sábado, 7 de abril de 2012

MIGUEL DE LA MADRID HURTADO. (Profeta del Neoliberalismo).


Callado, reservado, sereno; el Licenciado Miguel de la Madrid Hurtado, acordó con el Presidente José López Portillo, sobre los últimos detalles en la designación de su candidatura presidencial.  El Presidente del Partido Revolucionario Institucional Javier García Paniagua tuvo que aceptar la nominación, lo tenía que hacer por lealtad, aceptar que la nominación se hacía por motivos económicos y no políticos y que nadie mejor, que el Secretario de Programación y Presupuesto, el buen servidor público, de formación lasallista con estudios en derecho en la UNAM y en economía en Harvard, quien podía hacer frente a la crisis económica que sacudía el país.

Inmediatamente llegaron a la Residencia Oficial de los Pinos los líderes de los tres sectores del PRI. Fidel Velázquez del Sector Obrero CTM, Humberto Lugo Gil del Sector Popular CNOP y Víctor Cervera Pacheco del Sector Campesino CNC; acompañados del líder de los diputados y senadores, Luis M. Farías y Joaquín Gamboa Pascoe; en acto de “Unidad Revolucionaria”, el conclave acordó que el candidato del Partido de la Revolución Mexicana, sería el Licenciado Miguel de la Madrid Hurtado. 
Al son de los Mariachis y del ritmo de la marimba, los priístas acudieron inmediatamente al lugar; pronto la maquinaria oficial daría a conocer la designación de quien sería el Presidente de la República. Los noticieros de Televisión interrumpieron la programación y los periódicos del día, editaron la nota respecto al “destape presidencial”. Júbilo y resignación para muchos de los burócratas, los abrazos de todos los funcionarios del gobierno federal, estatal, de los municipios, de los organismos descentralizados y empresas paraestatales, se alistaron, para extenderle al candidato presidencial su mano amiga y reiterarle su compromiso de “servir a México”. Fotos y mas fotografías y muchas entrevistas en los canales de televisión, el futuro presidente aceptaba con honorabilidad la designación realizada por su partido y prometía a sus compatriotas, continuar con los senderos de la “Revolución Mexicana”.

Pero Miguel de la Madrid en su infinita soledad, pensaba; el país que recibiría eran las ruinas de una nación sostenida por un mito ideológico. La “Revolución Mexicana”. Cuantos discursos no había escuchado con anterioridad, sobre los “anhelos de la Revolución Mexicana”, la tan añorada democracia y justicia social por la que habían peleado Madero, Villa, Zapata, Carranza y otros tantos caudillos cuyos restos agusanados, sólo eran figuras místicas de la historia oficial. “Democracia y Justicia Social” o “Nacionalismo Revolucionario”, la grandes tesis ideológicas en la que se sostenía su Partido y que había escrito su principal ideólogo Federico Reyes Heroles, eran solo un bonito discurso nacionalista que definía la parte romántica del sistema político mexicano.  La verdad, es que el país ameritaba, un cambio de rumbo. Reconstruirlo. Dar por terminado el régimen de corrupción, derroche y frivolidad en que se había conducido el país y que ahora, lo había llevado, en el peor momento de su historia. ¡La crisis¡. ¡No dejaría que la patria de desgarrara de sus manos.

Endeudados para siempre. Con un peso devaluado, con deudas por cubrir a corto plazo, la situación financiera del país alarmante; Jesús Silva Herzog el Secretario de Hacienda y Crédito Público le hablaba con la verdad a quien sería el futuro presidente; también aquel joven geniecillo, Carlos Salinas de Gortari, su Subsecretario de Programación y Presupuesto, le advertía sobre las condiciones económicas por las que pasaba el país.  Podrían seguirse decretando aumento de salarios y ordenar al banco de México expidiera mas billetes, sin embargo, esa no sería la mejor solución, bien podría calmar momentáneamente la situación política, pero no la financiera; eso sería como dar una aspirina, pero no curar la enfermedad. El país al borde del abismo, lo que implicaba el riesgo de brotes sociales, saqueo de almacenes, los riesgos de la insurgencia.

Ronald Reagan. Presidente de EUA 1980-1988
Los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher insensibles a las necesidades de los problemas sociales de los países en desarrollo. Ni Estados Unidos ni Gran Bretaña estarían dispuestos ayudar a países como México, hundido en ese régimen económico que fomentaba el autoritarismo, el gobierno paternalista, la dictadura perfecta de una oligarquía incorregible. Pedirle apoyo a Leonid Brezhner, Jefe de Estado de la Unión Soviética, ¡imposible¡, los Estados Unidos jamás lo permitirían. Había que hacer algo ante la crisis económica, porque de no encontrar la solución, el país se podría ver envuelto en una guerra civil, como la que estaba ocurriendo en Guatemala, Nicaragua, el Salvador; una guerra que a lo mejor, haría que el ejercito traicionara su lealtad presidencial, como había pasado en Argentina o en Chile; había que hacer algo, porque sino el país se hundiría para siempre.

El candidato Miguel de la Madrid, el futuro presidente de México sería alguien totalmente diferente a sus antecesores, sus discursos no serían tan patrioteros o demagogos como los que habían pronunciado sus antecesores Luis Echeverría Álvarez o el Presidente López Portillo cuando era candidato. No hablaría de imperialismo, ni de gestas revolucionarios de sus hermanos cubanos o nicaragüenses; tampoco tendría una vida de amoríos o escándalos con mujeres y amigos; él sería lo que realmente era, un hombre prudente, sereno, equilibrado; trataría en todo lo posible, que ese poder presidencial y ese cumulo de amigos lambiscones, no le hicieran perder el objetivo de salvar el país. Tendría también en la intimidad de su cama, como única mujer, a su esposa Paloma Cordero.
Las otras campañas presidenciales solo eran de ornato. Pablo Emilio Madero del PAN, o Arnoldo Martínez Verduzco del PSUM, no representaban ninguna amenaza al Partido oficial para que este perdiera la presidencia; más aún cuando un centenar de periodistas, fotógrafos, camarógrafos, acompañaban al candidato en cada una de sus giras, donde repetía el mismo discurso, por momentos aburrido, incomprensible, poco entendible. “Renovación Moral”. Una ligera y suave critica, a la corrupción imperante en el régimen.

Miguel de la Madrid habló de la corrupción y la renovación moral de la sociedad y de su gobierno; se atrevió a decir esa verdad de la que todos hablaban pero nadie escribía por miedo a la censura. Renovación moral era acabar con la corrupción, los privilegios, las riquezas inexplicables de algunos funcionarios públicos, secretarios de estado, gobernadores, de un jefe de la policía y sin atreverse del todo, hasta del propio Presidente.

Jorge Diaz Serrano
Renovación moral cuando el Director de Pemex Jorge Díaz Serrano rentaba barcos a su nombre y patrimonio propio, para encubrir quizás a la esposa de su mejor amigo el Presidente; cuando el Jefe de la Policía, Arturo “El Negro” Durazo, construía ponderosas mansiones al más estilo de los príncipes europeos; cuando el Gobernador del Estado de México Jorge Jiménez Cantú  le regalaba al presidente, un ranchito de 70 hectáreas y el otro gobernador del Estado de Guerrero Rubén Figueroa, en agradecimiento a su amigo el Presidente, le obsequiaba una “casita” en Acapulco. O bien, aquellos terrenos de Cuajimalpa, obsequiados por el Jefe del Departamento del Distrito Federal Carlos Hank González, donde el Presidente, construiría su mansión, que pronto, el populacho la apodaría “La Colina del Perro”.
PARTENON DE DURAZO
Sería muy difícil implementar en el país que quería reconstruir, la cultura de la honestidad, el combate de la corrupción; no podría hacerlo más que con el ejemplo de cuando fuera Presidente y de encarcelar, con ese poder presidencial autoritario, aquellos servidores públicos que se habían enriquecido en el desempeño de sus cargos, a los más que pudiera, con la única limitante, por mera moral priísta, de no tocar, a quien sería en algunos meses, el futuro ex presidente de la República. ¡Esas eran las reglas no escritas del sistema¡. 
Crearía una Contraloría General, una nueva Secretaría de Estado, que tendría como objetivo, auditar y vigilar a los servidores públicos. Reformaría la Constitución política para establecer también, que el país, debía de tener un rumbo claro y determinable, nada de improvisaciones, ni tampoco caprichos o derroches en recursos públicos en la construcción de obras faraónicas inconclusas. Crearía las bases constitucionales para el Plan Nacional de Desarrollo, documento rector, que orientaría a donde debía dirigirse el gobierno en los próximos años y del cual emanarian los respectivos programas para su ejecuciòn y seguimiento.

Cuestiones quizás técnicas, muy aburridas, más aun cuando el medio político le gustaba cubrir las declaraciones nacionalistas e izquierdistas de los presidentes; Miguel de la Madrid guardaba dentro de sus convicciones, su ideología liberal, antagónica a la nacionalista revolucionaria del partido que lo postulaba; guardaba en sus adentros, la idea de romper las barreras comerciales y las políticas proteccionistas, para que en el país, entrara la inversión privada, para que el dinero que entrara fuera real y no de papel, para qué volvieran aquellos dólares que día tras día, seguían fugándose. La solución a la crisis económica, no serían con las ideas de John M. Keynes, sino con las de Milton Friedman.  Por ello, se requerìa de  mayor producciòn para abatir la inflación, reducir la burocracia, poner en venta las empresas paraestatales, tener la firme convicción de que los empleos deberían generarlos los empresarios y no el gobierno.

Las elecciones fueron quizás uno de los días más aburridos de su vida. Para la tarde noche de aquel día, el Secretario de Gobernación y Presidente de la Comisión Federal Electoral, Enrique Olivares Santana, comunicaría, aun sin tener el computo de los votos, que el ganador de la contienda sería el candidato del PRI. Quizás una risa irónica en la oficina de la Embajada de los Estados Unidos, hiciera John Gavin, al conocer, quien sería el ganador de aquella contienda. Ronald Reagan seguramente tenía cosas más importantes que hacer.

Miguel de la Madrid tendría que esperar cinco largos meses, para que el Presidente José López Portillo, le entregara la banda presidencial y con ello, lals riendas de la administraciòn pùblica federal y todo su poder constitucional y metaconstitucional. El país seguía deshaciéndose los precios subían exageradamente más del triple, los decretos de aumentos de salarios que emitía el Presidente solo agravaban más la situación; la “prensa libre” comenzó hacer actos de una valentía republicana, al empezar a criticar por vez primera al Presidente. Un peso devaluándose y un presidente devaluado, por mas discursos incendiarios a favor de la revolución nicaragüense.

Un país sumido en la pobreza; en el cual, ya de plano, en el mes de agosto la situación se agravaría, en un viaje que hiciera Jesús Silva Herzog Secretario de Hacienda a New York, comunicaría a sus acreedores: “Debo no niego, pago no tengo”. El Presidente no aceptaría vender a diez dólares cada barril de petróleo, no aceptaría créditos usureros, así siguiera aumentando la gasolina, el diesel, la electricidad y hasta las tortillas y los refrescos. México no pagaría sus deudas a los Bancos Chase Manhattan, of America, Montreal, Tokyo y otros más; no pagaría, ni tampoco nadie le prestaría. No daría ningún dólar, porque todos se los “habían robado”, porque una conspiración de traidores “sacadólares” habían dañado a la patria; y por esa razón, era que nadie sabía, lo que todavía el Presidente de la Republica, planeaba a espaldas del presidente electo. ¡Tendría una carta guardada bajo la manga¡, con la cual, honraría la dignidad nacional que representaba la institución presidencial.

ANUNCIO DE LA NACIONALIZACION DE LA BANCA
¡Nacionalizar la banca¡. Expropiar el dinero de los banqueros. ¡Quitarle el dinero a esos agiotistas, traidores a la patria, que lucraban con la pobreza del país¡. El presidente recordaría sus años de juventud, cuando Lázaro Cárdenas les arrebataba las compañías petroleras a los empresarios británicos y americanos; ahora López Portillo haría lo mismo, con los usureros banqueros. Haría un acto patriótico por el que sería siempre recordado, en su último  informe de gobierno, aceptó ser responsable del timón, pero no de la tormenta y haciendo alarde su poder autoritario, en aras de salvar a México de la crisis, ordenó a las fuerzas armadas y policiacas, para que ocuparan todas las instalaciones bancarias y pudieran rescatar aquellos dólares que todavía no habían salido del país; delataría también a los traidores a la patria y no duraría en ejercer todo su poder, para encarcelar a los enemigos de México, quienes habían provocado la peor crisis económica hasta antes vivida.

Todos los diputados aplaudieron, los senadores gobernadores, secretarios de estado y hasta el propio Presidente electo; quien sólo guardo silencio y toda su prudencia, para pensar lo que haría en sus próximos años como Presidente. Esa medida autoritaria y estatista, retrasaría su visión económica de implementar el régimen neoliberal. Los planes habìan sido cambiados. Lo consultaría con su almohada y también con aquel joven economista genio Carlos Salinas de Gortari.


Mientras tanto, la explanada de la Plaza de la constitución se abarrotaría y aclamaría al todavía presidente José López Portillo, para reiterarle su amistad. Pronto se olvido los escándalos de corrupción que el semanario Proceso denunciaba, el nepotismo de su gobierno, los viajes frívolos de la Primera Dama, la cantidad de dinero que había entrado al país, con motivo del descubrimiento del yacimiento petrolero de Cantarell. ¡Al diablo las mujeres del presidente y las criticas que la COPARMEX hacía al Presidente¡ Nada le importaba. El publico de acarreados lo aclamarían. El Presidente lloraba y le aplaudìan.
Miguel de la Madrid sólo contemplaría lo que estaba viviendo. Esperaría el tiempo suficiente para poder hacer, aquello que el propio sistema le podría permitir. Sería una actividad difícil. Llevaría al país a sus peores sacrificios, a implementar el régimen neoliberal, a desperdiciar una generación más de mexicanos hundidos en la miseria, a continuar con aquel aparato corrupto, impune y de privilegios; y también desde luego, a ser artífice, de la caída del sistema ….