viernes, 22 de abril de 2011

GENESIS DE LA “NUEVA” GUERRA CIVIL O REVOLUCION MEXICANA. (Primera Parte).

GENESIS DE LA “NUEVA” GUERRA CIVIL O DE UNA REVOLUCION MEXICANA.

A MANERA DE INTRODUCCIÒN.
Nadie se había dado cuenta, pero en México se vive una guerra. Quizás pensemos que una guerra requiere soldados, balaceras, bombas y muchos muertos; y eso es lo que está pasando actualmente, un país sacudido en la violencia, cada día mueren más personas en esta contienda sin que nadie nos explique nada, ni nos interprete el momento histórico e histérico, por el que pasa el país. 
¿Qué ocurre entonces?. Porque a diario los noticieros de las principales cadenas de televisión, nos dicen, que mueren centenares de personas en condiciones de tortura o ejecutados, nos hablan de más policías caídos, narcomantas, nuevos capos o lugartenientes aprehendidos, tráfico de armas por parte de los Estados Unidos, los viejos carteles que ejercen su dominio o se coluden con otros o sobornan a las policías municipales o estatales, incursiones militares, zetas en la ofensiva, indocumentados masacrados y otras historias más, que no alcanzamos todavía a comprender. Quizás requerimos de más tiempo para asimilar lo que está pasando actualmente y cuando pasen diez, veinte o más de treinta años, juzguemos la “guerra del narco” que hoy se vive, como si fuera una revolución, una guerra civil, o un periodo más del “México Bronco” que alguna vez logro controlar la dictadura de Porfirio Diaz y también la “dictablanda” priísta del México posrevolucionario del Siglo XX. Entonces, para esos años, diremos que la guerra la presidian oficialmente dos bandos, el primero de ellos encabezado por el Presidente y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, Felipe Calderón Hinojosa, acompañado de sus respectivos secretarios de la Defensa y de la Marina, el General Guillermo Galván Galván y el Almirante Mariano Francisco Suarez, junto con el Secretario de Seguridad Publica Genaro Garcia Luna; y por el otro bando, los capos Joaquín Guzman Loera, Ismael Zambada García, Ignacio Coronel, Beltran Leyva, Vicente Carrillo Fuentes, los hermanos Arellano Felix, Edgar Villareal “La Barbi” y hasta el “JotaJota”; todos ellos guardaba un secreto, que los mexicanos de aquellas épocas no lograron comprender.
¿En qué momento este país entro en esta “revolución legal”?. ¿En qué momento el Estado representado por sus agentes policiacos, fuerzas armadas y la estructura burocrática ministerial y judicial, se enfrasco en esta batalla violenta, con la llamada delincuencia organizada?. Debe de haber por lo menos una explicación, que no implique datos estadísticos sobre muertos o efemérides o anécdotas sobre narcotraficantes; lo que a continuación se expone, es una mera interpretación, una apreciación personalísima y subjetiva, que no implica de ningún modo, la verdad de las cosas, por lo tanto no tiene sustento metodológico, mas que las referencias bibliográficas que se citan al pie del presente ensayo; lo que a continuación se expone, es una mera especulación, una simple hipótesis, para poder interpretar el verdadero secreto de la guerra del narco. Insisto, una visión personalísima.
Esta es pues, la otra historia de cómo se fue gestando la nueva revolución mexicana.
Así que con las advertencias que ya hicimos, comenzamos.

PRIMERA PARTE
EL SURGIMIENTO DEL ESTADO PRIISTA, REVOLUCIONARIO, CRIMINAL Y CORRUPTO.

La Constitución del régimen político priísta nacido en 1929, fue un factor determinante que dio unidad e identidad al país. El Partido Nacional Revolucionario, posteriormente, el Partido de la Revolución Mexicana y finalmente, el Partido Revolucionario Institucional, conformaron el proyecto ideológico político, económico y social, con el que se construiría el México del siglo XX.
En términos jurídicos. México fue un país que llevo a cabo una “revolución constitucionalista”. La restauración del orden constitucional, quebrantada por el golpe de Estado que encabezara Victoriano Huerta en 1913, fue la bandera con el cual, el entonces Gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, autodenominado éste como el “Primer Jefe”, logro llevar a cabo el “triunfo de la revolución”, que terminaría con la discusión y aprobación de la Constitución de 1917, celebrada en Querétaro.
“Vivir en la legalidad”, fue uno de los principales retos políticos que tuvo que enfrentar el país, sacudido éste en la violencia y dominado por los liderazgos caciquiles, nacidos de la revuelta revolucionaria; el México de los años veintes, es un conglomerado de personas físicas que ejercían el dominio político, económico y violento, por encima de las leyes e instituciones del Estado. Los caudillos revolucionarios nombraban con el poder de sus armas, a gobernadores, presidentes municipales, diputados, sumándose a estos, nuevos actores sociales, como los líderes obreros y campesinos.



FOTOGRAFIA DE LA MUERTE DE VENUSTIANO CARRANZA

El Plan de Aguaprieta de 1920, fue un golpe de Estado, con el cual, los “caudillos unidos de la revolución”, desconocieron el régimen legal nacido en la Constitución de 1917; la revuelta término con el magnicidio del entonces presidente Venustiano Carranza, pero dada la efervescencia popular hacia el general Álvaro obregón, no hizo notar ese hecho, por el contrario, se legitimo ese hecho con su ascenso a la presidencia en ese trágico año; posteriormente, hubo rebeliones militares en 1924 con Adolfo de la Huerta, que se vieron frustradas; la “moral revolucionaria” de Plutarco Elías Calles, laica y anticlerical, hizo que el país entrara nuevamente a otro periodo de violencia, llamada la “guerra cristera”, de 1926 a 1929, donde los fanatismos católicos y “revolucionarios”, llegaron a extremos radicales, que derramaron sangre en comunidades, que dividieron el país en un antagonismo político, que terminaría, también, con la “ruptura” de los principios ideológicos revolucionarios de la “No Reelección” y con el magnicidio también, de quien en ese entonces, era el “caudillo de la revolución”, el general Álvaro Obregón.
El país que enfrenta el presidente saliente Plutarco Elías Calles, es un país sacudido todavía por la violencia, un país que se sumerge a la modernidad del siglo XX, con estructuras ideológicas todavía del siglo XIX. Aun predomina la influencia del clero católico sobre un gran sector de la población, el analfabetismo en varias regiones del país, el mexicano bárbaro, sanguinario y fanático, quien no reconoce mas regla de convivencia, que el que le proporciona su arma de fuego. No hay respeto a la autoridad, a las instituciones, menos aun a la constitución y al derecho; es el México de no menos de veinte millones de habitantes, insuficiente para producir su propia riqueza, un territorio nacional que era objeto de apropiación de los empresarios americanos, que ante esa anarquía de su gobierno sumergido en una guerra civil, encontraron en el país, un lugar prospero para invertir, explotar y vender las riquezas petroleras que este producía.


CRISTEROS VS. GOBIERNO REVOLUCIONARIO

GRAL. PLUTARCO ELIAS CALLES
Plutarco Elías Calles es el primer estadista del México moderno. Propone unificar al país y darle identidad, requisitos indispensables para la paz y el progreso. Para la paz, era necesario la “reunificación” de todos los caudillos y participantes de la revuelta, que guardaban entre estos, un cumulo de frentas y odios, había que conciliar a los zapatistas y carrancistas, ya sin Emiliano Zapata y Venustiano Carranza; a los obregonistas y villistas, ya sin Álvaro Obregón y Francisco Villa; inclusive, también había que conciliar a la Iglesia Católica, con el gobierno “laico y revolucionario”. La conciliación era necesaria, para llegar al progreso que exigía el país, para su inserción, en la era moderna del siglo XX. Para ello, una vez restablecida la paz, el siguiente paso a cubrir, lo sería el orden. Nada mejor, que celebrar entre todos los participantes de la anarquía, el gran pacto de la “familia revolucionaria”, el Partido Nacional Revolucionario.
El Partido nacido del poder político y militar, fue el primer pacto que hizo posible la unificación del país, de Baja California a Yucatán, de las facciones revolucionarias villistas, zapatistas, obregonistas, hasta de aquellos exporfiristas que de un día para otro, se convirtieron también en “revolucionarios”; la nueva organización política, unificaría a líderes obreros, campesinos, universitarios, y hasta los criminales de aquellos años, que sin responsabilidad jurídica alguna, habían derrocado a gobiernos legítimamente constituidos o asesinado a sus semejantes, sin pena alguna. El partido reciente, fue la patente de impunidad de los cínicos, mentirosos, demagogos y corruptos, donde encontraron perdón a sus faltas y  a su pasado oscuro, en aras, de reconstruir una nación moderna y prospera. Ese proyecto de nueva nación, “pacifica, prospera y moderna”, le llamarían, “revolucionaria”.
El México de los años treinta, es el México que lidia contra el pasado de los “caudillos revolucionarios”, contra el de las instituciones previstas en la Constitución Política. No era una tarea fácil, porque si los participantes de la reconstrucción del país, habían firmado un “pacto político” que los reconciliaría, en los hechos, existía siempre la amenaza latente, de que ese acuerdo político, en cualquier momento se rompiera. Por eso era importante en los años treinta, darle identidad a ese nuevo proyecto, construirle una ideología propia, algo que no fuera ni europeo ni americano, ni liberal, ni socialista, pese que la paradoja social de la republica mexicana, era vivir en un país con una constitución y leyes liberales, con problemas y políticos, que hablaban de los problemas sociales.
El México de los años treinta, es el México que atestigua la etapa más prometedora y violenta en la historia de la humanidad. La vida americana ofrece la liberación femenina, la reciente publicidad, la prensa y la radio, los nuevos líderes sociales, que serian los actores y actrices de Hollywood de la naciente industria del cine americano, el automóvil, el avión, las instituciones republicanas de democracia y federalismo; frente a este prototipo de vida de la nación vecina que más ha ofendido a nuestro país y con quien existiría rencillas políticas históricas irreconciliables, existiría otras propuestas de nación, la que ofrecería la Unión Soviética de Joseph Stalin, la España de Francisco Franco, la Italia de Benito Mussolini y la Alemania de Adolf Hitler. Sobre estos proyectos de patria, la nación mexicana, tenía que escoger y construir su propia identidad; y fue Lázaro Cárdenas, quien así lo hizo.
Lázaro Cárdenas fue el hombre del propio sistema político creado por Plutarco Elías Calles, quien daría origen a la construcción del México moderno. Tenía que escoger entre la libertad americana y el autoritarismo europeo. Tenía que continuar con el pacto político de la familia revolucionaria y darle al país, no solamente esa identidad que requería, sino también, esa paz y progreso que era el proyecto de su gobierno revolucionario.
LAZARO CARDENAS EXPROPIANDO EL PETROLEO
Lázaro Cárdenas comenzaría su gobierno, con el parricidio político que hiciera de su mentor, expulsando a Plutarco Elías Calles del país, daría el mensaje político a los miembros de la “familia revolucionaria”, el nuevo caudillo de la revolución, no es el “Jefe Máximo”, sino lo es el Presidente de la Republica.  Refundaría el partido político en el poder, para conformar, el Partido de la Revolución Mexicana, muy parecido al Partido Comunista de la Unión Soviética, inclusive, al Partido Nazi, pero con la única diferencia, en que este partido político, seria mexicano y seria también revolucionario; la revolución por lo tanto, se convirtió en el proyecto ideológico que dio identidad al gobierno, la revolución dejo de ser palabra hablada, para convertirse en acción gubernamental, revolución implico, la reforma agraria dotando de tierra a los campesinos, de derechos laborales organizando mítines, asambleas, manifestaciones para la creación de sindicatos y un nacionalismo ultranza de reivindicar los recursos naturales, con la expropiación del petróleo.
Lázaro Cárdenas del Rio, fue el gran líder revolucionario, el gran jefe que requerían los caudillos revolucionarios, un hombre fuerte, con decisión, que hiciera recordar a todos, el mexicano que hay dentro de nosotros. Un hombre nacionalista, trabajador, justiciero. Su poder político se ejerció pensando en sus sucesores políticos, es decir, en los siguientes presidentes del país; para ello, estableció la regla clara del sistema político mexicano, “el jefe soy yo”, “por seis años nada más, pero el jefe soy yo”. Para otorgar ese poder político al presidente, el Presidente requirió de una organización política, fuerte como el presidente y al servicio de éste nada más; ese Partido, sería el PRM, organización política que aglutinaría a las clases sociales del país, la clase obrera en una Confederación de Trabajadores de México (CTM), que aglutinara a su vez, a todos los sindicatos del país y por consiguiente, a todos los líderes obreros con sus respectivos agremiados; a los campesinos también, con la Confederación Nacional Campesina (CNC), donde se organizarían a los campesinos para que estos a su vez, recibieran la tan anhelada dotación y repartición de tierras que les prometía el artículo 27 constitucional. Los militares (muchos de ellos combatientes y lideres revolucionarios), sujetos también a las reglas del partido; y los líderes revolucionarios caciquiles, que no eran más que los “nuevos terratenientes” que habían despojado de sus tierras a los latifundistas porfiristas, también serian controlados y subordinados al poder presidencial de su partido político, con el respectivo reparto de cargos públicos que la constitución otorgaba, al reconocer un régimen liberal y federal como el americano. 
Mientras Europa y los Estados Unidos desencadenan la segunda guerra mundial; México adquiere identidad y proyecto de nación. Gracias a los muralistas de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros; a los músicos Pablo Moncayo y Ramón Noble, al ballet folklórico de Amalia Hernández, a los actores y cantantes del cine mexicano Jorge Negrete y Pedro Infante; el México de los cuarentas y cincuenta, se fortalece luego de más de dos décadas de anarquía y violencia, en un país fuerte, prospero, pacifico; gracias al modelo político mexicano, el país logra su propia desmilitarización e inicia su periodo de industrialización, con el que se produciría, el llamado “milagro mexicano”; y con ellos, la segunda generación de los “hijos de la revolución”, llamados los “cachorros de la revolución”.
México es por lo tanto, un país, libre y soberano; esa libertad no es más que la imposición ideológica del aparato del poder, en hacer creer a las nuevas conciencias de mexicanos, que en este país, hubo una revolución con un millón de muertos, donde los caudillos revolucionarios, pelearon por derrocar un gobierno injusto y dictatorial y que el producto de esa lucha armada, era vivir en un país, con grandes conquistas sociales, a favor de los obreros y campesinos; un país, de raza mestiza, donde no había indígenas y españoles, sino hombres mestizos llamados mexicanos. La soberanía de México, era la forma de gobierno nacional y revolucionaria que esta se daba, no era fascista ni nazista, pues México había apoyado a los aliados en contra de las potencias del eje, tampoco era comunista, porque la revolución mexicana era “social” y no “socialista”; porque México no requería de haber tenido a un Karl Marx o un Friedich Engels, en su memoria histórica, habiendo tenido a su Ricardo Flores Magón, a Francisco I. Madero, a su Emiliano Zapata, Francisco Villa, Venustiano Carranza; tampoco era un país “americanizado”, porque en México Gabriel Figueroa y el Indio Fernández, creaban una imagen mística del país, como la que escribía Juan Rulfo, o los ensayos de Octavio Paz sobre la identidad de ser mexicano.

MURAL DE DIEGO RIVERA, EN EL TEATRO INSURGENTES, CD. DE MEXICO
México construye a partir de 1952, su propio proyecto de nación. Un partido contradictorio como su realismo mágico, una republica liberal (de corte americano) pero con ideas socialistas (de corte soviético). Un país, donde los mexicanos viven en libertad, de vivir en un régimen de garantías sociales, regidas bajo el poder del único jefe y líder de todos los ámbitos de la vida política, económica y social del país, que era el Presidente de la Republica. Un país, que llevo a cabo, la paradoja de ser “revolucionario”, y también “institucional”, como haciendo mostrar el mundo, que no toda revolución era para derrocar a las instituciones, ni todas las instituciones, podían dejar de ser revolucionarias.
Miguel Alemán Valdez, el primer presidente civil, egresado de la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México, es el nuevo jefe político del país, en un mundo, en el que la “guerra fría”, marca el nuevo proyecto que debía consolidar el sistema político mexicano. Un país, bondadoso, donde “había para todos”, no era necesaria la guerra, la revuelta, el pronunciamiento militar, el golpe de estado; las mieles de la riqueza y de la industrialización, alcanzaba para todos; los líderes obreros adquirían curules en la cámara de diputados o en la de senadores, alguna regiduría o una presidencia municipal; los egresados de las escuelas públicas, tenían asegurado su empleo y hasta su jubilación, el milagro mexicano, era tener un empleo estable, una jubilación segura, una casa económica donde vivir, servicios médicos y educativos de calidad; un país, que solamente tenía una limitante, solo una, y esa limitante era obviamente, no poner en duda la palabra del Presidente de la Republica, ni apoyar organizaciones políticas, que no fuera la del Partido Oficial. El Partido Revolucionario Institucional.


INAGURACION DE CIUDAD UNIVERSITARIA, POR EL PRESIDENTE LIC. MIGUEL ALEMAN VALDEZ
 El PRI daba empleo a todos los que en él se incorporaban; el país no solamente se industrializaba sino también se burocratizaba; nuevas oficinas del gobierno que aperturar, nuevas empresas que nacionalizar, nuevos cargos públicos que repartir; la riqueza era para todos, los primeros inconformes al régimen, que dudaban sobre las bondades del régimen de la revolución mexicana, serian cooptados por el sistema, para convertidos en “críticos oficiales” y darles a estos, empleo, con sus creaciones artísticas u opiniones intelectuales; ahí estaban Diego Rivera, Alfaro Siqueiros, Martin Luis Guzmán, Daniel Cosió Villegas, Vicente Lombardo Toledano, toda una generación de críticos al régimen “simulador” y “corrupto” de la revolución, que gozaron también del reparto del presupuesto y de las dadivas que el gobierno revolucionario y paternalista, les otorgaba.  La oposición del régimen, era encabezada por un círculo de intelectuales, que en aras de predicar a la democracia en su ideal quijotesco, lo que hacían eran “legitimar” al gobierno priísta revolucionario; el PAN, el Partido Acción Nacional, era el partido de la “reacción”, de los antiguos porfiristas y católicos, enemigos de las conquistas de la revolución; un club de hombres ilusos, que no representaban ningún daño. Los otros enemigos del régimen, eran los comunistas que tenían ideales marxistas leninistas, algunos comunistas oficiales se incorporaron, al partido oficial del marxismo mexicano, el Partido Popular Socialista, mientras que los más radicales, constituyeron, sin haberse dado cuenta, en la mejor escuela de cuadros del PRI. Pues tarde o temprano, terminarían incorporados en sus filas, por muy comunistas que fueran.
El México del siglo XX, ya tenía identidad, nombre, historia, proyecto; era un país prospero, tranquilo, independiente; pero tenía una grave amenaza que ponía en riesgo su propio proyecto de nación; esa amenaza, ya no eran los lideres armados, no eran tampoco los lideres caciquiles y sindicales, que estaban controlados; la nueva amenaza, sería el de vivir, en un mundo bipolar, controlado, dominado y hostilizado, por las dos naciones más ricas y poderosas que querían adueñarse del mundo, los Estados Unidos de América y la Unión de Republicas Soviéticas Socialistas; una etapa histórica, al que todos le llamaron la “guerra fría” y en el que después de haber visto el genocidio de seres humanos provocado por la segunda guerra mundial y la utilización de bombas nucleares en Japón, nuestro país, no podía aislarse del mundo, por más que quisiera estar encerrado en su laberinto de soledad.


México fue el país donde transitaban los agentes secretos de la CIA y de la KGB; las corporaciones de inteligencia y contrainteligencia, que investigaban las operaciones de ambas naciones. La Unión Soviética había hecho el compromiso mundial con la clase proletaria internacional, para propagar el comunismo y llegar de una vez por todas, a la última etapa histórica de la humanidad, que era el comunismo. Estados Unidos por su parte, seguía firme en su compromiso de defender las libertades civiles de las personas y de sus empresas, en sus contratos y propiedades. Ambas naciones, se hostilizaron en China, Corea, en el Medio Oriente y en Vietnam; el comunismo avanzaba en la mitad de Europa y también con los Chinos, que constituían una quinta parte del mundo; mientras que los americanos, trataban de resistir dichas embestidas, haciendo ocupaciones militares en varios países del mundo. México, mientras tanto, no podía abortar su proyecto de país; no podía ser comunista, porque eso le provocaría graves problemas políticos con su vecino los Estados Unidos, al grado que pondría en riesgo su soberanía, tampoco podía ser “pro americano”, porque ese contradeciría su “moral nacionalista y revolucionaria”. México debía optar por lo tanto, por la decisión más prudente, más inteligente, que le permitiera vivir con esa identidad conquistada.

ESTADOS UNIDOS VS. URSS

El México de los años cincuenta y de los sesentas, es el México de la paranoia; donde como nunca antes, las conquistas sociales de la revolución mexicana y el proyecto de nación, estuvieron en riesgo de la ocupación militar de los Estados Unidos de América o de la revolución comunista, e inclusive, no era descabellado pensar que la “Tercera Guerra Mundial”, pudiera suscitarse en México. No era nada irreal, por mas paranoico que pudiera parecer, habían muerto mas de 39 millones de personas en la segunda guerra mundial, 300 mil personas en la bomba atómica, o el misterioso magnicidio del Presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy; la historia era reciente, que no parecía todavía historia, aun se recordaba a políticos como Hitler, Mussolini, Franco, Stalin, Rooselvelt, Cardenas; y los agentes de la CIA y de la KGB, alguna vez, habían hechos trabajos conjuntos para hostilizar a sus rivales enemigos, de la GESTAPO. Inclusive se sospechaba de que Hitler no había muerto, de que los nazis habían sido refugiados en Argentina, que otros más, inclusive, trabajaban al servicio de la NASA y del Pentagono.
¿Y donde entran los criminales?. Mejor dicho: ¿Dónde entra lo que hoy conocemos como delincuencia organizada?, o acaso, ¿ya existía la mafia mexicana?. Los criminales de la época, también habían sido cooptados por el régimen de la revolución mexicana, los cuales, no podían tener más líder, o reconocer, mayor capo, que el propio presidente de la Republica. Esa es la verdad. Los criminales mexicanos quienes habían desconocido del gobierno a Venustiano Carranza, a quienes habían asesinado a este, a Emiliano zapata, a Francisco Villa, a Álvaro Obregón; los que habían despojado cientos y hasta miles de hectáreas de tierras, los que atemorizaban a los obreros con expulsarlos de sus fuentes de trabajo, obligándolos afiliarse a su organización y a participar en sus manifestaciones, inclusive a votar a favor por el PRI, esos y nada mas esos, eran los criminales de aquella época; los mismos que robaban elecciones en los ayuntamientos, en los estados y en el país entero, para cometer en los casos urgentes y graves, el fraude electoral.
El Presidente de la Republica, llámese Miguel Alemán Valdez, Adolfo Ruiz Cortinez, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, tuvo que ingeniarse para que México continuara con esa paz y esa prosperidad económica que le generaba el proyecto de nación que habían encontrado y que había que defender, en el mundo hostil y bipolar de la guerra fría. Para ello, era necesario, afianzar los medios de control político, que debían de ser “invisibles”, “ocultos”, “simulados”, que dieran al país, una apariencia e vivir en un régimen de libertades, al más estilo “americano”, con las conquistas sociales, obreras, campesinas y populares, al más estilo socialista.  El gran reto del Jefe de Jefes, del gran Capo de todos los Capos, llamado legalmente Presidente Constitucional, fue diseñar sus propios medios de control social, que le permitieran tener al país en paz, sin revuelta ni revolución, sin guerra, ni intervención americana. El pacto, sería ahora con los criminales, muchos de ellos convertidos en prósperos políticos y empresarios, pero con un pasado criminal de robo, homicidio, despojo y traición.     
México hace también su propia central de inteligencia, llamada Dirección Federal de Seguridad. Órgano administrativo que rendía cuentas únicamente al Presidente de la Republica y que trabajaría de manera coordinada, con todas las policías del país, las que estaban al servicio del Ministerio Público institución burocrática que investigaba y perseguía los delitos y también, de los ayuntamientos, estados y Distrito Federal, conocidos estos últimos como policías preventivos o de tránsito, quienes preservaban en sus comunidades la paz y el orden público.  Pero también, la “policía secreta mexicana”  trabajaría con muchos agentes secretos, que jugarían papeles de delincuentes, contrabandistas, traficantes de drogas, lenones, líderes sindicales, golpeadores, porros estudiantes; personas que a su vez, se encontraban coludidas con el Ministerio Publico y quienes tenían la patente, de robar, amedrentar, golpear, asesinar, intimidar, a la población. El pacto criminal, era fácil de entender. Los criminales no reconocerían mas jefe, que el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, a quien debían pagarle tributo, por concepto de todas las cuotas sindicales y ganancias que se obtenían del tráfico comercial de bienes y servicios prohibidos, como lo era el contrabando y la prostitución, también debían apoyar incondicionalmente, con votos y personas para “acarreos” en mítines y manifestaciones, a favor de los candidatos del Partido Revolucionario Institucional. A cambio de estos, el Presidente se comprometía a “dejar trabajar” a los criminales, en los negocios ilícitos que estos emprendían, señalándolas las rutas, las plazas y horarios en que debían de traficar, los cuales les imponía la prohibición de “vender” en ciertos lugares, imponiéndoles un código de ética, como no pelearse con las otras bandas criminales o no vender determinada mercancía dentro de los límites del territorio nacional, así como trabajar de manera conjunta con la policía mexicana, para entregar aquellos delincuentes que incumplieron con el contrato criminal.
El Gobierno mexicano en el ámbito internacional, abría dos frentes. El primero de ellos, consistiría en que el Presidente constitucional trabajaría de manera secreta y cooperativa con la CIA americana, para detectar, prevenir, reprimir y en su caso, entregar o exterminar a las células de comunistas que amenazaban con cumplimentar los designios soviéticos de exportar su revolución comunista por todo el mundo; respecto a la KGB, no entablaría ningún trato directo, sino que lo haría a través de sus emisarios, sus “hermanos cubanos”, de esa manera clandestina o de “closet”, los funcionarios románticos revolucionarios del régimen priísta, financiaron la revolución cubana, apoyaron desde el territorio nacional, con protección para circular en suelo nacional, a células comunistas provenientes de España, veteranos de la guerra civil de ésta, para el otorgamiento de armas y entrenamiento militar a jóvenes radicales del movimiento 26 de julio, que transitaban y hasta trabajaban libremente por las calles de la Ciudad de México y de las preparatorias y facultades de la gloriosa y siempre imponente, Ciudad Universitaria en México. Siendo estos jóvenes o agentes rusos, sin saber que lo eran, Ernesto Guevara, alías el “Che” y Fidel Castro.

FIDEL CASTRO EN MEXICO ANTES DE LA REVOLUCION CUBANA
El gobierno mexicano tenía todo bajo su control. Su soberanía no estaba de ninguna forma en riesgo. El pacto con los americanos, seria que México no sería comunista y tan pronto detectara una revolución cumunisa en su suelo patrio, lo reprimiría hasta exterminarlo. Con los rusos soviéticos, el pacto sería que apoyaría al triunfo de la revolución cubana comunista, con la única condición, de que estos, de ninguna forma, decidieran exportar su revolución en el suelo patrio mexicano que los había apoyado desde el principio. De esa forma, México puso límites frente a Estados Unidos y a la Unión Soviética; frente a los americanos para no intervenir con golpes militares como acostumbraba en Centroamérica y Sudamérica; mientras que frente a los rusos soviéticos, el límite sería que México sería inmune, de la revolución comunista, la cual si podría ser exportada, inclusive apoyada secretamente por los gobiernos priistas revolucionarios a otras regiones de América Latina; pero eso sí, en México no habría necesidad de revolución comunista, en virtud de que ya había tenido su propia revolución social. Paradójicamente, el régimen priísta revolucionario e institucional mexicano, frena a las ansias paranoicas de la nación más poderosa del mundo que para sus desgracias geográficas, colinda con esta, para no imponer gobiernos militares como ocurría con América Latina y por la otra parte, reivindicaba su doctrina ideológica revolucionaria, como una forma, de reivindicar su identidad política, social, económica, histórica.  
El Presidente y el PRI le dan por lo tanto, verdadera independencia política y económica al país. “La Autodeterminación y la no intervención de los pueblos”, es el postulado de la política internacional mexicana, algo así, como “no te metas conmigo, porque yo no me meto contigo”, ideal por el cual, los gobiernos priistas transitaron por una guerra fría, ajena a los conflictos y riesgos de una tercera guerra mundial, donde la voz de México se haría notar con la propuesta de desarme nuclear y con la organización de una fiesta olímpica internacional, a fin de demostrar al mundo entero, que si existía una tercera opción ideológica, que no fuera la liberal americana o la socialista soviética, que esa opción, la representaba orgullosamente México y de su Partido Revolucionario Institucional.


GUSTAVO DIAZ ORDAZ
La prueba de fuego, sería el año de la primera revolución global del mundo, que fueron los movimientos estudiantiles de 1968. Los servicios de inteligencia mexicana, se pusieron a prueba en aquel trágico año, cuando la amenaza de la intervención militar americana y la revolución rusa comunista, pusieron en riesgo la soberanía nacional. México no quiso ser la Francia de Gaulle derrotada por los estudiantes y obreros de Francia, no quería ser el movimiento hipi de los Estados Unidos embrutecidos por el consumo de las drogas mexicanas y la música rockera de hombres afeminados, como los Beatles, no quiso tampoco ser la “Primavera de Praga” que fue invadida por los tanques soviéticos; México quiso defender su libre autodeterminación, su propia identidad, su propio proyecto del país, y para ello, utilizo toda su fuerza legal y criminal, para exterminar el riesgo.


...Continuará