domingo, 8 de septiembre de 2013

CRÓNICA DE LA REFORMA ENERGÉTICA Y DE LA TEMIBLE PRIVATIZACIÓN DEL PETRÓLEO (Tercera parte).



Podemos decir entonces, que la nacionalización del petróleo, fue diseñada por Venustiano Carranza y su Congreso Constituyente de 1916 que dio fruto, al artículo 27 constitucional.  Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, les tocó enfrentar a cada uno de ellos, las presiones política económicas y desde luego la resistencia tanto de los gobiernos de los Estados Unidos y Gran Bretaña, cómo de las compañías petroleras, que se opusieron abiertamente, a que el gobierno mexicano les cobrara impuestos, o le desconociera sus títulos de propiedad que les había otorgado el gobierno de Porfirio Díaz, canjeándoles dichos documentos, por títulos de concesión.   

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en su interpretación constitucional, había estado del lado de las compañías extranjeras, para darles la razón a éstos, de que el artículo 27 constitucional no tenía efectos retroactivos y que los llamados títulos de propiedad que habían obtenido del gobierno de Porfirio Díaz, eran suficientes para justificar sus “derechos adquiridos”, para la explotación del petróleo.

Plutarco Elías Calles había enfrentado inclusive, la amenaza de una invasión armada de los Estados Unidos de América. Su actitud firme, pudo finalmente ser doblegada, al entrar a un proceso de simulación, de inaplicación de la ley; después de todo, el sueño nacionalista de quitarle el petróleo a las compañías petroleras, no pudo darse en esa década convulsionada de los años veinte, caracterizada por las revueltas militares de otros “bandos revolucionarios”, o de la rebelión cristera, patrocinada y tolerada por el Vaticano en Roma, a través de la Santa Iglesia Católica Apostólica (mexicana).  

La muerte de Álvaro Obregón ayudo mucho al régimen “posrevolucionario”, en buscar el primer consenso político para lograr la tan anhelada estabilidad pacifica del país. Se trató de la conformación del Partido Nacional Revolucionario, donde coincidieron por vez primera,  “zapatistas” sin Zapata, “Villistas” sin Villa, “carrancistas” sin Carranza, desde luego “obregonistas” sin Obregón; todos ellos, bajo el liderazgo, del “heredero de la Revolución”, el “Jefe Máximo”. Plutarco Elías Calles.



El primer pacto por México, fue el que promovió Plutarco Elías Calles;  aquel revolucionario que alguna vez fue cantinero, administrador de un hotel, profesor e inspector de escuelas y hasta general “revolucionario”; tuvo la capacidad de negociar y conciliar los bandos revolucionarios en constantes pugnas, para conformar al México revolucionario, un país unido, donde todos los “participantes de la revolución”, salieran siempre ganando.

Así de fácil, “el pastel podemos dividirlo para todos”. El régimen federal mexicano había creado multiplicidad de cargos públicos, desde la Secretaria de Estados, hasta las pequeñas regidurías de los ayuntamiento más inhóspitos del país, pasando desde luego por los cargos de gobernadores, senadores, diputados federales y locales, así como los demás puestos burocráticos, desde un subsecretario, director, jefe de área, hasta el más humilde oficinista dedicados a poner sellos y cortar papeles; no había necesidad de pelearse, “había para todos”.  

Sólo había algo que requería ese nuevo sistema político para poderse conformar; consolidar, y hacer fuerte a ese nuevo régimen. ¡El dinero¡.  El instrumento que le serviría al nuevo régimen, para la obtención del dinero, sería el petróleo. Había entonces, que nacionalizar el petróleo, no en la ley, como ya estaba desde Carranza, sino en la práctica, en la vida real, hacer del Presidente de la República, el dueño del país, el legítimo propietario de los intereses del pueblo.




No bastó la primera compañía petrolera mexicana, “Petromex”, tenía que competir con los grandes consorcios que diariamente, saqueaban del subsuelo mexicano, millones de barriles; había que hacer algo, preparar al pueblo, a los líderes obreros, agrarios y demás mitoteros del nuevo régimen revolucionario; había que trazar la ruta, para apropiarse de aquel botín, en manos de unos cuantos empresarios.

Lázaro Cárdenas, fue el hijo político de su gran mentor, Plutarco Elías Calles;  un joven revolucionario que en los años de la revuelta, no había combatido al lado de los villistas, tampoco de los zapatistas; sino del lado de Carranza, concretamente, bajo el mando de Álvaro Obregón, a través de su jefe, Plutarco Elías Calles.

Con una trayectoria política, basada en el dedazo de su padrino Calles, ocupo varios cargos, gobernador de Michoacán, Jefe del Partido y hasta Presidente de la República; todo para llevar a cabo, el tan anhelado plan sexenal, que haría posible, llevar a cabo los ideales de la Revolución Mexicana. Si para ello, Lázaro Cárdenas, debía de deshacerse de su mentor, tenía que hacerlo, un avión a California Estados Unidos, bastó, para derrocar políticamente, al Jefe Máximo y concentrar el liderazgo del país, de toda la clase política, burocrática, sindical, agraria, militar y “popular”, en un sólo hombre, en él.


Lázaro Cárdenas del Rio, se convirtió, en la Revolución hecha hombre, en la figura mística del Presidente de la República, el que todo podía, el que nada temía, el que todo revolvía; el “todo poderoso” capaz de quitarles el petróleo a los ingleses y americanos. El único hombre en todo el país, capaz de interpretar los senderos de la revolución mexicana.

La lucha por recuperar el petróleo, empezó en 1935, desde sus trabajadores, fueron ellos quienes influenciados por el auge sindical promovido por el gobierno cardenista, quienes conformaron, el Sindicato de Trabajadores de la República Mexicana;  después iniciaron los mítines, los paros y finalmente la huelga; las demandas laborales iniciaron para exigir el reconocimiento  de una jornada de 40 horas, pago de salario completo en caso de enfermedad, hasta la firma de un contrato colectivo.



El gobierno de Lázaro Cárdenas mientras tanto, no hizo nada. Sólo se dedicó a fomentar desde sus oficinas en Palacio Nacional, las actividades de sabotaje, en contra de los grandes empresarios y terratenientes, dueños del país, que habían logrado sobornar a los anteriores jefes de políticos, para impedir, la conformación del nuevo régimen social emanado de la revolución mexicana.

Es así como Cárdenas, nacionaliza la industria ferrocarrilera, inicia el reparto de agrario, con importantes dotaciones y restituciones de tierras a favor de los campesinos, promueve la educación socialista; cambia de denominación al Partido, de “Nacional Revolucionario” a “de la Revolución Mexicana”, afiliando a éste en forma corporativa, a los militares, campesinos y obreros; el gobierno de Cárdenas adquiere por lo tanto,  identidad, marca escuela, crea un liderazgo basado en el poder de un solo hombre: ¡En el Presidente de la República¡

La huelga petrolera sólo duro nueve días, pero los suficientes para que las compañías petroleras, percibieran las intenciones del gobierno mexicano, por arrebatárles su poderosa industria.  

Un mundo convulsionado, la crisis económica del 29 había dejado a los Estados Unidos en la esperanza del New Deal;  la guerra civil española, la Alemania nazi, la Italia fascista y la Unión Soviética comunista; los empresarios americanos y británicos, supieron entonces, que el gobierno mexicano, era un gobierno comunista, las tensiones políticas iniciarían ante el gobierno insensible, que no dudaría en hacer uso de la fuerza, para arrebatárles el petróleo. Pero poco podían hacer esta vez sus poderosos ejércitos, Estados Unidos en su crisis económica y Gran Bretaña, amenazada por la Alemania Nazi.

El laudo emitido por la Junta de Conciliación y Arbitraje, es clara, contundente, sin duda alguna, las compañías petroleras podían pagarle las prestaciones que demandaban sus trabajadores, representada éstos por su Sindicato; lo que exigían los trabajadores, era pues justo; sin embargo las compañías petroleras se negaron a reconocer el laudo emitido por la Junta, entonces, éstos acudieron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a buscar el tan anhelado amparo y protección de la justicia de la unión, el mismo que obtuvieron años antes para reconocerles que el artículo 27 constitucional no tendría efectos retroactivos y el que también dijera, que no eran viables los títulos de concesión sobre la explotación del petróleo, en virtud de sus “derechos adquiridos”.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación tendría su tercera oportunidad histórica, para reivindicarse como el más alto tribunal de justicia en todo el país. Esta vez, la Corte falló a favor de la autoridad, no amparó ni protegió a las compañías petroleras.

Entonces los empresarios americanos y británicos dueños de petróleo, desconocieron el laudo y la resolución dictada por la Corte; buscarían el apoyo de sus respectivos gobiernos, amenazados por la guerra mundial que estaba por estallar; aun así, los empresarios extranjeros, no pagarían las excesivas demandas de sus trabajadores, ni se dejarían perturbar, por un gobierno nacionalista, comunista y revolucionario, que podía en cualquier momento caerse.


Pero el gobierno del Presidente Cárdenas otorgó un ultimátum a las compañías petroleras para que aceptaran el laudo y pagaren esas prestaciones a los trabajadores; el tiempo transcurrió y sucedió, lo que ha sido la página más hermosa de la historia mexicana del siglo XX. El momento más glorioso de la revolución mexicana: la expropiación de petróleo.

Expropiada su maquinaria, sus instalaciones, edificios, oleoductos, refinerías, tanques de almacenamiento, vías de comunicación, carros-tanque, estaciones de distribución, embarcaciones y todos los demás bienes muebles e inmuebles de las compañías petroleras “El Aguila”, “Naviera San Cristóbal”, “Naviera San Ricardo”, “Huasteca Petroleum Company”, "Sinclair Pierce Oil Company”, “Mexican Sinbclair Petrolum Corporation”, “Stanford y Compañía”, "Penn Mex Fuel Company", "Compañía de Gas y Combustible Imperio", "Consolidated Oil Company", "Compañía Mexicana de Vapores San Antonio", "Sabalo Transportation Company", "Clarita"; la reacción fue asombro, incredibilidad, para ellos; de efervescencia y orgullo, para el pueblo.

Cárdenas logra consolidar el proyecto político y social de la revolución mexicana, es quien le da identidad al país, quien le da esperanza, discurso y ese sentido de gloria y nacionalidad; y también, hay que decirlo, es el personaje que construye el sistema político mexicano que regiría el siglo XX; un Presidente y su partido político, dueños de los destinos del país, un Presidente jerarca, poderoso, temible, justiciero, carismático, legitimado por su partido y por esa clase política que había logrado conciliar su mentor Plutarco Elías Calles.  Un Presidente colocado en un plano de superioridad, por encima de los empresarios, de los industriales, de los militares, de los otros poderes de la unión, los diputados, senadores; por encima de los jueces, de la Suprema Corte de Justicia, por encima también, de las empresas trasnacionales, también por encima, hay que decirlo, de Gran Bretaña y de los Estados Unidos.

El petróleo mexicano, sería por lo tanto, el motor económico del nuevo régimen que lograría sostener, al erario público; a todos sus vividores y lambiscones, a todos sus jilguerillos, a todos, periodistas, profesores, pequeños empresarios, campesinos, obreros y burócratas.
La reacción no se quedaría con los brazos cruzados. Buscaron y sobornaron a un general de nombre Saturnino Cedillo, revolucionario carrancista, líder agrario, gobernador de San Luis Potosí y hasta burócrata; la rebelión de Cedillo duro ocho meses y buscó ante todo, derrocar al gobierno de Lázaro Cárdenas, pero no fue así, cayó abatido.



El gobierno de Lázaro Cárdenas se hizo fuerte. Logro la embestida militar de las compañías petroleras extranjeras recién expropiadas; logro también, someter a la clase política militar, quien juró y demostró lealtad a su Presidente y gran líder revolucionario.

Luego en el año de 1940, esa misma clase política empresarial, “reaccionaria”, buscaron la derrota presidencial de Cárdenas en las urnas, a través de la candidatura del general Juan Andrew Almazán, apoyado éste por un partido político, opositor al cárdenismo, al comunismo, socialismo, y patrocinado por la clase aristocrática sobreviviente al porfiriato, a las buenas costumbres y desde luego, partidario de la fe católica: El Partido Acción Nacional.


Ambos intentos fallarón. Ni la revuelta militar ni las elecciones presidenciales lograron dar marcha atrás al proyecto nacionalista. El petróleo se conservó y le tocaría al sucesor de Lázaro Cárdenas, el general Manuel Ávila Camacho, enfrentar la resistencia por conservar el petróleo mexicano.