viernes, 19 de diciembre de 2014

¿Y SI MÉXICO SE "ARGENTINIZARA"?. México y Argentina. Historias paralelas.


 
A propósito de los peritos argentinos que trabajan intensamente en la identificación de las osamentas y restos de los posibles 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapan, no me queda más que preguntar:  ¿Y si México se “argentinizara”?, ¡imposible¡. México y Argentina son dos naciones hermanas latinoamericanas, pero cada una de ellas ha crecido de manera separada e independiente.

Sin embargo, cuando ocurren hechos como los de Tlataya o los de Ayotzinapan, donde la intervención de las fuerzas armadas o policiacas, asesinan y en el otro de los casos, “desaparecen” a personas de la sociedad civil, no nos queda más que reflexionar esta pregunta; cuestionarnos, si con las violaciones a los derechos humanos antes citadas, no nos estaríamos “argentinizando” (me refiero desde luego a la Argentina gobernada por los militares, no la actual);  habría que entender un poco la historia de nuestro país vecino y tratar de especular, a la luz de la historia, si es posible que México, tenga alguna experiencia autoritaria como la que tuvo Argentina.

Si ese fuere el caso. ¿Qué nos falta o que nos sobra, para ser o no ser, como Argentina?.

Los nativos de Argentina no se comparan a los nativos de México. En territorio de Argentina, no floreció ninguna cultura, como las que habitaron en Mesoamerica, no existieron los mayas, ni los toltecas, ni los aztecas; contrario a ello, los territorios de Argentina, fueron alguna vez dominio de los incas y fue Perú, por así decirlo, el territorio “madre” o “raíz” de la actual Argentina. Cuando llegaron los españoles a conquistar esa región sudamericana, lo hicieron a través del sometimiento y conquista de los incas, donde después, pudieron edificar el Virreinato de Perú. Digamos pues, que México tendría quizás mayor coincidencia con la República de Perú, pero de ninguna forma, lo puede tener con los argentinos.


Argentina no sabe lo que es y fue ser imperio; y mucho menos sabe, lo que significa haber sido conquistado. No existió pues en su historia, ningún personaje como Hernán Cortez ni Francisco Pizarro. Los enormes terruños de la Argentina de hoy, eran solo llanos en los cuales, pasaron inadvertidos por cientos de años, hasta que finalmente, allá por el año de 1776, los españoles decidieron fundar el Virreinato del Rio de la Plata, el cual era totalmente independiente, del Virreinato de Perú.  El surgimiento de un nuevo puerto Buenos Aires, daría una nueva identidad, a esa región sudamericana. Entonces lo que vendría siendo Argentina de aquel entonces, se conformaría por los territorios del actual Uruguay, Paraguay y Buenos Aires.

Todavía no se independizaba Argentina, cuando fue víctima de las agresiones militares de los ingleses. Su experiencia de “conquista”, la vivieron precisamente con los ingleses y no con los españoles; y esa experiencia la vivieron además de manera triunfante, no derrotista como ocurrió con sus vecinos los peruanos y desde luego, a los mexicanos.

Fue allá por los años 1806 y 1807, cuando la Corona Británica había decidido reconquistar América, en su guerra contra Francia-España; así que las dos expediciones que realizaron los ingleses, fracasaron y generaron en la clase política del virreinato del Rio de la Plata, la necesidad de buscar su propia independencia política de la Corona Española. Corría entonces el año de 1810 y con ello, la primera revolución de América Latina. La Revolución de Mayo de 1810.
 

Argentina sería el primer territorio Americano, después de Estados Unidos y de Haití, en proclamar su independencia. Lo haría en una Junta Militar, su declaración de independencia fue el 25 de mayo. No existió pues, ninguna conspiración descubierta, ni tampoco un cura de pueblo que llamará a los indios a liberarse contra los “gachupines”. La Revolución de mayo de los argentinos, es el movimiento político que encabeza esa cúpula militar virreinal, que decidió separarse de los españoles, en los momentos en que políticamente, no existía Rey de España; y en las cuales también, las ideas políticas de la ilustración, concretamente de la revolución francesa y de la independencia de los Estados Unidos, estaban generando conciencias revolucionarias.

El acta de la independencia de Argentina, la emitió el Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816. Fue en esa fecha en que nació Provincias Unidas de América del Sur.

Entonces pienso que quizás los argentinos, les paso algo parecido a los mexicanos. En México la fecha oficial de la independencia se dio el 27 de septiembre de 1821 y no el 15 de septiembre de 1810, como muchos creemos; pareciera que algo ocurre con los argentinos, la fecha de su independencia es el 25 de mayo de 1810 y no otra.

Y es que la guerra de la independencia que enfrentaron los argentinos fue cruel, larga, difícil, se dio no solamente en tierra, sino también por mar. La guerra de independencia de Argentina, fue también la de Paraguay, la de Uruguay, Chile, Perú y Ecuador;  fue la guerra de Sudamérica entera por resistir el ataque de los españoles. ¡En México claro que también hubo guerra de la independencia, pero no se compara con las de Sudamérica¡. La guerra de independencia de México, era de México y para los mexicanos; una guerra que encabezaban líderes populares como eran en aquel entonces, los sacerdotes de las parroquias provincianas, una guerra liderada por el pueblo, gente pobre y humilde, peleando en contra del gobierno, de clase pudiente y dominante; sin embargo, las guerras de independencia de Sudamérica, son las guerras de la cúpula militar separatista, contra la cúpula militar de la corona española. Una guerra pues entre militares, cuyas tácticas y estrategias, fueron más cruentas y mucho más destructivas. Así pues, los héroes de la independencia sudamericana (y por ende de Argentina), se compone de generales de verdad. Su experiencia castrense en el campo de batalla, no tenía nada que pedirle, a la de los franceses, rusos, ingleses, austriacos con sus célebres batallas napoleónicas. En Argentina, la experiencia militar nace desde la resistencia a la conquista de los ingleses y continua, en su lucha contra los españoles. Por eso hay que entender que Argentina, nace con una moral guerrera totalmente diferente. Ellos entendieron la guerra profesional como una ciencia para conseguir sus fines políticos; nada que ver con las rebeliones populares que encabezaban Hidalgo, Morelos, Guerrero, que al carajo mandaron a los militares que al menos en teoría, si sabían hacer guerritas. (Ignacio Allende y Juan Aldama). 

La independencia de Argentina, se parece más a la de los Estados Unidos, que la de México.  Inclusive, la historia de Argentina, se parece también más a dicha nación que la de los mexicanos. Pareciera así, que los mexicanos y los argentinos, no tenemos nada en común.

Y es que sus héroes patrios como Manuel Belgrano, José Rondeau, o José de San Martín, no tienen nada que ver, con los héroes patrios de México. Manuel Belgrano no murió derrotado, más que por la pobreza en la que incurrió luego de haber erogado tantos gastos para sus causas militares; José Rondeau desempeño varios cargos públicos en la Argentina independiente, murió de edad nomás de hacerse “viejito”; José de San Martín, todavía tuvo tiempo para retirarse de la milicia y después, irse a viajar a Francia. Los argentinos no saben, el sentimiento de tristeza que tienen los mexicanos, de saber que sus héroes patrios como Miguel Hidalgo, José María y Morelos o Vicente Guerrero, hayan muerto traicionados, sometidos, derrotados en campaña y finalmente fusilados. Pareciera que la historia de los argentinos se escribió con triunfadores, la de México, fue con fracasados.  
 

Argentina como México, también tuvieron problemas con sus vecinos. México los tuvo con Estados Unidos, al grado que llegó a una guerra con éste; mientras que Argentina, las tuvo con Brasil, Paraguay, Perú, Bolivia, Inglaterra y hasta con mercenarios alemanes y españoles.  Ambos países, también tuvieron conflicto con Francia y también en ambos países, se dieron las constantes pugnas por implementar la forma de gobierno, si era el federalismo o el centralismo. En el caso Argentino, la pugna federal llego a tal grado que se detonó la guerra civil contra Buenos Aires, mientras que la guerra en civil en México, fue contra la Iglesia Católica, posteriormente, contra Francia quien impuso en México una monarquía sostenida por un ejército franco-argelino.

Los argentinos nunca conocieron un gobierno monárquico. Sus derrotas militares con los brasileños no fueron tan drásticas como las derrotas mexicanas. A lo más, Argentina perdió el territorio de Uruguay, pero en cambio, México, perdió la mitad de su territorio nacional ante los Estados Unidos. Argentina, tuvo una guerra, donde recupero ante Paraguay lo que había perdido ante Brasil; en cambio, México, no tuvo guerra alguna en el que saliera triunfante. Los anhelos del general López de Santa Anna de invadir a Cuba, jamás los pudo cumplir México.

 Argentina nunca conoció en el siglo XIX la trayectoria de un político civil. Sus principales líderes, pertenecieron al estamento militar. El liderazgo de los políticos argentinos se ganaba en los campos de batalla; en cambio,  el liderazgo de los políticos mexicanos, era el de los civiles, respaldado éste por los militares. Situación difícil de construir en países como el nuestro. Donde la tentación militar termino con la republica civil que estaba construyendo nuestro país en la época pos juarista. En ese aspecto, Porfirio Díaz, pareciera más un militar con sangre argentina y Benito Juárez, es lo más próximo que tienen los mexicanos, a los héroes patrios de los Estados Unidos; concretamente a su homologo y contemporáneo: Abraham Lincoln.

México logro construir una república con leyes civiles, dirigida por un militar como lo fue Porfirio Díaz, el cual, termino siendo derrocado cuando se gestó la revolución mexicana que demandó inicialmente el sufragio efectivo y la no reelección. Sin embargo, en Argentina, gobernó el general Julio Argentino Roca y otros militares, los cuales, nunca fueron derrocados y si en cambio, eran sucedidos mediante elecciones democráticos.

El “milagro económico” del México porfirista y el de Argentina de inicios del siglo XX, lo fueron las políticas de promoción a la inversión privada extranjera y sometimiento a las exigencias sociales de los obreros y campesinos.  El caso Argentino adiciona la inmigración europea, sobre todo la de italianos que pisaron territorio argentino en búsqueda de oportunidades y también, sin olvidar las políticas racistas y genocidas de los gobiernos argentinos respecto a su intención de exterminar a los pueblos indígenas de Argentina. Porfirio Diaz, claro que también lo hizo en México con los yaquis de Sonora, pero los militares Argentinos, lo hicieron con el territorio sur de Argentina, en una visión pionera muy semejante al de los americanos, con la “conquista del oeste” en sus guerras contra indios apaches.

Argentina nunca tuvo una revolución social como la que ocurrió en México. Nunca pudo visualizar un país, sacudido en una guerra civil y popular por ideales de mejores condiciones de trabajo y reparto agrario de los inmensos latifundios. Argentina no vivió ese proceso, porque sus gobiernos democráticos del Partido Autonomista Nacional y la Unión Cívica Radical, fueron coincidentes en su posición antiobrera y antisindical.  La revolución social de Argentina, llegaría con posterioridad a los golpes de estado encabezados por los militares y con el restablecimiento de un gobierno militar más, como el que encabezó el general Juan Domingo Perón, durante los años cuarenta y cincuenta.
 
 

Juan Domingo Perón es lo que más se le parece a Lázaro Cárdenas en México. Un líder político militar, antimperialista y simpatizante del movimiento obrero. Es la Argentina de Perón, cuando se logra el pacto político entre militares y sindicalistas, cuando se reconoce y se fortalecen las leyes del trabajo, de seguridad social y la construcción de un movimiento sindicalista fuerte; es también durante el “peronismo”, cuando se promueven las luchas sociales feministas, encabezadas por quien fuera la primera esposa del general Perón, la señora María Eva Duarte de Perón, conocida también como “Evita” o simplemente, Eva Perón.

Resulta difícil entender un movimiento peronista en México, por la sencilla razón, de que en México, tuvo una revolución y conto con líderes políticos que pudieron edificar un Partido Político de unidad como en su momento lo fue el PRI y una central obrera poderosa, como lo fue la CTM, liderada por su eterno líder vitalicio Fidel Velázquez. Cuando Perón lo hizo con el Partido Justicialista y su central obrera “CGT”, México, estaba en ese aspecto, demasiado avanzado, diría yo, insuperado.

Resulta también difícil para México, asimilar un fenómeno social como Eva Perón. Inadmisible en la cultura machista mexicana, que una primera dama sobresaliera a la figura del Presidente. Lo más parecido a Eva Perón es Martha Sahagún de Fox, con la radical diferencia, que la señora “Marthita”, no contaba con la carisma de Evita, es más caía mal y nadie duda, que le restó el liderazgo que tenía su esposo, el expresidente Vicente Fox, quien ante los ojos del pueblo mexicano, se veía como “mandilón”; más aún, si doña Martita o la “Jefa” como le decían se hubiera muerto, nadie absolutamente nadie, le hubiera llorado; a diferencia de Evita, que logro aumentar la legitimidad de su marido, que se convirtió con su imagen y recuerdo nostálgico, en el lado rosa o romántico, del peronismo.

Eva Perón es el marco de referencia de su gran imitadora, de quien fuera moralmente su “suplente”; nada que ver con la primera esposa del general Perón. María Estela Martínez, conocida, como “Isabelita”. Su ineficiencia en el gobierno, le valió su desconocimiento y derrocamiento militar.
 
 
 
 

Sin embargo, algo deberíamos aprender los mexicanos de los argentinos y eso es, el liderazgo político de las mujeres. La actual Presidenta de Argentina Cristina Kirchner, es ejemplo de ellos. Veo difícil en México, que la esposa de un ex presidente pueda convertirse en Presidente. Y si bien, pudieran existir actrices y estrellas de la farándula artística como en su momento fueron Eva Perón y María Estela Martínez puedan ocupar cargos públicos de gran trascendencia en la conducción nacional, difícilmente, gente como Gabriela Rivero, alias “La Gaviota”, la esposa del Presidente de México Enrique Peña Nieto, pueda ganarse la simpatía del pueblo, ni aun, con todo el aparato ideológico televisivo del emporio telenovelero en México y en el mundo. Por muy pagada que se encuentre. 
    
 

 


Pero en fin, México debería aprender mucho de Argentina.

Perón es un símbolo de patriotismo y de todas las bondades del discurso social, radical, revolucionario, laico, reformador y nacionalista que pudo haber tenido Argentina. México, no pudo existir un Perón, porque para ello tuvo un Benito Juárez, un Ricardo Flores Magón, un Emiliano Zapata, un Álvaro Obregón, un Lázaro Cárdenas. No obstante ello, el liderazgo de Juan Domingo Perón, en su forma “valiente”, “retadora”, “bravucona” de los poderes facticos argentinos, inclusive del imperialismo americano, eso es algo que nunca ha tenido nuestro país. Perón, fue antes de Fidel Castro en los años sesentas y mucho antes, del Comandante Hugo Chávez, en la primera década del siglo XXI; fue sin duda alguna, uno de los  enemigos públicos de los Estados Unidos.  México, ha carecido de ese tipo de liderazgos, si acaso Pancho Villa, pero nada ver este típico personaje folclórico mexicano, “roba-vacas” y “secuestra-trenes” a lo que fue el generalísimo Perón.

Juan Domingo Perón, desde mi perspectiva de extranjero analizando la historia patria de Argentina, es la máxima ilusión nacionalista de los argentinos, pero también su gran decepción. En eso se parece, al general Antonio López de Santa Anna  de ilustre memoria en el pueblo  México. Perón se traiciona así mismo y peor aún, traiciona, a los jóvenes que creyeron en él.  Qué bueno que murió Perón. Nada hubiera sido peor, que el mismísimo Perón, terminara con el peronismo.

Quizás, aquí viene la parte importante de mi reflexión. En esa década turbulenta de finales de los sesentas e inicios de los setentas, cuando en México, se pone en riesgo la legitimidad del PRI y de su máximo líder político, el Presidente de la República, a consecuencia de los movimientos estudiantiles de 1968 y 1971; en el caso argentino, son los jóvenes, los que promueven el regreso de Perón y se lanzan algunos de ellos, en movimientos subversivos y guerrillero, como lo fueron los “montoneros”, lo más parecido en México, a los que hoy llaman “anarketos”.   

“Montoneros” logra aprehender a un expresidente de Argentina y “ajusticiarlo”. Eso nunca ha ocurrido en México, aún no ha llegado el día en que los “anarketos” secuestren a Salinas y lo “ejecuten”.   
 

Peor aún, existen escenas tristes que no tienen comparativo alguno en la historia de México. Cuando el general Perón, luego de su exilio en Europa, por más de 17 años,  regresa Argentina, allá por el año de 1973 y para ello, se convoca a la población argentina, en un lugar llamado Ezeiza, a reencontrarse con su viejo líder. La historia de lo ocurrido en ese lugar se me hace triste, indignante y abominable. Una concentración masiva de más de dos millones de transeúntes, agredida por francotiradores e infiltrados, con una cantidad de cientos de muertos desconocida, que hace que el 2 de octubre de Tlatelolco, sea sólo un juego de niños.

Triste más aun, fue que el general Perón, no respondió a esos trágicos hechos con indignación, con molestia, con enfado; sino peor aún, clasificando a muchos de sus fieles seguidores como “infiltrados”, inclusive hasta de “estúpidos” o “imbéciles”. Es como si Andrés Manuel López Obrador, ofendiera así a las juventudes de MORENA.  Algo, que por el bien de sus huestes, no lo desearía.
 
 

Pero en fin, un país construido con militares, acostumbrados a jugar a las guerritas, no era de extrañarse, que fueran ellos, los que tomaran el control político del país, en una etapa de la historia de Argentina, al que le llaman “Proceso de Reorganización Nacional”.  Los militares, se dedicaron a declarar su guerra al “terrorismo” y desaparecieron a cuanto disidente, comunista, agitador, rebelde pudieran hacerlo.

Un pueblo argentino, idiotizado también con el mexicano, y no con las telenovelas sino con el futbol. Solo en Argentina fue posible, que se organizar un mundial de futbol, al más estilo de las olimpiadas de Berlín 36 de Adolf Hitler  o inclusive, del mundial de Futbol de Italia 34 organizado bajo el régimen de Mussolini. El mundial de Argentina de 78, no solamente es lo que más se le parece, sino un ejemplo más, de cómo las cúpulas del poder, pueden coaligarse con esa poderosa empresa privada del futbol, llamada FIFA, para entretener y distraer el pueblo, en sus peores momentos. 
 

Es el pueblo de Argentina, que dominado bajo el terror y bajo el falso patriotismo nacionalista e imperialista, se lanza a una  guerra, con la reivindicación nacionalista, de recuperar los territorios despojados de las Islas Malvinas. Eso nunca lo ha vivido México. Nunca ha existido un líder que convoque al pueblo a rebelarnos contra los Estados Unidos para la recuperación de Texas, mucho menos un Sadam Hussein que invada Kuwait; el caso de las guerras de las Malvinas, es el capítulo con el cual, la dictadura militar de Argentina pretende legitimarse para borrar su pasado brutal y autoritario y con el cual, también, lamentablemente para la clase política militar de dicho país, es su sepulcro eterno, ante la derrota contundente de los británicos.

Mucho deberíamos aprender los mexicanos de los argentinos. Saber por ejemplo, que fueron ellos los que innovaron esa modalidad de desaparecer a los adversarios políticos, a los enemigos o terroristas del Estado. Genocidas como Hitler los mataba y los quemaba, Stalin los mandaba a las granjas, pero en el caso de los militares Argentinos, los sedaban y los aventaban al mar, para que no estuvieran ni “muertos”, ni “vivos”, sino simplemente “desaparecidos”; eso es una situación jurídica novedosa que les garantizaba a los militares, su total impunidad.
 

Pero en fin, México había tenido pasajes de autoritarismo, como los que encabezaron Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, civiles, no militares; cuyos muertos y desaparecidos, son apenas un poquito más del medio millar, nada comparable a los diez mil desaparecidos que se dieron en Argentina.

Claro que habrá mucho que aprenderle a los argentinos,  aprender en ellos, que sus gobernantes tuvieron la voluntad política de juzgar a esa clase política militar, que cometieron crímenes de lesa humanidad. Algo que en México, jamás hemos visto. Ningún presidente de México, ha sido juzgado, por sus crímenes en el amparo del poder, ni mucho menos por sus actos de corrupción, el único que fue juzgado, fue el Presiente Luis Echeverría y su juicio, fue tan secreto y discreto, que nadie, pocos diría yo, se percataron de ello. La lucha electoral del 2006, opaco lo que debió de haber sido el juicio histórico más importante en la historia de México.  ¡Pero en fin¡. En México, la Televisión y un futbol mediocre, basta para distraer al pueblo. Más aun, cuando el América es el campeón.

Si México se “argentinizará”, sería solamente para aprender de ellos, lo que mejor tienen. Sin duda alguna, un espíritu triunfador. Momentos de gloria y de patriotismo. Liderazgos femeniles, una lucha inquebrantable por la defensa de los derechos humanos y el combate a la impunidad.

Eso deberíamos aprender a los argentinos. Saber que las juventudes radicales, pueden ser en cualquier momento traicionadas por sus líderes y aplastadas salvajemente por sus enemigos.

Saber, que Argentina, como México, diario construyen una forma de gobierno, que aspira a construir pueblos felices, sin problemas, con un porvenir exitoso.

Así es la historia de Argentina, más aun, cuando en el Vaticano, cuenta con uno de sus máximos representantes. Tan cercano de dios, como el mismísimo Diego Armando Maradona.

Y todo esto ocurre, cuando los peritos argentinos identifican lo que al parecer son los restos humanos, de otros “desaparecidos”, que no de sus queridos compatriotas, sino para vergüenza nuestra, de nuestros paisanos, los mexicanos.