sábado, 29 de marzo de 2014

LA DEFORMA EN TELECOMUNICACIONES. Entre Edisón, Habermas, Freud, Goebbels y un poquito de Kelsen. Primera parte.


 
Estos tiempos modernos, de neoliberalismo y globalización, de tecnologías y de información; surgen nuevos derechos que implican la conquista y el reconocimiento de nuevas libertades, pero también suscitan, la vía de legitimación de las tentaciones autoritarias y el fortalecimiento de los monopolios empresariales. Es por eso que hoy en estos días, nos encontraremos en una lucha, para defender la libertad de los seres humanos, ante el autoritarismo totalitario del poder financiero.

Así de importante es la reforma a la que nadie convoca consulta popular, ni realiza marchas, ni menos discute, por la sencilla razón, de que la no la comprenden.

¿Y es que pocos entienden la trascendencia de la reforma en telecomunicaciones?. La entienden poco, porque la industria de la comunicación ésta nunca fue expropiada o nacionalizada, o arrebatada a los extranjeros, menos aún pretende privatizase; (pues privatizada siempre fue); no se trata pues de un bien corporal, o recurso energético, ni tampoco tiene el valor histórico del petróleo. ¡No es nada¡. ¿Entonces que és?. … ¡Es el aire¡. Es una cuestión semiótica, epistemológica, psicológica, ideológica, mecánica, física, tecnológica y social; es desde luego un tema complejo,  fácil y difícil  de entender; se requiere un poquito de filosofía y también, nociones de psicología, física y economía, pues se trata de un negocio y obviamente, un instrumento de control político con algo de maldad maquiavélica goebbeliana.

Sin embargo la reforma en telecomunicaciones es importante, porque lo que regula no es una cosa que pueda tocarse; pero si se oye, se escribe, se lee, se baila, se aprecia, se concibe; su existencia constituye el valor más importante que existe en una sociedad humana, que es desde luego el pensamiento; la forma en que esta se comunica, se transmite, se divulga. Para ello resulta importante, tratar de entender, porque es importante esta reforma. Del que nadie entiende nada, salvo unos pocos, que lo saben perfecta y hasta monstruosamente.  

La comunicación  es un proceso mediante el cual una persona transmite  información a otra persona, alterándole su estado de conocimiento. En toda comunicación existen dos personas, un emisor y un receptor; y también en toda comunicación, existe un mensaje, el cual se transmite a través de un canal (oral, escrito, gráfico, presencial, a distancia), cuyos contenidos pueden ser desde preposiciones, sentimientos, opiniones, verdades y obviamente, también  mentiras.

 




 El funcionamiento de las sociedades humanas es posible gracias a la comunicación. Marx decía que las sociedades hacían lazos de solidaridad, con el objeto de satisfacer sus necesidades y que por eso, había que trabajar, él creía entonces que el trabajo, era lo más importante dentro de la sociedad; sin embargo, Jurgen Habermas, vino cien años después a desmentirlo, lo más importante no es el trabajo, ni la necesidad, sino que lo es el lenguaje. Los seres humanos hicieron lazos de solidaridad, no para cubrir sus necesidades, ni menos para trabajar con el fin de generar esos satisfactores; la verdad, es que las sociedades se construyeron, por la sencilla razón de que los individuos se comunicaron y hasta el día de la fecha, se siguen comunicando.


Jurgen Habermas
 
Así entonces, mientras el marxista tradicional cree que el cambio es a través de la revolución violenta, para Habermas, ese cambio, debe darse a través de lo simbólico, en el ámbito de la comunicación y del entendimiento, entre emisores y receptores. Nada mejor entonces, que el discurso deliberativo para lograr el cambio revolucionario.

De ahí, que la comunicación no solamente es un tópico filosófico, de comunicólogos y de lingüistas, es también un tema, en el que entra la física y la aplicación de esta, llamada tecnología. Logrando así la conjunción de “telecomunicaciones”.

Los tecnólogos entran al proceso de la comunicación, cuando logran que esta pueda desarrollarse a distancia.  Entonces, aparecen tipos como Thomas Alva Edison, Guillermo Marconi, John Logie Baird, logran estos manipular “el aire”, es decir las ondas electromágneticas y crear de esa forma aparatos que permitan generar transmisores, sistemas de transmisión, sincronización, conmutador, intercambio, control de flujo, direccionamiento, conexión,  recuperación, control de interferencia y otros instrumentos más.  Los ingenieros por lo tanto, impregnan al proceso comunicativo, un elemento “mágico”, que permite, que dos personas puedan comunicarse sin estar presentes.  Y es por eso, que se inventó el telégrafo, el teléfono, la radio, la televisión, el celular, el internet, la computadora, la tableta.




 La comunicación entre seres humanos siempre existió, pero no fue sino hasta el siglo XX cuando esta se potencializó. Es ahí donde entran los psicólogos quienes interpretan este proceso de una manera distinta. Con ellos, los elementos personales de la comunicación, no son tan mecánicos ni simples como aparentan, sino que son persensoriales, hablamos pues de un emisor que transmite un mensaje (emocional) y un receptor, al que le llamaremos “perceptor” y quien recibe en ese mensaje una emoción, es decir una afectación a su psique, a su instinto, a su personalidad reprimida.


Nadie mejor que Sigmund Freud para entender este proceso. Pues quienes entienden sus teorías, saben entonces que el receptor, convertido en perceptor, es un individuo que en su forma pura e inconsciente, reprime los impulsos más primitivos, que sirven de motor, para su pensamiento y comportamiento humano.

Los emisores, pueden transmitir a través de los medios tecnológicos, una serie de mensajes tendientes a persuadir la conducta de sus “perceptores”; pueden no solamente satisfacer el “ello” de sus oyentes, videntes, lectores; sino que también, pueden inculcarles una serie de pensamientos morales y valores éticos, para crear, conservar o modificar una cultura determinada.

Es ahí donde entran los políticos. Las personas que desean obtener o conservar el poder, para seguir imponiendo o persuadiendo a sus súbditos, consumidores, militantes o ciudadanos, las “razones” para obedecer o desobedecer; más aún, las “razones” también para comprar o no comprar, para votar o no votar. Nada mejor que el emisor, pueda utilizar su mensaje y multiplicarlo con la tecnología, para generar el control que desea tener.    

El emisor se convierte por lo tanto, en la persona o entidad que detenta el poder (político, económico, ideológico), y utilizara a la sociedad de masas, para manipularlos a su antojo, concretamente, para satisfacer sus intereses.


Los genios de la “propaganda”, de las “relaciones públicas”, o bien de la “mercadotecnia”, han impregnado de la comunicación un contenido moral o inmoral, que hace que las personas se perviertan, o se concienticen, o actúen a la forma  caprichosa que los emisores y controladores de las tecnologías de la comunicación, deseen que se comporten.

Los mensajes varían de distintas formas, desde amar al dictador, comprar una marca, votar por un candidato o bien, hasta generar odios a las personas, empresas o naciones, fomentar campañas de genocidio, eliminacionismo, xenofobia, homofobia o cualquier otra; jugar con las emociones, las creencias o los instintos de los receptores, como la mejor forma de controlar lo más valioso que tiene una persona: su conciencia.   

De eso trata la reforma de telecomunicaciones que la clase política de nuestro país discute en el Congreso.


No se trata de vender el petróleo o de cómo generar mayor especulación con el dinero; tampoco de restar derechos laborales.

La reforma estructural que se esta discutiendo, tiene que ver con lo más importante que tenemos las personas.

¡Nuestras conciencias¡.

Pregunto:

¿Alguien estará consciente de ello?.