sábado, 3 de marzo de 2012

MEMORIAS DE UN EX-CECEACHERO



Cuando estas chavo y tienes 17 años si sabes lo que quieres, aunque vivas equivocado, pero si sabes lo que quieres. Es la edad en que te encuentras en el CCH Azcapotzalco, en un ambiente en que tus ideas, no coinciden con lo que se dice en los noticieros en la televisión; aprendes en tus clases de Historia Universal o Teoría de la Historia, sobre el cuarto modo de producción, amas a Ernesto Cheguevara, añoras porque México tenga una autentica revolución como la Cubana, tienes también el coraje de haber nacido tarde, sin haber presenciado el movimiento estudiantil de 1968, el fin de la guerra de Vietnam o la separación de los Beatles. ¡Así son las cosas¡. Los noticieros “Eco” de Televisa, difunden cada hora, como se derrumba la Unión Soviética, Rumania, Polonia, Checoslovaquia, eso sin olvidar la guerra civil de Yugoslavia entre serbios, croatas y herzegovinos; no puedes creer que las estatuas de Marx, Lenin o Stalin, sean derrumbadas por aquellos ciudadanos “ingratos” que crecieron bajo el régimen socialista, mucho menos crees esa leyenda, de que hay un Mc Donalds en la Plaza Roja de Moscú y menos aun, que la Zapatería Canadá, tiene una línea de zapatos juveniles llamada “perestroika”.

Prendes la televisión y oyes a Gloria Trevi cantar, le cambias de canal y te encuentras con un comercial de “Don Beto, don Beto, ya tenemos carretera”, sabes que Carlos Salinas de Gortari, es el presidente más joven en la historia del país y que también es el mejor que se haya tenido desde Lázaro Cárdenas del Rio; sabes también, que el PRI y “Solidaridad” son casi lo mismo; entonces no haces más, que vivir resignado, de saber que la Constitución de 1917 seguirá siendo reformada, para quedar acorde con el Tratado de Libre Comercio que se está negociando con los Estados Unidos; y por eso te quieres dar un tiro, porque los americanos ganaron la “guerra fría” y también, porque ninguna chava te pela.

Observas a tus compañeros y no dan crédito sobre la llegada de Guns and Roses al Palacio de los Deportes; se rumora que también vendrá Madonna, como ya lo hizo Michael Jackson y Elton John en el Estadio Azteca; entonces, tienes que aceptar que vives en la modernidad, que México es un país de triunfadores, que por eso Julio César Chávez es el mejor boxeador “kilo por kilo”, que Octavio Paz ganó el Premio Nobel, Lupita Jones, el certamen Miss Universo y que la selección mexicana, concursara en la Copa América, donde será campeón con la selección que encabeza Jorge Campos, David Patiño, Claudio Suarez, García Aspe, Luis García y el veteranísimo “pentapichichi” Hugo Sánchez, todos bajo la dirección del Doctor Miguel Mejía Barón, campeón con los PUMAS, quien por cierto, le gano al odioso América con todo y “Zague”.  Sabes todo eso, porque te lo dice Jacobo Zabludovsky, en su aburrido noticiero de “24 horas”, escuchas que el país marcha de maravilla, que ya somos del “primer mundo”, que hasta Dios nos ha premiado, regalándonos un eclipse solar.

Entonces te encuentras a tu gran amigo de la secundaria y a sus hermanos menores, con los que jugaste futbol en el Estadio de las Democracias, donde recibiste doce goles del “Real Impala”; tus hermanos con los que jugaste en el modulo deportivo de Tlatilco y prometiste en tu locura, edificar un estadio en honor a esas cascaras; a ellos, que los sientes como tus familiares, con los que apoyaste a su hermano menor de seis años, en los campos de futbol de la Universidad Lasalle, apoyando con una bandera a “Capitán Power”; eres no solamente ayudante de entrenador o portero de futbol, sino también, caricaturista, escritor de obras de teatro y hasta actor, de la compañía teatral que acabas de inaugurar: El TRD.

Amas la música de Alex Lora del TRI o de Saúl Hernández de los Caifanes, también oyes Kumbala de Maldita vecindad y hasta “Café Tacuba”; te gusta visitar el tianguis del Chopo y eres enemigo acérrimo de los productos televisivos de Raúl Velasco; por lo tanto, no oyes a Gloria Trevi, Alejandra Guzmán, Mijares, Magneto, mucho menos a Locomia; eso sí, te gusta la música de Joaquín Sabina, a quienes consideran “Rock Pop”, pero sabes que no es cierto, que irías también al Auditorio Nacional a escuchar sus rolas del “pirata cojo”, “cristina” y “quien me ha robado el mes de abril”. Que eres capaz de perdonarlo, por haber cantado, en el festival de Acapulco.

El CCH Azcapotzalco es enorme, tiene jardineras y unas canchas donde puedes desde jugar futbol, hasta “revolcarte”, con la chava con la que te da entrada; entonces, sabes que el primer órgano sexual es el tacto, principalmente tu mano, con la que te tocan y puedes tocar sabrosamente; ¡ahhhhh que rico¡….. Si no te place los “revolcaderos”, está el parque Tezozomoc, finalmente sabes que en las instalaciones de la Universidad, eres libre, si quieres entras a tus clases o no, si repruebas tienes derecho a presentar los extraordinarios que quieras, estas sumamente orgulloso de pertenecer a la comunidad universitaria y por eso te enojas y te indignas, cuando el Rector Sarukhan, quiere aumentar las becas. ¡No somos fósiles, ni porros, ni pseudoestudiantes.¡

Cuando haces teatro, en el salón Sor Juana Inés de la Cruz, lo haces convencido de que es una forma de expresar libremente tu opinión y tu critica a todos, incluyendo hasta los que critican; el CEU y el Colectivo “Nosotros”, no llenas tus expectativas, porque cuando salen a defender la educación pública y gratuita, lo hacen, rayoneando las paredes, haciendo pintas con faltas de ortografía, además de que sus líderes son borrachos o grifos, o los ves divididos y desconfiados, al grado de la ridícula paranoia que no dejan involucrarte en los asuntos públicos, porque sospechan que eres “oreja” de la Dirección.
Formas tu compañía teatral, sabiendo de antemano, que el teatro, es sólo un medio para poderte expresar, realmente no te interesa estudiar actuación, ni ser el nuevo Eduardo Palomo, tampoco quieres volverte gey, ni dedicarte a la danza o a cantar en el coro; pero sin embargo haces teatro, porque sabes que en el auditorio, donde te verán actuar, aprenderán riéndose, a que las cosas que ocurren en el país, no son realmente lo que dicen que son.



Por eso actuaste “¡Que nos pasa Universitario”, “Los Mothernos” y “En Estamos Locos”, logras conjugar el humor de Héctor Suárez con el de los Polivoces, llenas la sala de teatro y haces dos funciones diarias; sólo necesitas una gordita de suadero y un refresco para aguantar la jornada; sino hay, un cigarro basta y si no fumas, entonces unos tuinkis.

Involucras al grupo entero a llevar a cabo la obra de Rojo Amanecer, basada en la película de Héctor Bonilla, María Rojo y los hermanos Bichir; tu compañía de teatro el TRD, hace giras a otros CCH’s, visitas Naucalpan, donde te reivindicas como hombre y también, visitas a la Escuela Superior de Turismo del Instituto Politécnico Nacional, donde gritas un “Goya” en vez de un “Wellum”….  ¡Que días aquellos¡. Una excursión al Santuario de la Mariposa Monarca y la tentativa consumada de probar alcohol.


Besas, fajas y hasta repruebas materias; también te peleas, con los que eran tus amigo y desde tu inmensa soledad, sabes en el fondo, que debes acabar el CCH para estudiar una carrera profesional, no sabes si Física o Derecho, si Bibliotecología o Periodismo, si elegir CU o Acatlan; poco a poco, los edificios comienzan a correrte, a recordarte, que un cuarto año es tiempo extra y que un quinto año, serás entonces, realmente un fósil.
Esos días no volverán. Podrán hacerse uno o dos o mas reencuentros; pero eso días jamás volverán; extrañas muchas cosas, las clases de historia, las canchas y aquellas cascaritas donde eras portero y te lanzabas espectacularmente, imitando a René Higuita o a Jorge Campos; extrañas las gorditas de suadero y hasta empeñar tu calculadora con el “Mandril”. ¡Ya no volverán esas fechas¡, ni tampoco, pararte al escenario detrás de la cortina, a llevar a cabo la quinta representación de la obra de teatro de “Rojo Amanecer” o de “Aquí pá allá”, que dejaste de hacer por problemas aparentemente técnicos.  


¡Esos días ya no volverán¡ …. ¡El tiempo pasa¡ y cuando tienes diecisiete años, sabes realmente lo que quieres, aunque estés equivocado. Finalmente, apruebas las materias que debes, creces y te conviertes, en lo que ahora eres.