige, aplaude y premia ese modo de funcionar. Si en México se miente es porque se puede mentir y más todavía, porque se tiene que mentir".
La mentira tiene su razón histórica desde la conquista. El sometimiento violento que hizo hasta lo imposible por liquidar a las civilizaciones que existían en nuestro territorio, a su religión, costumbres y tradiciones, a las que humilló y descalificó, a cambio de aceptar la superioridad impuesta de los valores europeos. Los antiguos mexicanos aprendieron a "ocultar" su cultura, aprender un nuevo idioma para decir aquellas cosas que sus conquistadores querían escuchar, esta forma de aprender a mentir, se mezcló con la cultura autoritaria tanto de españoles como mexicas, la cultura política en la cual existe un gobernante que manda y decide y es dueño también de todo el poder. tlatoanis, virreyes, presidentes y caciques... (voceros de la mentira).
La razón lingüística de la mentira es clara también, al decirnos porque los mexicanos aprendimos a mentir. A decir lo que no pensábamos y a no decir lo que si pensamos. Aprender a decir las cosas de manera rebuscada, dándole muchas vueltas. Aprender que las palabras sirven para enredar, tergiversar, ocultar. A utilizar esas dos funciones de la palabra falsa: crear una realidad y también un discurso vacío.
No, no es un gen. Mentir es un código que se volvió necesario porque es ha vuelto la única forma para ejercer el poder y la autoridad, para gobernar y mantener el orden, para impresionar, para legitimarse, para estar a la altura de un modelo ideal de cómo deben ser las cosas, para conseguir el aplaudo y el elogio, para hacer creer, para salir del paso, para llenar un vació, para evitar o al menos atenuar los conflictos de una cultura a la que no le gusta que ellos salgan a la luz, para dar esperanza, para conseguir un empleo, para recibir un apoyo, para vivir en sociedad.
En fin, Sara Sefchovich expone una gran trabajo que aporta una forma mas para interpretar, para explicarnos, justificarnos, entendernos, criticarnos y observarnos, porque este país es la eterna promesa de ser otro, porque en este país, mi país, las cosas siguen igual o quizás peor que antes; ¿En que hemos fallado?, ¿Qué debemos hacer para realmente cambiar?. Yo creo que al menos, la autora nos brinda una respuesta veraz para salir de esta mediocridad de patria, la respuesta es: ¡Dejar de mentir¡.





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