domingo, 17 de abril de 2016

CRÓNICA DEL ECOCIDIO CHILANGO (O bien, el Crecimiento de la Ciudad de México, que es lo mismo). Primera parte.




El daño masivo o la destrucción ambiental, en proporciones excesivas, que ponen en riesgo, la vida y la salud de los habitantes o de cualquier especie vegetal o animal, en un territorio determinado,  es desde luego, un ecocidio ambiental. Eso, es lo que hemos padecido los habitantes de esta gran Ciudad. 

Quizás este daño empezó desde la conquista, cuando se decidió destruir la gran Tenochtitlán y en su lugar edificar, la Insignie y Leal Ciudad de México.   

El águila que alguna vez devoró la serpiente, posando en una penca de nopales, paso a convertirse más, en un símbolo, el escudo de papel que representa el escudo nacional, simples papeles, banderas o monedas, que ilustran el hábitat que existía en este lago hace más de siete siglos; ahora, en nuestra contaminada Ciudad, nada de eso queda.  


Solo enormes rascacielos, automóviles, vialidades congestionados, aire contaminado, millones de habitantes sufriendo incomodidades producidas por el ajetreo de esta gran urbe y desde luego, miles de funcionarios muchos de ellos, unos verdaderos ineptos. Ningún responsable. Aun todavía, ninguna sentencia histórica que responsabilice a los culpables.


La historia del ecocidio chilango, tiene sus antecedentes, en los fenómenos naturales, citamos dos de ellos, la primera de ellas, la gran inundación de 1629, la segunda, los sismos de 1985. 

La Ciudad edificada por los conquistadores españoles, logro sobrevivir a la gran inundación. Cómo si fuera una plaga bíblica,  el 20 de septiembre de 1629, el cielo ennegreció por más de 36 horas ininterrumpidas, quedando toda la Ciudad inundada. Las autoridades eclesiásticas de la época, estimaron la muerte de por lo menos 30 mil personas. Así también, estimaron que de 30 mil familias que existían antes del “diluvio”, solo sobrevivieron 400. Aquel torrente aguacero, se le conoció como el “Diluvio de San Mateo”. Tan sólo tardaría cinco años la Ciudad, para que las autoridades, pudieran “sacar” todo el agua. 

Casualmente, casi trescientos cincuenta y seis años después, la Ciudad de México, sobreviviría a dos intensos terremotos, de 8.1 y 7.7 grados, que devastaría la Ciudad.  Nos referimos a los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985. Las cifras oficiales, que se aportaron en aquellos días, por la Cámara de Diputados, refiere que hubo al menos, 9, 089 muertos, 4,830 heridos, 2,420 personas atrapadas entre los escombros, 5,638 desaparecidos, 252 edificios públicos derrumbados, 165 más dañados, 3 mil cadáveres rescatados entre los escombros, 1,500 mas atrapados entre los mismos; algo así como treinta mil damnificados y trece mil personas más, durmiendo en la calle. 

Fuera de esas catástrofes naturales. Ahora los habitantes de la Ciudad de México, se preparan para llevar a cabo el ecocidio que los llevara a su destrucción.

Este ecocidio generado por sus habitantes, pero también cierto es, por las acciones y omisiones de muchos de los funcionarios, que alguna vez, gobernaron esta Ciudad.  En premio a sus esfuerzos, algunos de estos gobernantes se retiraron del servicio público, con alguna honrosa jubilación, desempeñando un cargo de embajador, aceptando una Secretaria de Estado, una candidatura presidencial o inclusive, sobreviviendo un exilio en alguna ciudad de Europa.

El caso es, que al día de la fecha, persiste la impunidad en un hecho igual de lamentable, que desaparecer personas, me refiero a todo el daño ambiental que millones de habitantes padecemos en esta Ciudad; no solamente los daños que se inhalan en al respiración, los dolores de cabeza, las gripas misteriosas, sino también, los apretujones, los calores, el estrés, que genera, convivir diariamente con millones de personas desconocidas, con los que se comparte el mismo espacio, el mismo aire, diferentes humores.

¿En que momento se jodió esta Ciudad?. En que momento llegó a convertirse este caos producido, de cinco millones de vehículos, de carriles confinados por ciclistas y metrobuses que antes no existían, por “bastones” que obstruyen vialidades, por marchas, manifestaciones; por reportes de “grados IMECA”, que nadie entiende. En que momento, esta Ciudad, empezó a valer madres. 

Al Parecer este genocidio chilango, tendrá efectos mas devastadores que la gran inundación de 1629, o los sismos de 1985. Lo peor de todo, es que apenas esta empezando.

Ernesto Uruchurtu o de como se fue gestando el Ecocidio



Hubo un gobernante en la Ciudad de México, que se llamó Ernesto Uruchurtu, apodado, “El Regente de Hierro”; desempeño el cargo de Jefe de Departamento del Distrito Federal, equivalente a lo que hoy en día es,  Jefe de Gobierno.  Su paso por la Ciudad, fue de 1952 a 1966.  Catorce años largos, que pueden explicar a partir de ese momento, los aciertos y errores, de su gobierno.

El 1 de septiembre de 1952, el entonces Presidente Adolfo Ruiz Cortinez, informaba al Congreso de la Unión, que la Ciudad de México, registraba un extraordinario crecimiento del 7% anual; la Ciudad pues, tenía una población de cinco millones de habitantes, lo que había conllevado en su administración, a realizar obras hidráulicas para garantizar el suministro de agua al a población y aminorar, los hundimientos incesantes que percibía la capital.  Para ello, se gastaron en su administración 347 millones de aquellos viejos pesos, con el fin de captar agua de las regiones  de Chalco y Amacuzac, para trasladarlo al Distrito Federal.

El Regente de Hierro era enemigo del comercio en la vía pública, en su primer sexenio, de 1952 a 1958, logró edificar 80 mercados, un enorme rastro, edificios públicos, se gasto 25 millones de aquellos pesos, para embellecer la Ciudad con parques y jardines y gasto 408 millones más, para construir, reconstruir y conservar, avenidas, pavimentos, banquetas y pasos a desnivel, llegando a crearse, 194 nuevas vialidades.  La primera administración de Uruchurtu, logró darle una “nueva imagen” a la Plaza de la Constitución, le quitó el parque que tenía, para convertirla en una plaza majestuosa, “para honrar y venerar a la patria en sus grandes celebraciones cívicas”, sobre todo el 15 de septiembre. El “Regente”, destino cientos de millones de pesos, para beneficiar a las “colonias proletarias”, para introducir agua potable, alcantarillado y colectores, pavimentación, alumbrado público.






Tan bueno, fue el trabajo del Regente Uruchurtu, que el Presidente Adolfo López Mateos decidió ratificarlo en el cargo, para que gobernara a la Ciudad, por otros seis años más.

La Ciudad de México era la región más transparente de América y quizás por eso, aprovechando la belleza de su cielo y de sus enormes volcanes, fue que el Comité Olímpico Internacional decidió asignarle la responsabilidad de organizar los juegos olímpicos de 1968.

El ideal revolucionario, del sistema político mexicano vivía en su mejor momento. Los gobiernos priístas eran populares, legítimos, nacionalistas, progresistas; no solamente se edificaba en la gran capital de la República Mexicana la majestuosa Ciudad Universitaria, sino que también, se empezaba a construir la “Ciudad Politécnica”, el “Centro Medico”, “El Museo de Antropología e Historia”, así como dos proyectos de vivienda popular dignificantes; 10 mil casas en la Unidad San Juan Aragón y 11,916 departamentos, en lo que sería la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco.






Crecer era sinonimo de progresar. El pais vivía, su "milagro económico", un futuro esperanzador que se reflejaba, en un crecimiento rápido y exponencial de la Ciudad. Millones de mexicabos abandonaban al campo y se trasladaban a la Ciudad, para buscar mejores oportunidades de vida. A cambio de ello, existía un gobierno nacionalista, legitimo, que respondería a todas esas demandas sociales, en todos campos de la vida social. 

Tan sólo la gran obra educativa y urbanística, al sur de la Ciudad, diseñada por los arquitectos Carlos Lazo, Enrique del Moral y Mario Pani, estaba finalmente construida; después de seis años de intensos trabajos, funcionaría la bella Ciudad Universitaria de la UNAM, distanciada de la Ciudad de México, sobre todo del “barrio Universitario”, pero se contemplaba alojar por lo menos a 25 mil estudiantes, de las distintas facultades de la Universidad. Era entonces el año de 1953. La Ciudad de México, prometía ser una gran urbe. 






La Ciudad de México continuaba en un exponencial crecimiento, que la misma exigía llevar a cabo obras viales, se construyó Periférico, desde el Toreo de Cuatro Caminos hasta Cuemanco Xochimilco; también el Canal de Miramontes, Insurgentes Norte, la Calzada Ermita Iztapalapa, el Viaducto, Rio Churubusco, la Calzada de Tlalpan y la prolongación de Paseo de la Reforma.  El regente no le importó demoler cuanta construcción se opusiera a sus vialidades, expropio lo que tenía que expropiar, demolió lo que simplemente estorbaba al parque vehicular, que poco a poco, fue apareciendo en la Ciudad y exigía este, vialidades rápidas. Poco le importó que se destruyeran monumentos, que se desaparecieran callejones para construir calles, que se partiera en dos edificios centenarios, que se cambiara la traza de la Ciudad, la nomenclatura de las calles, de los barrios, que se derrumbara edificios antiguos, que alguna vez fueron iglesias, conventos, hospicios, que se destruyera el patrimonio arquitectónico que alguna vez, un visitante extranjero alemán de nombre Alexander Humboldt, llamara al Distrito Federal, como “la Ciudad de los Palacios”. 



Hay quienes sostienen que Uruchurtu, fue un Regente visionario, un estadista que supo anticiparse a crear parte de la infraestructura de la Ciudad que hoy tiene; otros en cambio, no dudan en llamarle, un criminal, no por fomentar el uso automóvil y no haber creado el Metro de la Ciudad; sino más bien, por haber sido un funcionario público, que alentó a la destrucción del patrimonio histórico de la Ciudad de México. 

No obstante de modernizar el Distrito Federal, existía otro gran proyecto urbano, no lo fue la Ciudad de México, sino que este proyecto, se encontraba fuera de éste; se trataba de construir, “una Ciudad, fuera de la Ciudad”, sería en los terrenos de Naucalpan, Estado de México, 800 hectáreas, con una capacidad de 200 mil personas, diseñada también por uno de los mejores arquitéctos del régimen, Mario Pani, quien había diseñado años antes, la majestuosa “Ciudad Universitaria” de la UNAM, ahora crearía en dichos terrenos, la denominada “Ciudad Satélite”.






Ciudad Satélite fue el concepto urbanístico, del culto al automóvil y de imitación, al estilo “american way of life”. Una ciudad que imitaba las vialidades de Manhattan, glorietas circulares que carecerían de semáforos y de calles esquinadas. que conectaban con un “tronco” o avenida principal.  Una ciudad, donde sus habitantes, no tuvieran la necesidad de desplazarse a la Ciudad de México, y en razón de ello, se edificaron unas enormes torres, diseñadas por el escultor Mathias Goeritz, con el cual, desde lejos, podía identificarse el lugar. El proyecto gusto, pero a la nueva clase media alta que aparecía de ese nuevo régimen político, sobre todo a la clase política del gobierno del Estado de México, cuyo gobernador era en aquel entonces Gustavo Baz Prada. Entonces esos terrenos subieron de precios y se construyeron nuevos fraccionamientos, Echegaray, La Florida, Boulevares y jardines de San Mateo.  

En oposición a esta ciudad moderna de “corte americano”, surgiría también, su polo opuesto. “Ciudad Nezahualcoyotl”. Una región ubicada fuera de los terrenos del Distrito Federal, asentada en lo que fue el Lago de Texcoco y que hasta 1960, registraba por lo menos, 33 colonias populares. Calculada su población en 1960, en unos 100 mil habitantes. Los “lotes”, mucho mas baratos, aunque el clima, seco, sin vegetación, con inmigrantes de los distintos estados de la Republica; “Ciudad Neza”, zona popular, serían ellos, los primeros defeños excluidos, marginados; el ciudadano común de Nezahualcoyotl, no se asimilaba mexiquense, sino como parte, de la Ciudad de México. Le es más fácil satisfacer sus necesidades, en el Distrito Federal, que en la lejana Toluca. Sin embargo, para el Gobernador mexiquense, Gustavo Baz Prada, no podía dejar que esa región, “se anexara al DF”, pues ya para 1963, promovió ante el Congreso del Estado de México, el reconocimiento de municipio autónomo a dicha “Ciudad”.

Lo cierto es, que "Ciudad Neza", nació siendo el patio trasero del Distrito Federal. El lugar, donde marginados expulsados por Uruchurtu, edificarían sus casas. 



En 1964. Ernesto Uruchurtu, fue designado por tercera vez y por un tercer Presidente de la República, Gustavo Diaz Ordaz, como el Jefe de Departamento del Distrito Federal. Era pues, por así decirlo, el mejor burócrata que se tenía en aquel entonces, para poder gobernar a una Ciudad que seguía creciendo en grados exponenciales.

No basto pues, haber construido más de 180 mercados públicos, o haber ampliado el Bosque de Chapultepec a una segunda sección,  embellecido los canales de Xochimilco y construido decenas de museos; finalmente fue removido por Gustavo Díaz Ordaz, derivado, algunos dicen de una rechifla en la inauguración del Estadio Azteca, otros sostienen, que por haber desalojado violentamente a 3 mil colonos en el Pedregal de Santa Úrsula, también frente al Estadio Azteca; el caso es, que el “Regente de Hierro” fue removido, tras haber sido el gobernante por 14 años en el Distrito Federal. Un funcionario proveniente de un México autoritario, que hizo en su administración, lo que en su momento se exigía hacer, pero cuya responsabilidad, no fue tanto, haber cuidado la imagen de su jefe en el Estadio Azteca, sino que fue, no haber iniciado, la construcción del Metro. 





Alfonso Corona del Rosal o de la visión futurista de Ciudad.



El General Alfonso Corona del Rosal, fue designado por el Presidente el Licenciado Gustavo Díaz Ordaz, para gobernar a la Ciudad de México. Así pues, el nuevo regente, atendería una nueva problemática en la Ciudad; una flotilla de 7 mil 200 camiones, eran insuficientes para que por lo menos, 5 millones de personas que no tenían vehículo, pudieran trasladarse de sus casas a su trabajo o a la escuela, y de estas, a su casa. La solución del monorraíl, una especie de tranvía, era insuficiente, la mejor opción, era sin duda, construir un tren subterráneo. Un transporte masivo, que tuviera la capacidad de transportar a 120 mil personas por hora.

Se dice que fue gracias a la intervención de un empresario Bernardo Quintana, director de ICA, así como del esposo de la actriz mexicana María Félix, el señor Alex Berger y desde luego, los buenos modales del Presidente de Francia, el general Charles de Gaulle, que se logró obtener un crédito de 1,630 millones, que sumados a 900 millones de pesos que disponía el departamento del Distrito Federal, fue que se tomó la decisión de construir el Sistema de Transporte Colectivo “Metro”.

Hubiera sido ideal que la Ciudad de México que el Sistema de Transporte Colectivo, se sumara a la infraestructura olímpica que se estaba construyendo; las XIX olimpiadas ofrecían no solamente a la Ciudad, sino al país entero, la posibilidad de mostrar a la comunidad mundial, un “nuevo país”, un “nuevo México”, más allá de la visión errónea forklorica o subdesarrollada con la que se concebía el país, algo así como una región surrealista de charros o de indígenas con taparrabos; la Ciudad de México que se mostraría al mundo, tendría su estadio olímpico de Ciudad Universitaria, también, el Estadio Azteca, igual de grande que el Maracana de Brasil; tendría la Villa Olímpica Miguel Hidalgo, la Alberca Juan de la Barrera, la "Ciudad Deportiva" en donde se encontraba el Velódromo y el Palacio de los Deportes; el Auditorio Nacional y el Campo Marte en plena avenida Reforma; así como la construcción y sofisticación de la Torre de Comunicaciones para estar en posibilidad de transmitir la competencia internacional televisivamente a por lo menos 600 millones de espectadores, en un planeta de apenas 3,500 millones de habitantes, (poco menos de la mitad los habitantes al año 2010),  la mayor cobertura de la historia de la televisión a nivel mundial.






Nunca antes se había gastado tanto para esta Ciudad de México.  2 mil 600 millones de pesos en construir tres líneas de metro, mas aparte, de 1,915 millones de pesos, en organizar la olimpiada. Quizás, era esto lo que más le molestaba al Presidente Gustavo Diaz Ordaz, cuando la “chaviza estudiantil” salió a las calles a protestar y a exigir el cumplimiento de un pliego petitorio; cuando esos estudiantes universitarios y politécnicos, se dedicaban a quemar camiones, obstruir vialidades y a poner en duda, el progreso y la civilización del país entero.



4 mil 435 millones de pesos, costó la inversión que el Presidente Diaz Ordaz, programó para el futuro de la Ciudad de México. Si tomamos en cuenta que 30 años atras, (1938),  la expropiación petrolera le había costado al gobierno mexicano la cantidad de 200 millones 556 mil pesos para pagar indemnizaciones a las compañias petroleras francesas, británicas y americanas; el costo por lo tanto de la edificación del metro 2,530 millones y de la olimpiada, de 1,915 millones, equivalía a pagar a por lo menos veintidós veces la expropiación petrolera.



La avenida Periférico, alojaría la llamada “Ruta de la Amistad”, contaría con 17 kilómetros de extensión y 19 esculturas realizadas por artistas de Australia, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, Francia, Hungría, Israel, Italia, Japón, México, Maruecos, Países Bajos, Polonia, España, Suiza, Estados Unidos y Uruguay. La escala de los modelos fue estudiada previamente por arquitectos mexicanos como Pedro Ramírez Vázquez y Mathias Goeritz principal coordinador del proyecto. La Ciudad de México, sería otra totalmente diferente, para después de la olimpiada.




Quizás fue así como la Ciudad, aparecería por esos años, la llamada “Zona Rosa”, la transformación de la colonia Juárez, donde alguna vez se alojaron las casonas porfiristas, ahora, albergaría, desde cafés, galerias de arte, restaurantes, boutiques; la zona se convirtió, en el punto de reunión de los poetas, los escritores, artistas y la comunidad bohemia.

Ya para 1970, el Presidente Gustavo Díaz Ordaz y el Jefe de Departamento Alfonso Corona del Rosal, inauguraban tres líneas del metro, que se habían logrado construir, en un periodo de dos años y medio: La Línea 1 del metro, de Zaragoza a Chapultepec; la Linea 2 de Taxqueña a Tacuba y la Linea 3 de Tlatelolco a Hospital General.  Todo esto, con un costo de 2 mil 530 millones de pesos. Un total de 32 Kilometros lineales de este nuevo transporte público. Además se anunciaba que se aumentaba a 49 kilómetros mas, la red de “Transportes Eléctricos” con 305 trolebuses, que “alimentarían” al metro. La política de transporte público de la administración de Alfonso Corona del Rosal, fue un gran “salto”.








La Ciudad de México, sería la segunda ciudad en toda América Latina en contar con un “tren subterráneo”; ya lo tenía Buenos Aires desde 1913, que ya para el año de 1970, tenía cinco líneas de metro.

La Ciudad de México logró pues, en pocos años casi igualar al metro de Buenos Aires y se anticipo a otras Ciudades latinoamericanas; como Sao Paulo Brasil tendría metro en 1974, Santiago de Chile en 1975, Caracas Venezuela en 1976, Rio de Janeiro en 1979, Lima Peru y Brasilia Brasil apenas en el 2011.

Además, fue en ese momento en que comenzó a planearse, el “área metropolitana de la Ciudad de México”, creándose una Comisión en la que intervenía el gobierno federal, el Departamento del Distrito Federal y el Gobierno del Estado de México.  Comisión que tendría como objetivo, planear las acciones por realizar, para solucionar problemas básicos de la ciudad, vialidades, transporte público y abastecimiento de agua.

Fue así también, que años antes, en 1966, el Jefe de Departamento del Distrito Federal, el Secretario de Recursos Hidráulicos y Ganadería y el Gobernador del Estado de México, celebraron convenio para fijar, el aprovechamiento del agua de los mantos acuíferos subterráneos del Rio Lerma en el Estado de México; estableciendo una especie de servidumbre a favor del Distrito Federal, en gravamen del Estado de México.  Así pues, a partir de ese entonces, se “legalizo” que el agua del Estado de México, sirviera para alimentar al Distrito Federal.

De esta manera, se garantizaba que la Ciudad de México, tendría el abasto de agua, así como un transporte público limpio, masivo, económico. Un gobierno autoritario desde luego, pero con una visión de futuro.

Octavio Senties Gómez y su paso de noche, por la Ciudad de México.



Luis Echeverría Álvarez sería el Presidente de México y en su administración, hubo dos Jefes de Departamentos del Distrito Federal, el primero de ellos, Alfonso Martínez Domínguez, removido por el incidente del “Halconazo” del 10 de junio de 1971 y el segundo de ellos, Octavio Senties Gómez.

La Ciudad crecía un promedio de 250 mil habitantes por año. Al grado, que el 18% de la población a nivel nacional, se concentraba en el Distrito Federal. Al menos, 63 nuevas colonias proletarias que tenían que regularizarse. El gran proyecto de vivienda popular se trasladaría a Ixtacala Tlanepantla, Estado de México, con 9 mil viviendas; también se construiría casi de 15 mil viviendas más, en la ampliación San Juan de Aragón, Ixtacalco, San Felipe, La Albarrada, la Patera. 559 viviendas en la Pradera, cerca de San Juan de Aragón, así como también, mil viviendas mas en la zona de Coapa y en la avenida Copilco.
Pero otro problema ambiental que aparecía, era la aparición de asentamientos irregulares, “ciudades perdidas”, colonias irregularidades cuyos habitantes de las mismas, carecían de los servicios públicos indispensables, como el agua, suministro de luz; zonas ejidales que abandonaban su vocación agraria y se convertían, en conglomerados de casas y chozas, que manifestaban cinturones de pobreza.  La administración de Octavio Senties, procedió a “regularizar” la tenencia de la tierra, incorporar esos “ejidos urbanos”, a la Ciudad y prometerles, la construcción de conjuntos habitacionales que dignificará su forma de vida.

Se edificaría la “Ciudad Cuautitlan Izcalli”, que albergaría un millón de habitantes y que descongestionaría el Distrito Federal.  El Presidente Echeverría reconoció el problema como tal, le llamó: “el crecimiento incontrolado de la capital”, un fenómeno natural cuya forma de enfrentarlo, era vigorizar la economía, crear nuevos polos de desarrollo regional, descentralizar la industria, las actividades administrativas y los centros educativos.

Así pues, finalmente el problema de la contaminación en el Valle de México, fue por fin aceptado y detectado, miles de vehículos circulando, residuos generados por la población, la quema de basura, los desperdicios industriales, las frecuentes tolvaneras, todo ello motivo a que se legislara por vez primera, la Ley Federal para Prevenir y Controlar la Contaminación Ambiental, posteriormente, la Ley General de Asentamientos Humanos.   

El Presidente, se convirtió en un buen teórico del problema ambiental del Distrito Federal. Pero sus resultados prácticos fueron nulos.  No hubo avance en al red de transportes eléctricos, tampoco nada se hizo por el Metro. Únicamente se construyó el tramo de Tacubaya-Observatorio de la Línea 1 y se paso de 537 carros a 750 carros, anunciándose que el metro trasladaba diariamente, a 3 millones 250 mil personas.

Eso si, con trenes y vagones, hechos en México. Como si las cuestiones nacionalistas, redujeran costos o evitaran daños ambientales.



Quizás lo mas relevante que hizo el gobierno de Echeverría por el transporte público, fue anunciar “la mexicanización del metro”; dijo que la empresa paraestatal “Constructora Nacional de Carros de Ferrocarril”, se encargaría de construir los nuevos vagones del metro y así fue. No se compraría nada al gobierno francés. De tal manera, que se lograron construir 17 trenes y 153 carros. Un discurso nacionalista que le quitaría el patrocinio francés, al metro mexicano, convirtiéndolo ahora, en un transporte popular, para los mexicanos, construido por los mexicanos y con materiales hechos también en México. Un transporte público que incluiría una tarifa módica, y que además, dicho por el discurso político revolucionario demagógico de los gobernantes de aquel entonces, “serviría para beneficiar a las clases populares”.

El Servicio de Transporte Eléctrico, tampoco crecería en la administración de Octavio Senties. Se renovaría el 70% de los trolebuses, se incorporarían mil taxis.



Para enfrentar el gran problema de la Ciudad, que era el abasto de agua y el hundimiento de la Ciudad, se constituiría la Comisión de Estudios del Lago de Texcoco, para buscar el aprovechamiento del agua y planear, un programa de acción para los siguientes once años, que preveía la construcción de seis lagos, reforestación, acondicionamiento de pastizales, construcción de parques públicos y la ampliación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Habría que hacer el marco jurídico para ello. El 7 de enero de 1976, se publicó en el Diario Oficial, por vez primera, la Ley de Desarrollo Urbano del Distrito Federal, que tendría como objeto, ordenar y regular, el crecimiento de la Ciudad; así como determinar, los usos, destinos y reservas de las tierras, aguas y bosques de la Ciudad capital.

El Plan Director del Distrito Federal, se publicaría hasta el último día del sexenio del Jefe de Departamento Octavio Senties. El diagnostico de la Ciudad era alarmante. Una población de 12.7 millones de habitantes, que amenazaba convertirse en 27 millones para el año 2000. Miles de vehículos sin precisar cantidades, pero cuyo crecimiento, era cuatro veces más, que la tasa de crecimiento poblacional y que congestionaban las vialidades. Zonas de la ciudad, que fueron invadidas por colonos para conformar, asentamientos irregulares y que desde luego, habían originado, daños ambientales irreversibles. La ocupación de terrenos de lo que fue alguna vez el Lago de Texcoco, el Pedregal de Coyoacán, la ocupación de barrancas, en la Delegación Álvaro Obregón.  Una situación critica, que exigía, la toma de decisiones.

Se había logrado, la “descentralización de las oficinas del Departamento del Distrito Federal”, en 16 delegaciones políticas, se había logrado construir nuevos centros educativos en Azcapotzalco, Xochimilco, Iztapalapa; inclusive, fuera del Distrito Federal, en Nezahualcoyotl, Naucalpan y Cuautitlan Izcalli.  El Plan Director, lograba la clasificación de la Ciudad, en zonas urbanas, de conservación y reservas territoriales; pero faltaba ordenar otras actividades humanas, reducir el numero de viajes diario de automóviles, crear carriles o calles preferenciales para autobuses, modificar los horarios laborales para deducir el traslado de trabajo-domicilio-trabajo, entre las 14 a las 18:00 horas.

El Distrito Federal comenzaba a ser un caos. Le tocaría al Presidente José López Portillo, tratar de resolver el problema. Para ello había designado a un ilustre político y prospero empresario. Era un Profesor normalista, cuyas habilidades gerenciales, en el manejo de los negocios, lo habían convertido en un exitoso político-empresario. Ex secretario Particular de un Ex Gobernador, Exdirector de Conasupo y ex gobernador también, del Estado de México.

Sería ahora él, el nuevo Jefe de Departamento del Distrito Federal.  

Le tocaría afrontar, el ecocidio chilango.