domingo, 18 de noviembre de 2012

CONSTRUIR SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS

Construir una sociedad democrática, no es nada fácil. Más cuando la cultura política en la que nos hemos desarrollado, ha sido marcada con un tradicionalismo autoritario, vertical, donde la toma de decisiones populares, es en base a una simulación. Donde la gente acepta resignadamente, su destino de ser burlada, defraudada; de soportar, a veces con indignación y en otras con frustración, el lastre de sus gobernantes y representantes populares.

Al menos, quisiera ser un poco tolerante y proactivo, para exponer, porque es importante promover una iniciativa popular.

Es obvio, que cualquier conciencia “sana” o “adaptada” al sistema, diría que eso de andar recabando firmas para promover una iniciativa popular, es una labor “utópica”,“quijotesca”, “romántica”, quizás algunos la consideren “absurda”, o “que no tiene nada de novedosa”; y posiblemente, muchas de esas afirmaciones sean ciertas, al menos, desde el enfoque de ellos; por lo tanto, no me corresponde colocarme en una posición de juez para calificarlas negativamente, simplemente, las respeto, aunque bien, difiero con ellas.

Una iniciativa popular es ante todo, un mecanismo de democracia participativa, que quizás, resulte poca práctica o dificultosa, tomando en cuenta, que uno podría elegir caminos más cortos y menos tormentosos para conseguir un mismo objetivo: presentar una iniciativa de ley. Cualquier ciudadano puede presentar un escrito de petición a su diputado y este a su vez, podría presentarla ante el Pleno de su respectiva Cámara; si ese es el caso, entonces para que habría que recolectar firmas y cientos y miles de firmas, para hacer lo mismo, si bien, podría uno hacerlo a través de un “contacto” o de su respectivo representante popular.

La respuesta a esta interrogante, es que el objetivo de recolectar firmas, es educar a la ciudadanía, a formar la conciencia colectiva, a preparar a la población, a esa masa, que a veces no se manifiesta, no marcha, no analiza, o simplemente no le interesa los asuntos políticos, hacerles saber que existen diversas formas de ejercer la ciudadanía, que no sea necesariamente votar; que esas nuevas formas de ejercer la ciudadanía, es precisamente, involucrándose en los asuntos públicos, en participar, no en las cuestiones bizantinas a la que a veces los medios masivos de comunicación se dedican y que a veces ignoramos, sino tener la capacidad de dar una mirada al semejante, a nuestro vecino, a nuestra comunidad y sobre todo, de marcar la agenda pública, a la que deben centrarse nuestros políticos.

Recolectar firmas para una iniciativa, deja también muchas enseñanzas; alguien tiene que hacerlo, la ley lo prevé y debe de haber personas que así lo hagan. Si nadie lo hace, entonces, ¿que impedimento habrá para no hacerlo?.

En casi todos los países existe la figura de la iniciativa popular, en España, Argentina, Suiza, Colombia, Venezuela, Ecuador, Estados Unidos; ¿porqué no iba existir en México?. El problema es, por lo tanto, no es si existe o no la iniciativa popular, sino quien tiene la voluntad de emprender una cruzada por la democratización de nuestra ciudad. Ejercer derechos políticos, no es cuestión de políticos, tampoco de oligarquías nacidas en cunas “privilegiadas”, mucho menos, de tribus o pandillas clientelares; ejercer derechos políticos, es una noble función de los ciudadanos, al menos de quienes aspiran a serlo.

Muchas veces nos hemos quejado de lo mal que es el gobierno, pero también, nadie hace nada para cambiarlo. Nuestro pensamiento mágico se reduce en la falsa idea de que votar solucionaría todo y otras conciencias más, creen que amentando madres en el zócalo, podría derribar las estructuras gubernamentales tanto nacionales como mundiales, como si estos fueran, los muros de Jericó. ¡Ojalá fuera así de sencillo¡

¡Pero no es así¡. Derrocar gobiernos, es una tarea de lo más fácil, pero construir democracias, es una tarea ardua y difícil que nos corresponde a todos.

¿Por qué es importante construir democracias?. Por la sencilla razón, de que la ciudadanía debe involucrarse en solucionar los problemas de todos. Porque debe entender, que unidos y juntos, podemos resolver aquellos malestares que tenemos. No se trata de identidades partidistas o inclusive ideológicas, igual da si son amarillos o rojos o azules, si son republícanos o demócratas, blancos, indígenas o afroamericanos; lo importante es acabar con el hambre, el desempleo, la pobreza, el deterioro, la discriminación; lo importante, es encontrar la formula, de que la sociedad pueda vivir feliz, de ayudarnos mutuamente del atolladero en que muchos nos encontramos, sino lo hacemos, corremos el peligro, de perdernos en la indiferencia; que esa misma sociedad, termine por matarnos, robarnos, ignorarnos.

¿Qué culpa tenemos a veces de soportar el vecino que abusa de los cajones del estacionamiento?, ¿de soportar las heces del perro?, ¿el ruido del vecino?; ¿que culpa tenemos de vivir en una ciudad ajetreada, de neuróticos, bravucones; que culpa tienen algunos trabajadores de soportar los abusos de su patrones, o los patrones, de tolerar el resentimiento de sus trabajadores?; ¿Qué culpa tienen los socios de robarse, mentirse, engañarse?; ninguna alma debería de vivir desanimada, aislada, incomprendida, al bordo del abismo, de la segregación que como humanos indiferentes, hemos construido. ¡Ningún semejante, debería de asesinar a otro semejante¡.

Los gobiernos y muchos de nuestros políticos deben ser también educados, los ciudadanos demos demostrarles que no son una masa infantil a la que fácilmente se le puede manipular o sobornar; el proceso es largo pero seguro. Las redes sociales han ayudado mucho a despertar esa conciencia colectiva, pero no es suficiente, es hora de ejercer los mecanismos legales que nos permitan a todos, sentirnos ciudadanos.

Un gobierno necesita de muchos ojos que los vigilen; los grandes monopolios empresariales, deben también ser educados por un público consumidor exigente;  nuestro vecino, nuestro policia, barrendero, médico, profesor, todos y  cada uno de nosotros, también debemos aprender asumir, el compromiso con nuestro propio destino y también, poder ayudar a la vida de nuestros semejantes.

Si logramos que la comunidad se transforma, el ser humano también se transformará.

¡No es tarea de locos¡. Es una responsabilidad social.