domingo, 27 de noviembre de 2011

LA GRAN LECCION DEL CODIGO AMBIENTAL


Quisiera escribir muchas cosas, pero no sé por dónde iniciar. Podríamos hablar sobre los derechos colectivos y la forma en que estos se ejercen, decirles por ejemplo, que los derechos ambientales son derechos colectivos y que lo realizado en el Hemiciclo Juárez de la Alameda Central de la Ciudad de México, fue precisamente, la vivencia de un derecho colectivo; podría decirles eso y más … pero la verdad, es que la experiencia vivida el día sábado 26 de noviembre del 2011 fue mucho más que eso.
Hace años José Vasconcelos, quien fue Rector de la Universidad Nacional de México, dijo al protestar en su cargo, palabras más, palabras menos, que no venía trabajar en la Universidad, sino que la Universidad, debía de trabajar para el pueblo. El ideólogo intelectual de la revolución mexicana, concibió una Universidad Nacional al servicio de su pueblo, un claustro del conocimiento, pero no elitista, sino para servir a los hombres y mujeres del país, marginados por su pobreza, su ignorancia, por el olvido. Fue él, quien acuño el lema: “¡Por mi raza, hablara mi espíritu¡.”
José Vasconcelos, Ser humano, polémico por sus amoríos e ideas por momentos radicales, deja a sus profesores y estudiantes una gran enseñanza, nos lega la identidad de sentirnos auténticamente universitarios, de tener un escudo y un lema, de saber que la Universidad Nacional surge, no como la creación intelectual del gobierno dictatorial de Porfirio Díaz derrocado por el movimiento armado revolucionario, sino como el gran proyecto cultural e ideológico, del México revolucionario.
La Universidad en las calles, la que salió y tomo las plazas públicas en los movimientos estudiantiles de 1929, 1968, 1986 y 1999; siempre salió a la calle para protestar, para inconformarse en contra de las políticas de sus propias autoridades escolares, o bien, en contra de la represión gubernamental y la violación a las garantías de asociación previstas en la Constitución.

Esa Universidad, que yo sepa y perdonando posiblemente el error que pueda cometer, salió por primera vez a tomar una plaza pública, pero no a protestar, sino a proponer. A demostrar que la actividad política, no necesariamente es electoral o que esta implique rebeldía, protesta, enojo, inconformidad, inclusive hasta violencia física o verbal; no se mentó la madre a nadie, no se hizo rechifla a nadie, no se insulto al gobierno, ni tampoco a ningún candidato presidencial o partido político; no se dijo que lo antes dicho estaba mal, simplemente se tomo la tribuna, para proponer, para hacer valer en forma pacífica y respetuosa,  los instrumentos legales que promuevan la democracia y la participación ciudadana en la gran Ciudad capital de nuestra Republica Mexicana.
Y es por eso, que estoy contento, en serio, haber tenido la experiencia de tomar una tribuna, fue no solamente una práctica escolar para el profesor, lo es también para los alumnos. Saber que el artículo 9º constitucional no es letra muerta, que en un régimen de libertades, el derecho ciudadano se ejerce cuando se aprovecha el espacio público, que es de todos, para hacer una propuesta, una petición; más aún, cuando esa propuesta no necesariamente tenga un matiz violento, de odio o rencor, sino que dicha propuesta, es propositiva, proactiva, creativa, que además de constituir una lección en el aprendizaje de los futuros abogados, es también, una propuesta que tiene como objetivo principal insertarse en el ordenamiento jurídico, para hacer valer los derechos ambientales a favor de los que transitamos en esta Ciudad.

Quizás y debo confesarlo fue una idea descabellada desde el principio, no había conocido al menos en mi carrera profesional, de licenciado en derecho, algún maestro que hubiera tenido la inquietud de tomar una plaza pública para manifestarse; tampoco, supe de algún maestro que incitara a sus alumnos, para organizar un mitin; es más, mi experiencia universitaria siempre relacionó las protestas estudiantiles, como producto de una “minoría ruidosa”, inconforme, rebelde, identificada con los colores rojos y negro y la efigie del Che Guevara, simples nostálgicos del 68, ultras “Cgh’eros”, simpatizantes radicales de las ideologías izquierdistas, comunistas, marxistas-leninistas; simples “globalifóbicos” como alguna vez les llamara el expresidente Zedillo.
Pero realmente la política no es así, no necesariamente debe ser de protesta, tampoco partidista, ni electoral; la democracia es una forma de gobierno, en la que puede manifestarse electoralmente, pero también, participativamente; las iniciativas populares o la recolección de firmas para convocar a referéndums, plebiscitos o consultas ciudadanas, son ya una realidad en el Distrito Federal y lo serán próximamente a nivel federal, cuando la reforma política sea aprobada por el Congreso de la Unión; serán validas, cuando existan reguladas en los ordenamientos jurídicos, en el caso del Distrito Federal, ya lo es, desde la publicación de la Ley de Participación Ciudadana; pero por muy validas que lo sean y estas se encuentren publicadas en la Gaceta o en el Diario Oficial de la Federación, no podrán ser jamás reales y efectivas, sino existen los ciudadanos que convoquen y los que avalen, los que apoyen, los que se sumen, los que firmen, los que asistan y ocupen el espacio público. La política no es opinar en un café o en el ciberespacio; la política debe pasar de la teoría a la práctica, de la palabra al hecho. No hay mejor manera que aprender el concepto de democracia, de libertad de expresión y de asociación, el de ciudadanía y también la acción de la iniciativa popular, sino se vive, sino se experimenta, sino se ocupa realmente la plaza pública para manifestarse, tomar la tribuna, un micrófono y expresarse libremente, sin censura, sin inspectores, sin permisos ni autorizaciones de ninguna autoridad gubernamental. La democracia es una fiesta ciudadana, es una fraternidad, es una firme convicción de que si se pueden cambiar las cosas.

Debemos aprender todos que no hay imposibles, que las únicas limitantes estarán siempre, no en lo que digan los demás, sino en lo que nosotros pensemos. Las “ideas locas”, dejan de ser “locas”, cuando estas se ponen en práctica. Cuando se toman en serio y dejan de ser una fantasía. Quizás hace cuatro o cinco meses cuando se propuso esta iniciativa, quizás se haya tachado al profesor o a sus alumnos de clase, como ilusos; pero la verdad, cuando  esta idea se llevo a cabo, dejo de ser una idea “loca” y se convirtió en una idea real, posible, en espera de realizarse.
Todos nos preparamos para esta práctica. Me prepare a mi mismo como profesor, para llevarla a cabo sin dudar; la organice o me falto organizarla como debió de haber sido, pero finalmente fue lo que fue. Nunca había visto el Hemiciclo Juárez tan grande, tan majestuoso, nunca había entendido su estructura arquitectónica, sus columnas griegas y ese diseño semicircular, majestuoso monumento inaugurado por don Porfirio Díaz, monumento que ha sido testigo de varias marchas, manifestaciones, mítines; no es sino cuando uno se sube a la tribuna, cuando experimenta el verdadero valor de la democracia, de la discusión, de la tolerancia. Sentirse ciudadano en la republica griega, es tan real, cuando se es mexicano y se habla en público, en el Hemiciclo Juárez.
Ese día, a esa misma hora, se llevo a cabo otro evento, para sorpresa de muchos, tanto de ellos, como de nosotros. Fue el evento convocado por las redes del Movimiento de Regeneración Nacional que encabeza su candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, quien solicito también ocupar el mismo espacio y a la misma hora. No hubo disenso, los dos eventos pudieron llevarse a cabo, dando una muestra de civilidad democrática, haciendo una diferencia de una causa de la otra. Los partidarios de la “República Amorosa” aprovecharon el intermedio y utilizaron la misma tribuna, para promover a su candidato presidencial y dieron también la bienvenida al proyecto de Iniciativa Popular de Código Ambiental. Esa es la democracia, sumar, no restar; multiplicar, no dividir; es ganar-ganar y no perder-perder; no es saber con enojo e indignación, que el más fuerte, el más tramposo, el más rico o mentiroso, sea el que siempre gane; la democracia y vivir la democracia, es sentir la fraternidad, que no es más que el tercer valor que propugnaron y nos enseñaron los revolucionarios franceses: libertad, igualdad y fraternidad. ¡Claro que es posible convivir todos en paz¡ si es posible respetar las diferencias, esa es la democracia y ese es el principio ambiental de la biodiversidad, saber y reconocer que existen diferencias, aceptar con gusto que hay pluralidad de personas, de personalidades y también de formas de pensar.

Asistió también al evento, la Licenciada Virginia Jaramillo, también profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México en la Escuela Nacional de Trabajo Social y precandidata del PRD a la Jefatura Delegacional en Cuauhtémoc, quien realiza prácticas sociales con sus alumnos, en distintos puntos de la ciudad y que para coincidencia y fortuna de nosotros, se encontraba presente; estuvieron ellos y otras personas más; representantes del Tianguis Cultural del Chopo, así como del Tianguis del Comic que se encuentra detrás de la Plaza José Martí; asistieron también servidores públicos del Gobierno del Distrito Federal y el Secretario General de la Agrupación Política Nacional “Hombres y Mujeres de la Revolución Mexicana”, participaron las coralitas de la Escuela Normal de Especialización; entre los oradores, expusieron los estudiantes de la carrera de Derecho de la FES Aragón, el Consejero Universitario representante de los estudiantes de nuestra Facultad y también, una persona que en forma espontanea, recito un poema ecologista; fueron cientos de personas quienes transitaron por ese camellón y que pudieron estampar más de mil quinientas firmas en menos de dos horas.
¡Esa fue nuestra gran experiencia¡. Llevar a cabo una iniciativa popular de un Código Ambiental que logre concentrar, los principios generales del derecho ambiental mexicano. Una ley, que salga del sentir juvenil, universitario y académico, de los alumnos y profesores de derecho, que en forma incluyente, conciben, el reconocimiento de derechos ambientales para los que habitamos y habitaremos en esta Ciudad en los próximos años.
Continuaremos recabando firmas y seremos igual de tolerantes e incluyentes con cualquier otra expresión política; la ciudadanía debe aprender el verdadero significado de la actividad política, como el quehacer altruista más importante que los seres humanos nos hemos dado; los ciudadanos deben aprender, que la democracia, no es una competencia hostil, revanchista, intolerante, entre partidos y candidatos; deben aprender, que la política es solucionar problemas, llevar a cabo verdaderas cruzadas que promuevan cambios sociales, culturales y ambientales; los ciudadanos deben aprender que el espacio público, no solamente es el lugar donde pueden pasear, entretenerse, sino que también es y será el espacio, donde se puedan discutir y proponer la solución de los asuntos públicos.   
Viene mucho trabajo por realizar. Se deberán recabar las firmas que faltan para estar en posibilidad de presentar esa Iniciativa ante la Asamblea Legislativa, recinto representativo de los ciudadanos de esta gran urbe; deberemos también constituir una, dos y más asociaciones civiles que tengan proyectos sociales para procurar justicia; crear las organizaciones no gubernamentales donde los estudiantes y futuros profesionistas, puedan desarrollar sus habilidades, para poder prestar sus servicios a beneficio de la sociedad. El gran reto después de juntar las firmas, será, preparar a los egresados de la Universidad, no para que sean desempleados del sector público o privado, sino en formarlos y convertirlos en verdaderos  líderes sociales que logren cambiar la realidad social en la que viven. Lo que es mejor, darles las herramientas que les permita vivir de su trabajo altruista.
Fue un placer, haber experimentado, el socio drama del Congreso Aragonés y más aun, haber llevado la vivencia significativa, de ejercer los derechos colectivos.
¡Vendrán uno y mas mítines¡, ¡una y mas iniciativas populares¡, ¡uno y más estudiantes que ocupen plazas públicas y contagien a sus semejantes de esta forma de gobernar que es la democracia¡. ¡Vendrán mas estudiantes¡, ¡mejores ideas¡, ¡mejores propuestas¡; ¡vendrán detrás de mí, los futuros líderes. …¡
¡Vendrán Ustedes a cambiar el estado de cosas¡.