viernes, 26 de agosto de 2011

SOÑAMOS MEXICANOS....SOÑAMOS



El “valemadrismo” es la expresión que suele utilizar el mexicano, para no asumir su responsabilidad. Es un comportamiento humano, que trata de evadir responsabilidades, abstraerse, perderse y olvidarse de las cosas, como si nada de la vida real, fuera tan importante que pudiera afectar, el sueño con el que siempre soñamos: ¡No vivir en la realidad¡.
“Valerle madre las cosas”, es simplemente, no pensar en el futuro, no tener porque preocuparse, simplemente echar relajo, reírse, coquetear, sentirse fuerte, seguro, “muy-muy”, quizás con un buen tequila, unos mariachis y un automóvil con el que uno pueda circular a un exceso de velocidad, como queriendo buscar la muerte, para demostrarla a ésta, que uno no le tiene miedo.

“Nos puede llevar la chingada”, porque ya estamos “chingados”; reímos y también lloramos de nuestra decepción, de nuestros fracasos y es tanto el dolor que acumulamos, que por eso, echamos desmadre, para olvidar las cosas, pensando en un mañana promisorio, que no existe en esta dimensión de tiempo lineal de segundo a segundo, día a día y de mes a mes, hasta olvidarnos de lo que nos ha pasado; pensamos siempre en otro espacio temporal totalmente diferente a esta “vida cruel” injusto y desigual, posiblemente en un lugar mágico, donde nuestras ilusiones puedan coexistir, sin el menor costo o sacrificio para nosotros.
Soñamos, siempre soñamos, porque “siempre nos va mal”, nuestros líderes nos han traicionado, se han vendido al mejor postor, nos han engañado, se han burlado de nosotros; quizás por eso, ante nuestra pobreza de no tener nada, ni siquiera alguna esperanza en el mundo real, somos ricos, pero muy ricos de nuestras ilusiones, soñamos con algún día ser campeones y poder tener dinero suficiente, para hacer una gran fiesta, donde podamos reír, llorar y después reír con llanto y carcajadas, como diciéndole al maldito dinero, que éste no es tan importante para hacernos la vida infelices; que nuestro orgullo, a mucha honra, es quizás lo único valioso, que no pueda medirse con dinero ; ¡orgullo, si mucho orgullo¡,  de que nos vaya mal, de nuestra pobreza, de cada una de nuestras frustraciones y también de nuestro origen; de que estamos abajo; orgullo de sentir también desprecio al hermano que nos traiciona, el que deja de ser igual a nosotros, porque crecer significa también traicionar a nuestra raza. El mexicano se mira asimismo siempre abajo, no le gusta ver arriba, siempre quiere ver a sus hermanos abajo, siempre abajo, entre más abajo mejor. Solamente así le extiende la mano para ayudarlo.


Soñamos, porque el mundo ideal es mejor que el mundo real; porque somos un pueblo espiritual, donde la madre de Dios, eligio esta tierra para cubrirnos con su manto; donde nuestra madre, aquella mujer santa, pura e inmaculada, nos cobija siempre, dándonos de comer, rezando siempre por nosotros, encubriéndonos del maldito padre que nos agandaya, el que nos amenaza, al que sin reconocerlo, en el fondo, le tenemos miedo; y que por esa razón, lo odiamos, porque no tenemos el poder chingativo que éste tiene, porque quisiéramos tenerlo, para chingar a quien se deje, pero no a nuestra madre.
Soñamos en el mundo ideal donde nuestra bandera es la mas preciosa del planeta y donde nuestro himno nacional es sacro y santo como nuestra divina madre, aunque no nos sepamos ni una estrofa completa; idealizamos nuestros tótems, nos duele cuando nos dejan solos, porque nos dejan desamparados, a la merced de una bola de cabrones que siempre nos están chingando; acumulamos odios, muchos odios, jamás olvidamos, el que no las hace, tarde o temprano nos las paga; por una sencilla razón, somos muy, ¡pero muy cabrones¡.
No le tenemos miedo a la muerte, ni a la chingada misma que es nuestra madre; mucho menos, le tenemos miedo a la policía, al gobierno, a la cárcel; somos machos, muy pero muy machos, si chillamos nos aguantamos, nuestro orgullo siempre nos levanta, podremos ser asesinos pero jamás rateros, o podemos ser ladrones, pero jamás asesinos; no las dos cosas o ninguna de ellas; porque lo único que no podemos aceptar, lo que si es digno de censurarse y reprocharse por siempre, es que seamos una bola de pendejos. ¡Perdonamos al asesino y al ratero¡. Pero jamás al pendejo.

El pendejo es el pendejo. Se puede ser un ladrón, pero no un ladrón pendejo. Se puede ser un matón, pero tampoco un matón pendejo. Pendejo es el que no roba, “él que se abre”, el “que le saca”; el que se deja “atrapar o descubrir”, es también aquel que se deja violar una y otra vez más, en un lenguaje poético obsceno y homosexual, donde lo más importante es “que nos la metan”, sin darnos cuenta: el albur.
Nos gusta chingar, pero también ayudar. Por eso siempre ayudamos al que estamos chingando, siempre y cuando éste se “doble” y nos pida el “favor”. De esa manera lavamos nuestra culpa, “somos tranzas”, pero lo hacemos por ayudar. La ley, la constitución y todos los reglamentos, al que tanto culto rinden nuestros políticos, sólo sirven para dominar al pueblo de pendejos que votan por el partido que siempre les miente y también les roba; en cambio los seres humanos que representan al poder, el que tienen un “buen contacto” o una “buena palanca”, los buscamos para pedirles su protección, pues ello estarán siempre dispuestos “ayudarnos”.  
Es el país de los “poderosos”, de los “influyentes”, donde aunque digamos que seamos iguales, muy en el fondo sabemos que hay niveles. Son los “gueritos”, el “patrón”, la “niña bien”, el que nos da de comer, son gente de otro mundo, que pareciera que no mean y tampoco cagan, son tan místicos, que el dia que se mueren, también les lloramos.
En fin, esa es parte de nuestra alma. No somos buenos ni tampoco malos. Simplemente somos lo que somos. No tenemos la culpa, de que el mundo no nos entienda. Somos así, nostálgicos, recordando que todo tiempo pasado, fue siempre mejor. Rezamos, porque algún día, volverán a reencarnar nuestros muertos ha salvarnos de esta gran crisis. Lo sabemos, porque siempre estamos soñando.
¡Soñando¡ ….¡Simplemente soñando¡