sábado, 8 de septiembre de 2012

FIDEL VELAZQUEZ, EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1968 Y LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO







Fueron 45 segundos de aplausos, el tiempo que tardaron los diputados en aplaudirle al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Licenciado Gustavo Diaz Ordaz, cuando éste anuncio en el Congreso, en su V Informe de Gobierno, la presentación de la iniciativa de la nueva Ley Federal del Trabajo. Después dijo "Tenemos una magnifica legislación laboral, de las más avanzadas del mundo, pero la usaremos mejor, mas justa, más dinámica". Entonces los aplausos volvieron a sonar, ahora por diez segundos.


Años antes, en 1967, el Presidente de la República constituyó una Comisión Redactora de las reformas de la Ley Federal del Trabajo. en dicha comisión participaría el Secretario de Trabajo y Previsión Social Lic. Salomón González Blanco, la Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Lic. Ma. Cristina Salmorán de Tamayo, Lic. Ramiro Lozano Presidente de la Junta Central de Conciliación y Arbitraje, así como el distinguido catedrático de la UNAM Dr. Mario de la Cueva.


Se hizo la convocatoria a las organizaciones sindicales, a las Escuelas de Derecho de las Universidades de la República, a las barras y colegios de abogados, para que presentaran sus propuestas; finalmente el proyecto quedo terminado a principios de 1968. Lo revisó personalmente el Presidente e hizo las modificaciones que consideró pertinentes, para septiembre de ese mismo año, la iniciativa estaba casi lista, pero ocurría algo imprevisto, que nadie había esperado. La Ciudad de México se sacudía por le movimiento estudiantil de 1968, los estudiantes del "Polí" y de la UNAM estaban huelga y existía la amenaza latente, de que los hechos que ocurrieron en Francia en el mes de mayo, ocurrieran en México, una huelga general que apoyara al movimiento estudiantil, que terminara derrocando al supremo gobierno.




Poco se ha dicho sobre la forma en que el gobierno priísta de aquel entonces logro controlar las ansias de los lideres obreros para unirse al movimiento estudiantil. Nadie se ha dedicado a investigar, sobre uno de los personajes políticos mas importantes y misteriosos de aquel año: Fidel Velazquez, el máximo líder obrero del país. Quizás, nadie le ha dado la importancia de aquel trágico año del 68, al no darle el mérito de la estabilidad amenazada, no al ejercito, sino al movimiento obrero sindical corporativista.

En un país de 14 millones de trabajadores, (con un población del país en 49 millones de habitantes), don Fidel, era el líder vitalicio de la confederación de trabajadores mas importante de toda la República Mexicana. Pudo haber dado un acto reivindicatorio a favor de la clase obrera, como había ocurrido en Francia meses antes, cuando los obreros en huelga general, apoyaron a los estudiantes, logrando derrocar al gobierno del presidente Charles de Gaulle, obteniendo de esa gesta, un aumento de 35% de los salarios de los trabajadores.



Fidel Velazquez pudo haber apoyado a los estudiantes de aquel entonces, pero no lo hizo. Fidel negoció con el gobierno, a cambio de su abstención del movimiento estudiantil y del financiamiento que este les pudo haber dado; a cambio, no de aumentos salariales, sino de la promulgación de una nueva Ley Federal del Trabajo, mucho más "revolucionaria" que la propuesta oficial que estaba elaborando el Presidente Diaz Ordaz y que estaría por presentar próximamente al Congreso para su incondicional aprobación.

El pacto fue fácil. Fidel Velazquez se comprometió a dar todo su apoyo político al Presidente de la República Gustavo Diaz Ordaz, como lo había dado a lo largo de esos veintidós años a todos los expresidentes del país. También se comprometía, a controlar a los grupos radicales e infiltrarse a través de sus golpeadores, en las fabricas, oficinas y organizaciones obreras, para evitar la introducción de ideas exóticas o comunistas, que pregonaran los estudiantes agitadores.



A cambio de ello, Fidel Velazquez obtendría una Ley Federal del Trabajo que mas que otorgar, mayores derechos laborales a sus agremiados, los trabajadores, le darían mayores beneficios a los sindicatos que agrupaba su poderosa Confederación, la "CTM", al grado de darles una cierta autonomía frente al gobierno, inclusive, hasta acceso en los curules en cargos de elección popular, como diputados y senadores.

No solamente eso, la Ley Federal del Trabajo de 1970, fue el ordenamiento legal que legitimo el abuso, la prepotencia y la discrecionalidad de las organizaciones sindicales. Gracias a ella, los sindicatos pudieron crear liderazgos, basados en el poder de la fuerza y no en el voto de los sindicalizados; pudieron también hacer posible, el cobro de cuotas sindicales, a través de las retenciones que tenían que hacer los patrones, sin necesidad de recabar el consentimiento de sus representados, los trabajadores; y lo más importante aún, les dio una poderosa arma, que se llamó "clausula de exclusión", la facultad de ordenarle al patrón, la expulsión de uno de sus miembros, sin obligación alguna de pagarle indemnización.

El sindicalismo mexicano, sería mucho mas fuerte y mas representativo en el Partido Revolucionario Institucional, por ende, tendría mayores privilegios en el régimen simulador. Los dirigentes sindicales, gracias a su lealtad al gobierno de Gustavo Diaz Ordaz, podrían manejar en el futuro, cuantiosos recursos económicos, como si fueran personales, sin obligación alguna de informarle a cualquiera de sus agremiados, al menos que se lo pidiera la "asamblea", que ellos mismos organizarían; también convertirían el puesto de líder sindical, en una profesión digna de admirarsele o enviadarsele. Desempeñarían el cargo vitaliciamente, inclusive, hasta con opción de heredarselo a sus amigos, e inclusive, hasta sus propios hijos; o bien, acceder a mayore privilegios, como los que otorgaba el ser diputado o senador de la República. Realmente don Fidel Velazquez fue un gran líder obrero, pensó en sus amigos, los dirigentes sindicales.


El pacto priísta sindical, si bien inició con Lázaro Cárdenas, el mismo fue refrendado en 1968, a través de la iniciativa de una "nueva Ley Federal del Trabajo". Gobierno y sindicatos, se solaparían sus fechorias y corruptelas.

El 12 de diciembre el Presidente Gustavo Diaz Ordaz presentaba ante el Congreso la nueva iniciativa de la Ley Federal del Trabajo, la cual fue aprobada por unanimidad, sin discusión, sin objeción, ni oposición alguna.

La Ley Federal del Trabajo se publico el 1 de abril de 1970, pero entraría en vigor el 1º de mayo de 1970. En aquel año, como tradicionalmente se venía haciendo, el Presidente de la República y el máximo líder obrero del país, desfilarían, hombro con hombro, en aras de la clase proletaria mexicana.

Tiempo después, el Presidente reconoció el 1 de septiembre de aquel año, en su último informe de gobierno, que la necesidad de la "capitalización nacional", había generado una concentración de la riqueza, en la cual, "pocos poseen mucho y muchos carecen de casi todo", por eso, dejo que "La nueva Ley Federal del Trabajo trata de contribuir a corregir, en parte, esta situación, mas no ignoramos que se requiere persistencia".

Pero la parte más poética de su discurso, fue cuando dirigió su mensaje a los patrones:
Los empresarios conscientes de su función social entienden, cada vez mejor, que no puede haber beneficio permanente ni certidumbre para el mañana si no contribuyen a mejorar la sociedad en su conjunto. Únicamente hay progreso firme cuando el económico va acompañado del progreso social creciente, que no solo eleva el poder de compra de los asalariados, sino que el mismo tiempo le permite el acceso, de ellos y sus descendientes a la capacitación, a la educación, a la formación profesional y a niveles sociales y económicos superiores, en la fluida movilidad social, abierta y fecunda.
Me dirijo nuevamente a los patrones de México para repetir que así como con alteza de miras, con sentido de realidad, con inteligente espíritu de comprensión han aceptado la nueva Ley del Trabajo, así también, con cabal honestidad la respeten y la cumplan, y nos ayuden a hacerla respetar y hacerla cumplir.
También reitero a los trabajadores de México que mientras más poderosa es un arma, debe utilizarse con más sentido de responsabilidad, con más cuidado y con mas nobleza.
El sentido de responsabilidad demostrado por el movimiento obrero mexicano en tantos años de aplicación a nuestra legislación laboral y su inquebrantable lealtad a México, garantizan a la Nación que este nuevo instrumento de defensa puesto en sus manos, será siempre usado en con nobleza.
Hemos querido que la Ley Federal del Trabajo sea un firme, un fecundo paso de avance que beneficie a los trabajadores que acelere nuestro desarrollo industrial, que contribuya al progreso nacional, que redunde en bien de México".

¡Bla-bla-bla¡ y mas aplausos. ... ¡En fin¡, la Ley Federal del Trabajo, fue el instrumento de soborno con el que se compró la conciencia de la clase sindical obrera.