sábado, 10 de octubre de 2015

CUAUHTEMOCLANDIA EN LA VISIÓN SURREALISTA DE MORENA Y RICARDO MONREAL.


Hace más de dos años un bloguero de la Delegación Cuauhtémoc, fue severamente censurado y sospechosamente despedido del Gobierno del Distrito Federal a quien le prestaba sus servicios desde hace quince años; ese bloguero, fue acusado, no de ejercer sus derechos ciudadanos de información pública, sino de formar parte de alguna “pandilla”, “tribu” o “partido”, así que sin investigación alguna, mas que el dicho de dos diputados federales, se le causó un grave daño al bloguero; que para variar o por sospechosa coincidencia, fue amenazado por altos servidores públicos de alguna Dependencia gubernamental, para que presentara su “renuncia”, bajo la promesa de que no se ejecutaría ninguna una orden de aprehensión, en su contra, por alguna denuncia penal que pudiera haber entablado algún sindicato destrozado que también estuviera resentido.

¡En fin, ese bloguero no soy yo, pero pudiera haber sido yo¡. Pudo haber sido, cualquier ciudadano de esta gran Ciudad de México o pudiera ocurrirme a mi o a Usted, si se atreviera a desafiar, ni siquiera al Presidente, sino al gobernante mas insignificante y minúsculo que se pueda imaginar, que aunque sea insignificante y demasiado minúsculo, no significa que no tenga dinero o poder, para destrozar a cualquier conciencia critica.

El 1 de octubre en una emotiva ceremonia, Ricardo Monreal tomaba protesta como Jefe Delegacional en la Cuauhtémoc, habiendo realizado el nuevo delegado,  recorridos a las oficinas y a distintas áreas de la delegación, a efecto de descubrir en dicha entidad pública, aviadores, (es decir personas que cobraban sin trabajar), vehículos chatarras, (con dotación exagerada de gasolina), desaparición de papeles y mobiliario en las oficinas (escritorios, sillas, archiveros), inconformidades de los trabajadores (por existir exfuncionarios con niveles 19 y mejores remuneraciones sin merito alguno), así como también, haber recibido el nuevo Jefe Delegacional, hasta amenazas de muerte.

¿Sera cierto?.



Sin ánimo de poner en duda lo antes dicho, ni mucho menos defender a los que se ya se fueron, procedo analizar esta situación para formar un juicio critico, más que dejarnos llevar por las apariencias.  

En efecto, nadie duda de que haya existido corrupción y cinismo en la delegación Cuauhtémoc, en administraciones pasadas. Tampoco existe duda, de la impunidad de muchos de sus servidores públicos. Sin embargo, la duda es subjetiva, en cambio la prueba es objetiva. Si el nuevo delegado no prueba lo que dice, entonces, no gobierna, simplemente juega.   

Lo importante de este juego político, es que todos estemos conscientes, de las "reglas" del juego. No nos digamos después sorprendidos o acusemos a nuestros gobernantes, de habernos engañado una vez más.

Para esto, no hay que perder de vista la personalidad dual de Ricardo Monreal, me refiero a su carácter de Titular de un ente burocrático como lo es la Delegación Cuauhtémoc y otra distinta, su posición política, como un político que aspira gobernar la Ciudad de México.
Empecemos pues con lo primero.

La Delegación Cuauhtémoc es una entidad pública de la Administración Pública del Distrito Federal. Es una entidad que para efectos normativos, se le llama “órgano desconcentrado”, dicho de esta forma, porque es una “entidad pública” que cuenta con atribuciones, que le fueron delegadas por el Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Esto significa, que el Jefe Delegacional, no es más que el Representante del Jefe de Gobierno del Distrito Federal; y significa también, que solamente puedo representarlo, en aquello que establece la ley y los reglamentos. Así pues, el Jefe Delegacional, no es autoridad penal, legislativa, judicial; tiene pues las manos “amarradas” y no porque el Jefe de Gobierno quiera o pueda hacerlo, sino porque esa delegación, como todas las demás delegaciones del Distrito Federal, son las entidades políticas, “mas raras” que existen en toda la República mexicana, parecen municipios, pero no lo son, ni cuentan con las atribuciones de éstos.

Los municipios tienen patrimonio propio y personalidad jurídica; tienen facultades para expedir bandos de policía y buen gobierno, reglamentar aquello que a su jurisdicción le corresponda, administrar su hacienda, formular y aprobar los planes de desarrollo municipal, además de prestar los servicios públicos de agua potable, alumbrado, limpia, mercados, centrales de abasto, panteones, rastros, calles, parques, jardines, seguridad publica y tránsito. Además los municipios se integran por un “Ayuntamiento”, que no es más que un órgano colegiado, en el que participan y delibera un Presidente, síndicos y regidores; así pues, el Presidente ejecuta las decisiones y hace cumplir la legislación; los síndicos por otra parte, tienen a su cargo la defensa y procuración de los derechos patrimoniales del municipio y de la contraloría interna; mientras que los regidores, tienen la tarea de vigilar y atender el sector de la administración que les haya sido encomendado.



En cambio las delegaciones, no tienen contrapeso político en la demarcación; no hay un “síndicos”, ni mucho menos “regidores”, que vigilen su trabajo; son pues, verdaderos virreyes; quizás eso haya explicado porque las delegaciones políticas del Distrito Federal se hayan corrompido desde que sus titulares resultan electos por el voto popular. Se creen "presidentes municipales", pero la verdad, es que no lo son. No tienen contrapeso político alguno, ni margen de maniobra alguna para hacer modificaciones o dictar nuevas reglas, ni siquiera en “su propia casa”. .

Las delegaciones políticas tienen una “cuasi-personalidad jurídica”, son pues, como si fueran “hijos de familia menores de edad”, de su “papa”, quien es el Jefe de Gobierno; pero además, las delegaciones no tienen facultades reglamentarias, vaya ni siquiera pueden regular el manejo de su mobiliario o de su papelería, pues eso lo regula la Oficialía Mayor del Gobierno del Distrito Federal; así pues, las políticas de austeridad se encuentran dictadas en la Circular Uno que dicta dicho Oficial, no en lo que disponga el jefe Delegacional.

Pero también, las políticas, tabuladores, salarios, conceptos nominales, ascensos, del personal que labora en la delegación,  ni siquiera un Jefe Delegacional puede meter mano en ello; así pues, duele decirlo, pero el Jefe Delegacional, es un empleado más del Gobierno del Distrito Federal, que tampoco puede de mutuo propio, reducirse el salario. ¡Claro que puede proponer ascensos y hacer designaciones y contrataciones¡, pero debe cumplir para ello, los lineamientos, pautas y calendarios nominales que le dictan desde la Oficialía Mayor. ¡Así pues, si el Oficial Mayor quiere, le puede hacer caso o no a las propuestas que haga el Jefe Delegacional; basta ver solo un recibo de pago de cualquier empleado de la Delegación, para darse cuenta, que el verdadero “patrón”, no es el Jefe Delegacional, sino el Jefe de Gobierno.



Las delegaciones políticas “no están en quiebra”, no lo están, porque nunca han tenido dinero; es decir, si administran dinero, pero ese dinero, no se maneja solo, de mutuo propio por los designios del delegado, sino que también, se sujeta a las pautas, lineamientos y calendarios que para ello le dicta el Secretario de Finanzas. No es como el Municipio que tiene su oficina llamada "Tesorería", en donde el presidente municipal puede disponer de los recursos de forma inmediata; en una delegación, cualquiera del Distrito Federal,  no existe eso, la "Tesoreria de la Delegación Cuauhtémoc", no es la Dirección General de Administración, ni el área de recursos financieros, sino que lo es, la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Distrito Federal. Por lo tanto, si el Jefe Delegacional requiere dinero, no puede hacerle como los presidentes municipales que pueden solicitar el pago de impuestos o imponer multas para incrementar su hacienda pública, o pedirle a su empleado el tesorero que le dé dinero; en el caso de una delegación no es así, sino que el Delegado tiene que “estirarle la mano” al Secretario de Finanzas, para que éste, decida o no, darle recursos a la delegación.

Una delegación tampoco puede modificar los usos de suelo, es decir, impedir que se construyan rascacielos en el Paseo de la Reforma o nuevos condominios en cualquier colonia de la Delegación Cuauhtémoc; la autoridad que decide los tipos de usos de suelo y hasta la altura de los edificios que se construyan, es la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda; no el Director General de Obras de la Delegación.

¿Qué el delegado quiera también combatir la corrupción?. ¡Tampoco puede hacerlo¡; Eso le corresponde al Contralor General del Distrito Federal, no al Jefe Delegacional, ni mucho menos, a quien se desempeñe como Contralor Interno. Siendo además que el superior jerárquico del Contralor Interno, no es el Jefe Delegacional, sino el Director General de Contralorías Internas quien depende a su vez del Contralor General y el que establece, lo que debe auditarse, revisarse o verificarse, no es el delegado, sino el Contralor General.

¿Qué el delegado quiere abatir la delincuencia?. Tampoco puede hacerlo, eso le corresponde al Secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal; o que quiera iniciar denuncias penales por cohecho y extorsión en contra de los servidores públicos, pues eso le corresponde al Procurador General de Justicia del Distrito Federal; es más, las Coordinaciones territoriales que se encuentran dentro de la demarcación, (llamadas Agencias de Ministerio Público), no obedecen al Jefe Delegacional, sino al Fiscal Desconcentrado de la Delegación Cuauhtémoc, el cual a su vez, dependen del Subprocurador de Averiguaciones Previas Desconcentradas, dependiente a su vez, de su jefe, el Procurador General de Justicia.

En fin, podríamos seguir dando ejemplos y mas ejemplos y darnos cuenta, que ni siquiera el Jefe Delegacional puede clausurar un local comercial, pues eso le compete al Instituto de Verificación; o inclusive, autorizar una base de taxis o de microbuses, pues para ello esta la Secretaria de Movilidad; vaya, ni siquiera puede reducir tarifas de metro, metrobús, camiones, etc; lamento decir con todo ello, que la figura del Jefe Delegacional, es "decorativa", sin margen de maniobra, mas que el de la posibilidad de convertirse en demagogo y corromperse.



Inclusive, tampoco puede abrir nuevas escuelas o universidades publicas, pues lo de la creación de la Escuela de Derecho "Poncíano Arriaga", es una ocurrencia política del partido MORENA; se trata no de la constitución de una nueva entidad pública educativa, sino mas bien, de la constitución de una Asociación Civil, subsidiada por las cuotas obligatorias de la militancia partidista y de algunos servidores públicos,  que deberá en todo caso, recabar los permisos, autorizaciones y reconocimientos de validez oficial ante la Secretaría de Educación Pública del gobierno federal para poder expedir títulos profesionales. Se trata pues, de crear escuelas particulares "gratuitas", cuya calidad académica, puede ser igual de dudosa, que las llamadas "escuelas patito"..   

De ahí, que con todas estas imposibilidades normativas y administrativas, toca responder el segundo punto de la cuestión; respecto a la posición política del jefe Delegacional. Lo cierto es, que desde 1997, ningún Jefe Delegacional ha tenido posibilidades para convertirse en Jefe de Gobierno; por ejemplo, en el año 2000 Andrés Manuel López Obrador había sido presidente del PRD; en el 2006 Marcelo Ebrard Casaubón era Secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal y posteriormente Secretario de Desarrollo Social; mientras que en el 2012, Miguel Ángel Mancera provenía de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.  Por lo tanto, jamás en la historia política del Distrito Federal, un jefe delegacional ha brincado a ser Jefe de Gobierno.

Sin embargo, no dudo del liderazgo de Ricardo Monreal, ni del manejo político que haga ante las deficiencias y lagunas normativas que sin duda alguna, limitaran su desempeño como delegado y que le harán incumplir con sus promesas.

Sin embargo, los políticos como Ricardo Monreal tienen la habilidad de decir muchas cosas cuando prometen y también de decir muchas cosas, cuando justifican, porque no pudieron cumplir con lo que alguna vez prometieron. ¡Verbo, coraje y pasión jamás le faltaran¡. De eso, no tengo la menor duda.

Un escenario triste sería ver la confrontación entre la delegación y el Jefe de Gobierno del Distrito Federal. En ese escenario, son los políticos los que ganan y los ciudadanos los que pierden. 

¿Qué futuro le depara a la Delegación?. Ninguna otra, más que la habilidad de saber negociar y sentarse en la mesa, con el Oficial Mayor, el Secretario de Finanzas, el Secretario de Seguridad Pública, el Secretario de Movilidad, el Secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, el Secretario de Gobierno y hasta con el Director General de ProCdMx  en lo referente al corredor Chapultepec. Funcionarios que si pueden hacer, lo que el Delegado por voto popular, no puede hacer.

¡Y esto realmente es una paradoja¡. la reforma política del Distrito Federal sigue siendo la eterna promesa que deja a los habitantes del Distrito Federal, sin espacios para contrarrestar el "poder" de los delegados. Refiriéndome por "poder", a la mera apariencia que tienen los jefes delegacionales de ser "presidentes municipales", pero solo apariencia, la verdad de los hechos, es que no lo son, ni tienen facultades equiparables, ni margen de maniobra, ni nada.   El ordenamiento jurídico del Gobierno del Distrito Federal, conserva la estructura centralista y autoritaria, que ha dejado de existir en algunas Entidades Federativas, no se diga en la federación.  

Y es que es una paradoja que "la ciudad de las libertades", o la "ciudad más transparente", el Jefe de Gobierno tenga atribuciones excesivas que no tenga ningún Gobernador de la República o que los Jefes Delegacionales, no puedan hacer lo mismo, que los Presidentes Municipales de cualquier entidad del país. 

Los delegados al menos, durante el "PeRreDato", solo actuaron como órganos que administraban la clientela política al servicio del Jefe de Gobierno y que manejaban los recursos públicos que recibían del "Sector Central", de forma discrecional, para el beneficio, de esa clase gubernamental delegacional y también, desde luego, de sus clientelas políticas.  Lo peor del "PeRreDato", es que se corrompieron, nunca pudieron éstos vencer al PRI, sino que en vez de ello, terminaron creando su propio "Frankistein", de piel MORENA, que ahora, los desplaza del escenario. (Si el termino "Frankistein" pareciera terrible, entonces digamos, que el PRD gestó a su propio hijo y verdugo de su conciencia; su peor juez, no la historia, sino su pasado viviente que les reclama).  

Ahora bien, preguntemonos: ¿Cambiaran las cosas?. ¡No creo que esa situación cambie en los próximos años. 

Seguirá existiendo en la delegación Cuauhtémoc, la mafia que exista en las redes de prostitución, de robo de autopartes, de "narcomenudistas". Una administración delegacional  no puede sustituir a la Procuraduría General de la República.

Seguirán existiendo también, los "intereses" de las inmobiliarias por comprar y construir nuevos inmuebles, con cuantiosas ganancias. Una administración delegacional tampoco puede frenar la inversión privada y extranjera que promete una de las ciudades mas promisorias de América Latina.

Seguirá existiendo las clientelas políticas de solicitantes de vivienda o comerciantes ambulantes. Pues una Administración delegacional no puede romper con las organizaciones que no solamente le aportan votos en las elecciones, sino  también personas en sus marchas, plantones, mitines y manifestaciones. 

Seguirán existiendo, los "aviadores" en la delegación, o los "moches" en las oficinas de Recursos Materiales para la asignación de contratos de adquisiciones y obras públicas. La corrupción "buena", es aquella que sirve para la noble causa de financiar la refundación de la República, el Proyecto Alternativo de Nación, la "Regeneración de la sociedad", los recursos del INE al partido, son y siempre serán insuficientes, las posiciones de poder, deben ser explotadas para seguir operando políticamente a favor de la causa. 

Seguirán existiendo todos esos males, porque aunque el Jefe Delegacional tenga toda la voluntad para erradicarlos y decida sentarse todos los miércoles en "la mesita" de la explanada, no puede hacerlo, porque su poder, es "mera apariencia"; ni todas sus ganas, ni todo el tiempo que pueda dedicara la ciudadanía, pueda igualar las funciones, ni el compromiso y honorabilidad de quienes serán sus colaboradores: Llaménse estos Directores Generales, Directores, subdirectores, jefes de unidad departamental. Un Jefe Delegacional puede escuchar a la gente y dar ordenes, pero no podrá jamás estar elaborando oficios, glosar expedientes y dar seguimiento a todas las peticiones que reciben. Algunas podrá atenderlas, otras no; el pensamiento mágico de muchos ciudadanos, se verán desilusionados, cuando descubrán que sus problemas, no puedan solucionarse. "El delegado, les dio el avión".    

Así pues, el jefe Delegacional, solo podrá quejarse y lamentarse, de lo que no pueda hacer;  y para variar, si se "queja", se tiene que formar también en la ventanilla de la procuraduría o de la contraloría, para que su queja, pueda ser "atendida". 

Ricardo Monreal sabrá compensar con su habilidad política, sus deficiencias normativas y administrativas; el secreto de todo esta en el dialogo, el respeto y la negociación; pero independientemente de eso, nada mas triste sería, que el Jefe Delegacional en Cuauhtémoc, actuara como líder de una pandilla que juegue a victimizarse y a tener ocurrencias legislativas como "asaltar tribunas" o insultar a los adversarios, en vez de debatir; nada más triste sería que el jefe Delegacional actuara como un gran simulador, que sus promesas y esa actitud valiente de haber denunciado la corrupción de sus antecesores, solo sea una fantómina, una farsa, para atraer el raiting de las televisoras; entonces, los ciudadanos de "la capital de la capital", dejaran de creer en la política y el próximo candidato que contienda por la delegación, no le creerán.  ¡O al menos¡ .... 

¡Que exista más de uno que se lo crea¡.